Aberrantes de la democracia
Estoy harto convencido, no tengo dudas, que hay gente que trafica con el conocimiento y que son como mercaderes que ponen en un mesón toda clase de artículos para ofertarlos al mejor postor. Así mismo hacen con el conocimiento. No es que no sepan o conozcan. Sí saben. Pero ellos no se acomodan al postulado del saber, sino que hacen que el saber se acomode a lo que ellos quieren o demandan. Suelen hablar de todo. Los que los escuchan quedan, en no pocas ocasiones, creyéndoles cuanta sarta de mentiras y de engaños saben vender. Estos traficantes del saber todo lo tergiversan, lo modifican y lo cambian. Pasan definiciones bajo la mesa, elaboran conceptos en cuna de ignorancia y entran en alianzas con los incautos y los mojigatos. No son los traficantes del saber ignorantes, sino que se valen de la ignorancia de los demás y quieren, siempre, sembrar en la mente de ellos, la mentira, el engaño, la perversión, y lo que ellos mismos se creen "sus verdades".
Lo anterior, a propósito del estado de inocencia, garantizado en plexo constitucional. Nuestro maestro Alvarado Velloso, en Argentina, solía referirlo como anejo al sagrado derecho de inocencia reconocido históricamente como "la cláusula constitucional de la inviolabilidad de la defensa en juicio". No se trata de que se nos presuma como inocentes, dijo en una ocasión, en nuestro país, el célebre procesalista español, Juan Montero Aroca, sino que "se nos tenga como efectivamente inocentes". Quien debe probar la culpa es quien acusa, nunca tal exigencia debe hacérsele al acusado cuestión que acontece desde el preciso momento cuando en lugar de inocente se le tiene por culpable.
En acorde con el estado de inocencia, reconocido como postulado clave para el funcionamiento del Estado de Derecho, opera también el llamado concepto del favor rei: Indica que toda la investigación criminal debe surtirse, adelantarse, tramitarse, teniendo al acusado como no responsable penalmente.
Por ello, en aras del fortalecimiento de la institucionalidad jurídica y democrática del Estado, no podemos darnos el gusto de pisotear, violentar, transgredir, vulnerar, o de cualquier otra manera, tergiversar los claros postulados democráticos de los principios y reglas que alimentan o nutren a la noción del debido proceso. Quienes lleguen a pensar que el debido proceso es cuestión de un acusado solamente y de la víctima que acusa, está equivocado; también entraña una potencial garantía para toda la sociedad de que ante el evento de una causación se le respetaran, entre otros, los siguientes derechos y garantías: estado de inocencia, favor rei, favor libertatis, debido proceso, defensa profesionalizada, juez natural, juez y fiscal imparcial y objetivo, dignidad humana, tutela a la dignidad familiar, etc.
Lo terrible de todo es cuando los llamados "defensores de la ciudadanía y de la justicia" tuercen el Derecho y desafían los contenidos mínimos con que operan los verdaderos elementos del Estado de Derecho y de la Libertad, como lo son los antes precisados.