Aborto, eutanasia, depravación sexual y juventud
¿Cuándo y dónde empezó esa crisis moral y de valores que ha afectado a la humanidad y que persiste como una gran nube radiactiva contaminando a nuestra juventud? Es una pregunta difícil y sin respuesta. Pero quizás se fortaleció cuando las feministas lideradas por Madeline Murray O"Hare pidieron la eliminación de los rezos en las escuelas y dijimos que estaba bien. Después alguien se quejó y logro que cesara la lectura de La Biblia en las escuelas.
Luego el doctor Benjamín Spock nos dijo que debemos abstenernos de darle nalgadas a nuestros hijos por mala conducta, porque podemos torcer sus pequeñas personalidades y menoscabar su estima personal; y dijimos que él es el experto y debe saber mejor que nosotros.
Luego los administradores de escuelas prohibieron a sus docentes disciplinar el mal comportamiento del estudiantado para evitar mala publicidad y la posibilidad de una demanda, y aceptamos ese razonamiento.
Después los grupos feministas y anti-vida dijeron que debemos permitir a nuestras hijas el control de sus cuerpos y el derecho al aborto si así lo desean, y sin siquiera el aval de sus padres, y como los muchachos serán muchachos, vamos a darles todo el condón que desean para que disfruten a sus anchas de su libertad sexual, y pensamos que fue una buena idea.
Los activistas homosexuales y lesbianas presionaron para que aceptemos el matrimonio entre personas del mismo sexo, que es una afrenta a la institución más esencial de nuestra sociedad, y dijimos que tienen sus derechos.
Luego vino la publicación de revistas con fotos de mujeres desnudas diciendo que era la apreciación de la belleza del cuerpo femenino, y dijimos que no tenemos problema con eso. Después alguien llevó esa apreciación un paso adelante publicando fotos de adolescentes y niños desnudos, y luego lo llevaron a la internet, y dijimos que tienen derecho a la libre expresión.
Después la industria de entretenimiento comenzó a hacer programas de televisión y cinematográficas que promocionan la violencia, la profanidad y el sexo ilícito. Se comenzó a grabar música que alienta la violación, las drogas, la vulgaridad, homicidio, suicidio y temas satánicos, y con nuestra acostumbrada apatía pensamos que era simplemente entretenimiento y nadie lo tomará en serio.
Y ahora nos preguntamos, ¿Por qué nuestros hijos no tienen conciencia y moralidad? ¿Por qué no reconocen el bien del mal, y por qué no les molesta matar a desconocidos, a sus compañeros de clases o a su propia persona? ¿Por qué de sus desenfrenos sexuales? Y ¿por qué han sucumbido a las drogas y a la vulgaridad?.
Es muy vergonzoso que hemos continuado tolerando la existencia de grupos y personas cuya meta primordial es la corrupción de nuestra sociedad, la perversión de adultos y la victimización de nuestros hijos.
Nuestra sociedad se ha vuelto tosca, cruda, permisiva, vulgar y violenta, y está produciendo adolescentes que si sobreviven será como psicópatas o nihilistas. Pero tenemos todos la culpa. Hemos dicho "sí" en demasía. Sí al aborto, sí a la homosexualidad, sí a la pornografía, sí a comportamientos violentos y vulgares, sí a la música vulgar, sí a la eutanasia y a la comercialización del sexo.
Tenemos que aprender a decir "no". No a gobernantes y políticos que no les interesa la suerte de nuestra juventud y nos decepcionan. No a grupos y personas que intentan destruir la familia.
La crisis de valores, nuestra permisividad crónica y la inmoralidad no nos permite ver los indicadores obvios de la peligrosidad que subyace en la promoción del aborto, la falta de respeto a las personas mayores, a los enfermos e incapacitados y nuestra obsesión por la juventud que nos hace a todos vulnerables a la amenaza de la eutanasia que puede convertir a nuestros hospitales y clínicas en campos de muerte.
Los líderes religiosos nos dice que "la sociedad, los políticos y las leyes deben conformarse a las leyes de Dios que toma precedencia sobre las leyes del hombre". Hitler y sus lugartenientes no violaron ninguna ley humana durante su reinado. Todos sus actos fueron "legalizados" por la Corte Suprema alemana, de igual forma que la Corte Suprema de EU sancionó en 1857 la esclavitud y ahora en 1973 al aborto; todos en violación de los mandamientos de Dios y sus leyes naturales y divinas.
Pero los decretos y las leyes humanas no pueden legitimar acciones malignas, y como dijo el Papa Juan Pablo II, "el aborto y la eutanasia son crímenes que ninguna ley humana puede pretender legitimar".
Luego el doctor Benjamín Spock nos dijo que debemos abstenernos de darle nalgadas a nuestros hijos por mala conducta, porque podemos torcer sus pequeñas personalidades y menoscabar su estima personal; y dijimos que él es el experto y debe saber mejor que nosotros.
Luego los administradores de escuelas prohibieron a sus docentes disciplinar el mal comportamiento del estudiantado para evitar mala publicidad y la posibilidad de una demanda, y aceptamos ese razonamiento.
Después los grupos feministas y anti-vida dijeron que debemos permitir a nuestras hijas el control de sus cuerpos y el derecho al aborto si así lo desean, y sin siquiera el aval de sus padres, y como los muchachos serán muchachos, vamos a darles todo el condón que desean para que disfruten a sus anchas de su libertad sexual, y pensamos que fue una buena idea.
Los activistas homosexuales y lesbianas presionaron para que aceptemos el matrimonio entre personas del mismo sexo, que es una afrenta a la institución más esencial de nuestra sociedad, y dijimos que tienen sus derechos.
Luego vino la publicación de revistas con fotos de mujeres desnudas diciendo que era la apreciación de la belleza del cuerpo femenino, y dijimos que no tenemos problema con eso. Después alguien llevó esa apreciación un paso adelante publicando fotos de adolescentes y niños desnudos, y luego lo llevaron a la internet, y dijimos que tienen derecho a la libre expresión.
Después la industria de entretenimiento comenzó a hacer programas de televisión y cinematográficas que promocionan la violencia, la profanidad y el sexo ilícito. Se comenzó a grabar música que alienta la violación, las drogas, la vulgaridad, homicidio, suicidio y temas satánicos, y con nuestra acostumbrada apatía pensamos que era simplemente entretenimiento y nadie lo tomará en serio.
Y ahora nos preguntamos, ¿Por qué nuestros hijos no tienen conciencia y moralidad? ¿Por qué no reconocen el bien del mal, y por qué no les molesta matar a desconocidos, a sus compañeros de clases o a su propia persona? ¿Por qué de sus desenfrenos sexuales? Y ¿por qué han sucumbido a las drogas y a la vulgaridad?.
Es muy vergonzoso que hemos continuado tolerando la existencia de grupos y personas cuya meta primordial es la corrupción de nuestra sociedad, la perversión de adultos y la victimización de nuestros hijos.
Nuestra sociedad se ha vuelto tosca, cruda, permisiva, vulgar y violenta, y está produciendo adolescentes que si sobreviven será como psicópatas o nihilistas. Pero tenemos todos la culpa. Hemos dicho "sí" en demasía. Sí al aborto, sí a la homosexualidad, sí a la pornografía, sí a comportamientos violentos y vulgares, sí a la música vulgar, sí a la eutanasia y a la comercialización del sexo.
Tenemos que aprender a decir "no". No a gobernantes y políticos que no les interesa la suerte de nuestra juventud y nos decepcionan. No a grupos y personas que intentan destruir la familia.
La crisis de valores, nuestra permisividad crónica y la inmoralidad no nos permite ver los indicadores obvios de la peligrosidad que subyace en la promoción del aborto, la falta de respeto a las personas mayores, a los enfermos e incapacitados y nuestra obsesión por la juventud que nos hace a todos vulnerables a la amenaza de la eutanasia que puede convertir a nuestros hospitales y clínicas en campos de muerte.
Los líderes religiosos nos dice que "la sociedad, los políticos y las leyes deben conformarse a las leyes de Dios que toma precedencia sobre las leyes del hombre". Hitler y sus lugartenientes no violaron ninguna ley humana durante su reinado. Todos sus actos fueron "legalizados" por la Corte Suprema alemana, de igual forma que la Corte Suprema de EU sancionó en 1857 la esclavitud y ahora en 1973 al aborto; todos en violación de los mandamientos de Dios y sus leyes naturales y divinas.
Pero los decretos y las leyes humanas no pueden legitimar acciones malignas, y como dijo el Papa Juan Pablo II, "el aborto y la eutanasia son crímenes que ninguna ley humana puede pretender legitimar".