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Abra los ojos amigo


Abra sus ojos al hoy, a esta realidad maravillosa que es el hoy de cada día, y en el que Dios quiere que usted se realice plenamente.
Un hombre puede experimentar muchos placeres, pero sólo será feliz si ha alcanzado paz mental, una seguridad interior y un estar contento consigo mismo. W. Chanin dijo a mediados del siglo pasado: "Ser feliz es vivir satisfecho con medios pequeños, es buscar elegancia en vez de lujo, es buscar finura en lugar de moda, es ser digno aunque muchos no lo entiendan ni comprendan, es llegar a tener bienestar económico aunque no riquezas, es estudiar con empeño, pensar con calma, hablar con suavidad, actuar con franqueza, es poder ver y escuchar con el corazón abierto las estrellas y los pájaros, a los niños y a los sabios, es soportar todo jovialmente, hacer todo con valor; esperar ocasiones; no apresurarse nunca, en una palabra es dejar crecer lo espiritual y espontáneo a través de la vida común".
Abra los ojos y no esté esperando que la felicidad le llegue como una lluvia y lo empape, porque recibirá después el calor del sol y lo dejara seco. No piense que la felicidad vendrá algún día; goce su momento presente, extraiga lo bueno del hoy. El hombre feliz es el que abre los ojos, contempla su realidad presente y desde ella extrae todo aquello que considera bueno y lo hace parte de su propio ser. Si usted abriera los ojos y viera todo lo positivo en la gente que lo rodea, en las cosas que hace, en la familia con quien convive; si abre los ojos y contempla la presencia de Dios en su propia alma notará sus propias cualidades y virtudes y será una persona feliz.
No se puede huir de la realidad. No sea como el avestruz, enfrente su realidad dondequiera que esté y con quien quiera que esté. Deje ya de escapar a su presente, deje de estar alienándose, poniendo su mente en un futuro que puede o no venir y acepte su realidad sacándole total provecho. Eso no significa que usted no pueda planear su futuro, pero mucha gente esperando un futuro mejor cancela y cierra la puerta que le permite ver lo bueno del presente.
Muchas personas se dicen constantemente: "Si tan sólo hubiéramos nacido en tiempos mejores, si tan sólo viviéramos con gente mejor, si tan sólo viviéramos en una casa mejor, si tan sólo tuviéramos un ejemplo mejor" ¡Si tan sólo dejáramos de soñar exageradamente con cosas futuras o añorar tiempos mejores y nos dedicáramos a vivir más plenamente el presente!
Aquellos que andan soñando con un mejor esposo o hijos, que quieren cambiarse la piel, que andan protestándole al Señor porque se sienten feos; aquellos que dicen: tengo una buena esposa pero..., tengo tres hijos pero..., seré feliz cuando..." y siempre le ponen un pero a todo, ¡nunca serán felices!
Nos quejamos de tantas cosas, nos cubre el entendimiento esa neblina que nos aleja de la realidad y no nos permite decidirnos a aceptarnos y emprender la honorable tarea de ser felices cada día.
"Dios ha sido tremendamente bueno conmigo, nunca he tenido ninguna razón para quejarme" fueron las últimas palabras de un hombre que murió tras sufrir una larga enfermedad. Estas palabras deben ser un ejemplo, una lección para ser más fuertes, para quejarnos menos, para luchar por hacer de este mundo un lugar mejor y para luchar por trasformarnos en personas positivas y buenas. Todos podemos cambiar, es necesario tener un corazón más lleno de amor y lleno de Dios. Es necesario admitir que esta vida es más hermosa y más linda de lo que muchas veces parece, todo depende del cristal con que se mire. Abramos los ojos, extraigamos de nuestra realidad presente todo lo que consideramos bueno y hagámoslo parte de nuestro propio ser.
Pidámosle a Dios que nos ayude a ver la vida positivamente, que seamos más realistas; que nos quejemos menos, que sonriamos más, que vivamos con más ánimo, alegría, entusiasmo y amor. Tú puedes ayudarnos Señor, ¡porque contigo somos... invencibles!

101 años de Panamá América

 
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