Abuso a la democracia
En un país en democracia se respeta la voluntad del pueblo y todos los ciudadanos tienen el derecho de emitir su opinión respetuosa y constructiva para señalar y cuestionar a los funcionarios que no están cumpliendo, a cabalidad, con las responsabilidades que les impone el cargo que ocupan, desde el de más alta jerarquía, hasta el más humilde de los servidores.
Aquí en Panamá, luego del derrumbe de la dictadura militar de 21 años que acabó con todo vestigio de libertad, paz y democracia, estamos respirando un ambiente de ese juego libre de ideas, tan necesario para que encontremos el camino hacia el rescate de los valores humanos e institucionales perdidos por el fuerte impacto del régimen dictatorial.
Con frecuencia observamos cómo los medios de comunicación fustigan a los personeros del Estado en la búsqueda de los verdaderos cambios de estructuras que exige el momento político, económico y social; el pueblo clama por la solución de sus problemas más urgentes, pero consideramos que se está abusando de esa democracia cuando la sociedad panameña, a lo largo y a lo ancho de la patria, está seriamente afectada por al corrupción, por la violencia, por la droga, por los asaltos y el crimen y es de urgencia que busquemos en el diálogo inteligente y comprensivo de todos los sectores de la nación, las causas de estos males sociales que tanto daño están haciendo al sistema democrático que vive la república.
Pensamos que se está abusando de la democracia cuando no se estan dando las verdaderas respuestas a las justas aspiraciones del país, sobre todo a los miles de panameños que enfrentan una extrema pobreza; cuando los legisladores que se deben al pueblo que los eligió, no se disponen a trabajar con responsabilidad y patriotismo y pierden el tiempo en intrascendentes discusiones partidistas y de ambiciones personales, mientras un país empobrecido espera, con vehemencia, leyes que beneficien al sector salud, educación, economía, vivienda y desempleo; cuando se cierran calles y carreteras del país que ocasionan tanto daño al desenvolvimiento económico y pone un sello de inseguridad pública, tan peligroso para al tranquilidad, orden y trabajo que necesita la nación; cuando todas las fuerzas vivas del país no están representadas en el gobierno para lograr la reconstrucción de una patria que no necesita ni de golpes de Estado, ni de violencia, sino del abajo constructivo que se traduzca en mayor productividad y seguridad económica y social para todos los panameños. Vale la pena reflexionar y hacer un alto en el camino de las rectificaciones para lograr que la democracia que hoy vive Panamá y que tantos sacrificios costó a los buenos panameños, vaya perfeccionándose cada día más en base al trabajo eficiente y responsable de las instituciones y así evitar que la nación se aboque a la anarquía y al caos.
Aquí en Panamá, luego del derrumbe de la dictadura militar de 21 años que acabó con todo vestigio de libertad, paz y democracia, estamos respirando un ambiente de ese juego libre de ideas, tan necesario para que encontremos el camino hacia el rescate de los valores humanos e institucionales perdidos por el fuerte impacto del régimen dictatorial.
Con frecuencia observamos cómo los medios de comunicación fustigan a los personeros del Estado en la búsqueda de los verdaderos cambios de estructuras que exige el momento político, económico y social; el pueblo clama por la solución de sus problemas más urgentes, pero consideramos que se está abusando de esa democracia cuando la sociedad panameña, a lo largo y a lo ancho de la patria, está seriamente afectada por al corrupción, por la violencia, por la droga, por los asaltos y el crimen y es de urgencia que busquemos en el diálogo inteligente y comprensivo de todos los sectores de la nación, las causas de estos males sociales que tanto daño están haciendo al sistema democrático que vive la república.
Pensamos que se está abusando de la democracia cuando no se estan dando las verdaderas respuestas a las justas aspiraciones del país, sobre todo a los miles de panameños que enfrentan una extrema pobreza; cuando los legisladores que se deben al pueblo que los eligió, no se disponen a trabajar con responsabilidad y patriotismo y pierden el tiempo en intrascendentes discusiones partidistas y de ambiciones personales, mientras un país empobrecido espera, con vehemencia, leyes que beneficien al sector salud, educación, economía, vivienda y desempleo; cuando se cierran calles y carreteras del país que ocasionan tanto daño al desenvolvimiento económico y pone un sello de inseguridad pública, tan peligroso para al tranquilidad, orden y trabajo que necesita la nación; cuando todas las fuerzas vivas del país no están representadas en el gobierno para lograr la reconstrucción de una patria que no necesita ni de golpes de Estado, ni de violencia, sino del abajo constructivo que se traduzca en mayor productividad y seguridad económica y social para todos los panameños. Vale la pena reflexionar y hacer un alto en el camino de las rectificaciones para lograr que la democracia que hoy vive Panamá y que tantos sacrificios costó a los buenos panameños, vaya perfeccionándose cada día más en base al trabajo eficiente y responsable de las instituciones y así evitar que la nación se aboque a la anarquía y al caos.