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Acción evangelizadora de dos sacerdotes


Las acusaciones de abusos sexuales cometidas por unos cuantos religiosos, hecho por cierto muy criticable y que la Iglesia Católica en su más alta jerarquía ha condenado, han venido ocupando los titulares de los medios de comunicación, tal vez con exageración y cierto morbo. Ha quedado en claro que la Iglesia y sus miembros no escapan al escrutinio de la opinión pública y en especial de los feligreses católicos.
Hoy día la conducta de los religiosos norteamericanos es objeto de investigación, análisis y discusiones muy amplias que han llevado al Santo Padre a convocar una reunión urgente de todos los cardenales estadounidenses para establecer nuevas reglas de conducta frente al "crimen", como el Papa Juan Pablo II ha calificado los escándalos de abuso sexual de unos pocos sacerdotes contra menores. Ha quedado atrás el mito de que hablar de la conducta de la Iglesia y sus ministros les estaba vedado a los laicos.
Aunque es imposible penetrar el alma y las intenciones de las personas, incluyendo a los sacerdotes, sí se puede analizar y llegar a calificar a los miembros de la Iglesia Católica por la percepción de sus actos y de su labor. En la iglesia católica panameña tenemos el caso de dos sacerdotes que actúan en forma diametralmente opuesta y que ambos por sus acciones reciben, y al parecer les agrada mucho, la prominencia que le dan los medios de comunicación. Son dos curas con visiones opuestas de cuál es su papel en la sociedad como representantes de la Iglesia Católica. Monseñor Rómulo Emiliani y el sacerdote Conrado Sanjur, realizan sus labores religiosas en formas muy distintas.
Emiliani encamina todos sus esfuerzos a resaltar el espíritu sin dejar de lado sus luchas por mejorar las condiciones del panameño marginado. Busca en la conciliación, comprensión en Cristo y la oración la superación espiritual del hombre. Sanjur, por su parte, encamina sus acciones, dice, a lograr "una justicia social" para todos los panameños.
222Si bien es cierto que "el hábito no hace al monje"; hay que recordar que Jesús dijo..."por sus actos los conoceréis".
Uno da la imagen de un religioso con gran carisma, apelando siempre el espíritu y al humanismo, ese es Emiliani, y el otro, Sanjur, también con personalidad fuerte muy propia, persigue sus objetivos a base de una permanente confrontación como el voceo de los inconformes y líder de los grupos más radicales del país. El utiliza el negativismo como arma de protesta. Muchas veces se le ve aliado con anarquistas a quienes jamás repudia, sino con quienes más bien se identifica. Sin embargo, jamás ha renegado de su sacerdocio, ni la jerarquía eclesiástica, públicamente, ha cuestionado su proceder.
Para los católicos tradicionales él representa todo lo contrario del otro sacerdote a que me refiero. El primero, Emiliani, con verbo encendido cautiva con su oratoria a su audiencia; mientras que Sanjur, con voz apagada que se escucha con dificultad, transmite sus pensamientos más en las acciones que él toma que en su dialéctica. Hasta en el vestir son diferentes.
Emiliani usa con gran frecuencia la sotana y lleva colgado en su pecho un crucifijo. A Sanjur nunca se le ve con el hábito religioso y si tiene alguna identificación (cruz, medalla, escapulario, etc.) que lo identifique con la Iglesia de la cual forma parte, los mantiene muy escondido. Si bien es cierto que "el hábito no hace al monje"; hay que recordar que Jesús dijo... "por sus actos los conoceréis".
Las comparaciones por lo regular son odiosas, pero en este caso se trata del enfoque que en su papel de representante de Cristo tienen estos dos religiosos sobre las enseñanzas del Evangelio y su forma de actuar como seguidores de El. Es difícil decir que uno es bueno y el otro es malo, pues son estados de conciencia individual sobre lo que debe ser y lo que no debe ser.
No somos nosotros a quienes nos toca juzgar las verdaderas intenciones de nadie y mucho menos de un religioso, ni tememos el derecho de usurpar lo que es potestad del Supremo Creador, pero ya dejó de ser un "tabú" el poder discutir públicamente las acciones y los temas que en una forma u otra afectan a nuestra Iglesia Católica y tienen repercusiones en nuestra sociedad.

101 años de Panamá América

 
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