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Acciones contra buses ruidosos


Todos los días, las autoridades municipales y de tránsito realizan diversos operativos para descubrir en las calles a los buses que infringen el decreto que regula el ruido en la ciudad. La idea no es nueva; varios alcaldes anteriores intentaron también controlar el asunto. Sin embargo, el problema ha ido en aumento y se ha vuelto insostenible para la sufrida población.
Mientras tanto, los operativos se han convertido, como el cuento infantil del gato y el ratón, en un eterno juega vivo entre sus protagonistas: golpes, sorpresas, burla y más burla. Un noticiero local reportó hace unos días uno de estos operativos, en el que el resultado fue cientos de troneras y bocinas decomisadas a los conductores. A los siguientes días, los autobuses y los mismos conductores siguieron "operando" en la ciudad.
Llama la atención que las autoridades se ocupen de detenerlos en plena vía pública para verificar -afectando a terceros- los documentos del conductor y las condiciones interiores de los autobuses. Por lo general, decomisan decenas de troneras y altavoces. Pero el remedio se convierte en una constante burla a la ciudadanía, pues los conductores vuelven a salir a la calle nuevamente con los ensordecedores aparatos.
Quizás el remedio sería el endurecimiento de la sanción y aplicarlo justo en las piqueras, o sea, antes de que el autobús se ponga en circulación. De esta manera, los operativos contra los ruidos se harían más eficientes, menos costosos y más enérgicos. No dejarlos salir podría ser una solución que valdría la pena evaluar. Es más, todo el sistema tiene que cambiar. Mientras nada cambie, la burla seguirá.

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