Acciones contra el ruido
Llevamos casi cuatro años de estar combatiendo el ruido abusivo que contamina nuestro ambiente y afecta el sistema auditivo de la población. Hasta ahora no hemos obtenido resultados satisfactorios.
Desventuradamente, hay tres organismos a los cuales les compete el problema: el Ministerio de Salud (MINSA), la Autoridad Nacional de Ambiente (ANAM) y la Alcaldía de Panamá.
Aparentemente, conforme a la ANAM, tanto esa organización como el MINSA, tiene facultad para imponer penas. No obstante, eso implica una confusión porque cada una puede abstenerse de actuar frente a un caso dado, en espera de que lo hagan las otras instituciones. Estimamos que el MINSA, la ANAM y la Alcaldía deben ponerse de acuerdo para efectuar sus acciones eficazmente.
Somos miles de ciudadanos los que a diario sufrimos disgustos ante el peligro de quedar sordos por la brutal agresión que a toda hora se hace a nuestros oídos por parte de una camada de irresponsables y desconsiderados. Es hora de que se defienda el sistema auditivo de nuestra población; y que se impida el funcionamiento de amplificadores de sonidos en las calles y, especialmente, en los almacenes; allí los empleados tienen que sufrir durante ocho horas diarias el ruido salvaje que causan sus patronos con estos aparatos en su supuesto deseo de atraer clientes.
Es ya, pues, hora de que los tres organismos aquí mencionados, coordinen un plan de acción que, además de educativo, envuelva imponer multas, sin las cuales el problema inevitablemente perdurará.
Desventuradamente, hay tres organismos a los cuales les compete el problema: el Ministerio de Salud (MINSA), la Autoridad Nacional de Ambiente (ANAM) y la Alcaldía de Panamá.
Aparentemente, conforme a la ANAM, tanto esa organización como el MINSA, tiene facultad para imponer penas. No obstante, eso implica una confusión porque cada una puede abstenerse de actuar frente a un caso dado, en espera de que lo hagan las otras instituciones. Estimamos que el MINSA, la ANAM y la Alcaldía deben ponerse de acuerdo para efectuar sus acciones eficazmente.
Somos miles de ciudadanos los que a diario sufrimos disgustos ante el peligro de quedar sordos por la brutal agresión que a toda hora se hace a nuestros oídos por parte de una camada de irresponsables y desconsiderados. Es hora de que se defienda el sistema auditivo de nuestra población; y que se impida el funcionamiento de amplificadores de sonidos en las calles y, especialmente, en los almacenes; allí los empleados tienen que sufrir durante ocho horas diarias el ruido salvaje que causan sus patronos con estos aparatos en su supuesto deseo de atraer clientes.
Es ya, pues, hora de que los tres organismos aquí mencionados, coordinen un plan de acción que, además de educativo, envuelva imponer multas, sin las cuales el problema inevitablemente perdurará.