Acciones del voluntariado
Si yo fuera alcalde de una ciudad, ni una sola persona dormiría en la calle, los recogería y vería qué le pasaba a cada uno para tratar de remediar su necesidad y tratar su reinserción en la medida de lo posible. En Suiza no duerme nadie en la calle. Algunas personas salen de noche a dar café por admirable compasión y algunos van más allá y lo hacen con compromiso para denunciar esa situación inadmisible en una sociedad bien organizada, pero no podemos perpetuarlo porque corremos el riesgo de crear asistencialismo. Y el asistencialismo engendra dependencia.
Es cínico cerrar los centros psiquiátricos y lanzar a las calles a enfermos mentales que deberían de estar acogidos en adecuadas residencias de salud. Los voluntarios deberían atender a esos pobres excluidos mientras avisan a la administración para que se haga cargo de ellos. Lo mismo sucede en las prisiones, o con los inmigrantes, con ancianos que viven solos, con enfermos terminales, con drogodependientes o con cualquier marginado en donde se detecte una injusticia social, al tiempo que se busque el medio de remediarla. No podemos contentarnos con acompañar al marginado en su soledad y desgracia, esa conducta podría ocultar algún desequilibrio que confundiera sujeto con objeto, o alguna oculta transferencia.
El voluntario es una persona que trabaja y cede parte de su tiempo para ayudar en esa labor social. No es admisible que haya personas que han hecho del voluntariado una forma de vida, cuando no una necesidad cuestionable. El voluntariado siempre será necesario porque aporta un plus de humanidad, sin olvidar que lo que se debe en justicia no hay que darlo en caridad. Nos movemos acuciados por la pasión por la justicia y, en nuestra tarea, siempre subsidiaria, aportamos la delicadeza en el modo y la firmeza en los fines.
ccs@solidarios.org.es