Acerca de estrellas y árboles
Hoy por hoy, los mayas lacandones afirman que las estrellas son las raíces de los árboles que Hachacyum -creador de soles, mundos y humanos- produjo para recubrir su selva celeste. Cada vez que en el monte se tumba un árbol, muere una estrella y desparece del cielo.
¿Cuántas estrellas se habrán borrado del firmamento producto de los graves atentados contra la naturaleza y el ambiente que padecemos? ¿Cuántos proyectos amenazan la sostenibilidad del desarrollo socioecononómico? Minería a cielo abierto, hidroeléctricas, inversiones urbanas, ganadería extensiva, deforestación, degradación de calidad de vida, y otras más están presentes muchas veces en forma avasalladora y aniquiladora de la vida.
Los proyectos económicos, sean urbanos, rurales, comerciales, turísticos, industriales, que no posean el ingrediente ambiental son contrarios al progreso, pues cuando el ambiente es ignorado o agredido, nos responde como un cañón cargado que se vuelve y dispara contra nosotros mismos, contra nuestra salud, existencia y futuro.
La defensa y promoción del ambiente no es una moda inofensiva y pasajera. Por el contrario, el tema del ambiente está ligado a toda acción humana responsable, y es un componente fundamental de cualquier proceso de desarrollo que se precie como tal. Por ello, está surgiendo en el país una conciencia ambiental local y nacional dispuesta a parar toda esta depredación contra el derecho humano al ambiente.
Cuenta una leyenda andina la vez que el mismísimo Diablo se le ocurrió vender males de su arsenal por toda la tierra. Allí estaba, por ejemplo, el paquete verde de la envidia al lado del envoltorio negro de la corrupción. Llamaba la atención el rojo carmelita de la soberbia y el marrón del odio concentrado. La variedad se extendía a paquetes multicolores de enfermedad, intolerancia, la miseria, la violencia ciega, la maledicencia, la mentira, el rencor, el engaño y la traición, entre muchas otras. Pero entre toda la mercancía, la más pequeña y cara era el envase que contenía al desaliento. Nadie cayó en cuenta que era el peor de los males, y con ella se quedo el Diablo para hacer el mayor mal a toda la tierra, pues él sabía que sin el desaliento ningún mal podía pescar a una persona. Cuando donde el desaliento parece penetrar muchos rincones y personas, traducido en apatía y conformidad, gente que acepta las injusticias y desigualdades sin chistar. Expresando aceptación pasiva de los males de la democracia sin plantearse participar o crear los mecanismos para construir un sistema político más pleno y un desarrollo con mayor equidad; derrotismo ante el porvenir y desinterés en atreverse a pensar y proponer anticipando pues nada sirve ya "esto no lo arregla nadie".
No permitamos, pues, que en este 2008 el desaliento nos machaque el corazón y la conciencia, ni que desaparezcan las estrellas.
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