Acerca del 20 de diciembre
Para empezar, el tirano había hecho fracasar todas las ofertas de un retiro honroso y pacífico del poder que le hicieran la oposición civilista y el gobierno de Estados Unidos, cada uno por separado y algunas veces coordinadamente entre sí. En varias ocasiones se le ofreció el exilio dorado y lo rechazó. En una de las últimas, hasta le plantearon quedarse a vivir en su finca situada en Potrerillos, Chiriquí, cosa que también se negó aceptar.
Sus propios compañeros de armas estaban convencidos que los estaba arrastrando hacia el precipicio. Por eso, los más calmados y valientes, intentaron darle al menos dos golpes de estado. El último, acaecido el 3 de octubre de 1989, a cargo de Moisés Giroldi, estuvo tan cerca de tener éxito, que hasta logró detener al dictador. Pero el ejército estadounidense, que tenía otros planes, se negó a llevárselo, cosa que habría seguramente conducido a un gradual retorno democrático, aunque preservando la integridad de las Fuerzas de Defensa en su esencia. Lo último no era de interés de Estados Unidos, y por eso lo dejaron fracasar, y a sus gestores asesinar por los esbirros del dictador.
El fusilamiento sumario de Giroldi y los suyos, simbolizó el fracaso del último intento de una salida panameña a la crisis iniciada por la rebelión civilista de 9 de junio de 1987. A la vez, cerró las puertas a toda solución pacífica. Por eso, la invasión que hundió a sangre y fuego a la dictadura, acontece apenas seis meses después. Noriega la había provocado.
Después del golpe del 3 de octubre, Noriega se radicalizó. Así por ejemplo, en su célebre discurso de "las tres p", pronunciado en Santiago de Veraguas ("palo pa"l indeciso, plomo pa"l enemigo y plata pa" los amigos"), el dictador declara al país "en estado de guerra", lo que algunos interpretaron como una declaración de guerra contra Estados Unidos.
No fue menos dramática la reunión del Consejo General de Estado ampliado, a pocos días de la invasión, la cual fue filmada y divulgada en 1994 durante el gobierno del presidente Endara. En ella se observa al presidente provisional, Manuel Solís Palma, decir: "Cuando el general ordena, el presidente obedece". De ese modo quedó claro que el poder dictatorial descansaba en las Fuerzas de Defensa; y con ello marcó en su destrucción la única salida para terminar con la dictadura de raíz. Y eso fue precisamente lo que ocurrió el 20 de diciembre. Fueron Noriega y sus colaboradores civiles y militares, los responsables.
Sus propios compañeros de armas estaban convencidos que los estaba arrastrando hacia el precipicio. Por eso, los más calmados y valientes, intentaron darle al menos dos golpes de estado. El último, acaecido el 3 de octubre de 1989, a cargo de Moisés Giroldi, estuvo tan cerca de tener éxito, que hasta logró detener al dictador. Pero el ejército estadounidense, que tenía otros planes, se negó a llevárselo, cosa que habría seguramente conducido a un gradual retorno democrático, aunque preservando la integridad de las Fuerzas de Defensa en su esencia. Lo último no era de interés de Estados Unidos, y por eso lo dejaron fracasar, y a sus gestores asesinar por los esbirros del dictador.
El fusilamiento sumario de Giroldi y los suyos, simbolizó el fracaso del último intento de una salida panameña a la crisis iniciada por la rebelión civilista de 9 de junio de 1987. A la vez, cerró las puertas a toda solución pacífica. Por eso, la invasión que hundió a sangre y fuego a la dictadura, acontece apenas seis meses después. Noriega la había provocado.
Después del golpe del 3 de octubre, Noriega se radicalizó. Así por ejemplo, en su célebre discurso de "las tres p", pronunciado en Santiago de Veraguas ("palo pa"l indeciso, plomo pa"l enemigo y plata pa" los amigos"), el dictador declara al país "en estado de guerra", lo que algunos interpretaron como una declaración de guerra contra Estados Unidos.
No fue menos dramática la reunión del Consejo General de Estado ampliado, a pocos días de la invasión, la cual fue filmada y divulgada en 1994 durante el gobierno del presidente Endara. En ella se observa al presidente provisional, Manuel Solís Palma, decir: "Cuando el general ordena, el presidente obedece". De ese modo quedó claro que el poder dictatorial descansaba en las Fuerzas de Defensa; y con ello marcó en su destrucción la única salida para terminar con la dictadura de raíz. Y eso fue precisamente lo que ocurrió el 20 de diciembre. Fueron Noriega y sus colaboradores civiles y militares, los responsables.