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Acercamiento


Son muchas las expectativas de nuestros pueblos indoamericanos con la elección del señor Obama como Presidente de los Estados Unidos. Hasta hora no pasa de eso. No obstante, un sistema de gobierno cuya existencia se basa en la supremacía, la dominación y las imposiciones a otros gobiernos y pueblos, difícilmente cambiará, peor aún con el caos que dejó Bush.

Son muchos y muy influyentes los factores que se deben superar. Aún continuamos siendo el “patio trasero” o “periferia” del hermano mayor. Las injusticias de que hemos venido siendo víctimas en su política exterior continúan siendo iguales. Aún no vemos cambios en sus actos de fuerza y de sus aliados cercanos, ni se han mencionado reformas en las prácticas de intervenciones militares que han permitido, como en otras épocas, apropiarse de territorios y riquezas. Así fue contra México, Argentina y las Malvinas, y Oriente Medio, donde sigue la apropiación, los asentamientos y ocupación de territorios de otros países.

Entonces, ¿quién debe acercarse a quien? No hemos sido los pueblos y países indoamericanos los que hemos invadido, saboteado, desestabilizado o impuesto modelos económicos a Estados Unidos, ni somos responsables por la crisis financiera o el calentamiento global. ¿Quién o quiénes tienen la obligación y el deber moral de cambiar e indemnizar? Aún se hacen esfuerzos, con o sin interlocutores, para que haya justicia, para que se nos trate con respeto, como corresponde como socios en la comunidad internacional.

Nunca he creído en los llamados “milagros” económicos, como se nos engaña desde hace décadas. Así se le llamó a Argentina, a Brasil y a Chile, países que, a un elevado costo social y de endeudamiento lograron un crecimiento efímero.

Creo en lo integral, en las responsabilidades por la actual crisis, en lo sostenible y no en el crecimiento económico para pequeños grupos, como pasa ahora en Panamá. Por eso mis planteamientos en el folleto “Crónica financiera de una crisis previsible”, que saldrá a la luz la próxima semana.

Espero ver cambios fundamentales en las relaciones entre países ricos y países empobrecidos, pues los unos han venidos manteniéndose en la “dolce vita” a costa del hambre y la vida de millones de gentes víctimas hoy, además, de una crisis que no provocaron.

101 años de Panamá América

 
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