Aclaración
Por error involuntario acreditamos al Sr. Donatilo Ballesteros Zarzavilla en su artículo "Justicia secuestrada", publicado en esta sección el 6 de septiembre pasado, como abogado.
En realidad cursa estudios de Derecho y ejerció funciones como secretario de la Fiscalía Auxiliar y personero municipal.
"No puede haber ninguna duda de que [Kennedy] consideraba inpermisible una toma de poder de los comunistas en la colonia británica," escribe Dallek. "Igual que Castro, Cheddi Jagan se proclamaba un socialdemócrata anticomunista, pero la experiencia con Castro dejó que Washington quedara sumida en sospecha. Acatando la posición de Inglaterra de "cautela y espera", Kennedy se opuso a cualquier intervención abierta".
Este corresponsal entrevistó a Jagan en el Hotel Dupont Plaza después de su breve reunión con Kennedy en la que, claramente deprimido pero con un tono filosófico, me repitió a mí y a mi colega Tad Szulc del New York Times que su suplica para una ayuda económica fue tajantemente rechazado, rechazo que fortalecería a su oposición interna, lo que efectivamente ocurrió. Jagan fue desplazado por un agitador que se dijo conservador, pero que terminó aliado de los comunistas hasta que pocos años después fue votada al poder la viuda de Jagan, oriunda de Chicago y autodeclarada comunista. Así es como otra vez se dio el ejemplo de cómo Washington, para controlar una situación inmediata recurre a dudosos personajes que se proyectan como aliados para luego convertirse en monstruos no sólo para la política interna de sus países, sino para entorpecer el desarrollo de la paz y la democracia en el continente.
En realidad cursa estudios de Derecho y ejerció funciones como secretario de la Fiscalía Auxiliar y personero municipal.
"No puede haber ninguna duda de que [Kennedy] consideraba inpermisible una toma de poder de los comunistas en la colonia británica," escribe Dallek. "Igual que Castro, Cheddi Jagan se proclamaba un socialdemócrata anticomunista, pero la experiencia con Castro dejó que Washington quedara sumida en sospecha. Acatando la posición de Inglaterra de "cautela y espera", Kennedy se opuso a cualquier intervención abierta".
Este corresponsal entrevistó a Jagan en el Hotel Dupont Plaza después de su breve reunión con Kennedy en la que, claramente deprimido pero con un tono filosófico, me repitió a mí y a mi colega Tad Szulc del New York Times que su suplica para una ayuda económica fue tajantemente rechazado, rechazo que fortalecería a su oposición interna, lo que efectivamente ocurrió. Jagan fue desplazado por un agitador que se dijo conservador, pero que terminó aliado de los comunistas hasta que pocos años después fue votada al poder la viuda de Jagan, oriunda de Chicago y autodeclarada comunista. Así es como otra vez se dio el ejemplo de cómo Washington, para controlar una situación inmediata recurre a dudosos personajes que se proyectan como aliados para luego convertirse en monstruos no sólo para la política interna de sus países, sino para entorpecer el desarrollo de la paz y la democracia en el continente.