Acostumbrarse a la violencia
Por razón motivo laboral, lidio con unos 200 obreros de la construcción, de los estratos humildes de Colón, y me sorprende cómo hablan, entre ellos, con naturalidad, sobre la muerte violenta de parientes, amigos, vecinos, etc. Quienes no vivimos esa realidad, nos sorprende cómo se han acostumbrado a convivir con la muerte. También a la indefensión al ir para el trabajo a las 4:00 a.m. para tomar el transporte; a la inseguridad en los buses, y al regresar a casa en la noche, después del trabajo.
Me impresionó escuchar un caso de un joven pandillero fugitivo, rival de la calle adjunta, que su madre le aconseja que tiene que "frentiá" a los que lo buscan, y si lo matan... "bueno, pué". Es sorprendente este diálogo madre-hijo, que denota un peligrosa resignación a ser víctima en esta sociedad de pobres, donde impera la ley del más violento, el que amenaza, el que obtiene las cosas a la fuerza; y donde la gente humilde y decente no tiene oportunidad de hacer una familiar normal. Es ahí donde las autoridades tienen que entrar a cumplir con su deber de garantizar la seguridad ciudadana y hacer a diferencia entre los maleantes pobres y los pobres decentes con decisión.
En la contienda política vemos a unos candidatos presidenciales que promueven la "mano dura" contra el crimen, y otros que creen tener sus bases de apoyo en los pobres tienen pronunciamientos intencionalmente tímidos para no alterar a los votantes que creen tener "comprados", en la Joya, la Joyita y el "Ghetto", por temor a perder el apoyo de los humildes, lo que resulta un craso error, pues son los humildes los que están siendo avasallados y están ndefensos ante la delincuencia y sin perspectivas de mejoría. Por lo que necesitan un apoyo efectivo de la autoridades para sobrevivir. Los ricos tienen a su favor los sistemas de seguridad, guardias privados, propiedades cercadas, carros blindados, transporte propio, etc, pero realmente no tienen idea del grado de violencia en los bajos estratos de la sociedad.
Todos debemos exigir a las autoridades que ejecuten medidas serias, responsables y efectivas para controlar la violencia en el país. El paso de las drogas por Panamá tiene una gran incidencia en la violencia. Los traficantes pagan los servicios locales con droga, los llamados tumbadores que ante la ausencia de ley que catalogue específicamente este hecho como delito, creen que están haciendo el papel de Robin Hood, porque reparten parte de la droga entre vecinos, poniendo en peligro a muchos y poniendo al alcance de muchos las drogas baratas que corrompen a todos, incluyendo niños. Es increíble, pero ni el que la reparte ni el que toma alguna parte, siente que están comentiendo un delito, lo ven como una rebusca natural, sin remordimiento, lo que es señal de una gran descomposición social.
El ministerio a cargo de la juventud y la familia no tiene ninguna función con resultados apreciables en este sentido. la delincuencia juvenil pareciera que se encuentra amparada en las políticas para proteger a los derechos humanos de los delincuentes sobre los de los ciudadanos decentes.
En este país se necesitan funcionarios y diputados que tengan el coraje de enfrentar los problemas graves de los ciudadanos, promulgando leyes que tiendan a protegerlos, en lugar de sacar provecho en materia electoral. Se acerca el momento en que los ciudadanos podemos penalizar sin contemplaciones a los ineptos, rebuscones, coimeros, vagos, cuentistas que están ocupando una curul en la Asamblea Nacional sin tener a su haber algún logro legislativo, y tienen el descaro de pretender reelegirse.