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Actitud preocupante



Admiramos y apoyamos los esfuerzos de quienes se esmeran en defender los derechos de los prisioneros, puesto que como humanos que son, lo merecen. Reconocemos que en nuestras cárceles hay quienes están purgando encierros excesivamente prolongados, que algunos funcionarios han abusado en perjuicio de ellos en el ejercicio de sus cargos, y por esas y otras razones sus derechos humanos deben ser respetados; pero ello no justifica generalizar desacreditando así a nuestras autoridades.
Tenemos que comprender que, en la mayoría de los casos, quienes se encuentran en la cárcel no están recluidos en ellas por mala fe y perversidad de los investigadores, ni de los fiscales ni de los jueces que los condenaron. Están allí porque cometieron delitos y, en muchos casos, delitos graves. Algunos de ellos hasta en la cárcel cometen delitos, protagonizan actos de violencia contra sus custodios, llegando a envolverse frecuentemente en reyertas hasta con saldos de muerte con armas subrepticiamente obtenidas con el propósito de usarlas.
En medio de esta situación, la prensa ha dado cuenta de que en reciente visita a un centro de menores de edad detenidos, algunos de ellos fueron entrevistados. Hubo quienes manifestaron estar arrepentidos de delinquir y abrigaban propósitos de enmienda; pero hubo otros, ¡cosa de espanto!, que dijeron no sentir remordimiento alguno por los delitos que cometieron. Ante tal respuesta nos preguntamos con preocupación: ¿Qué será lo que pueda la sociedad esperar de ellos cuando ya estén libres?

101 años de Panamá América

 
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