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Actitudes inconcebibles


Tengo que reconocer que la Sra. Presidenta goza de una popularidad que tenía mucho tiempo que no veía. Diría que el Dr. Arnulfo Arias fue un gran líder y movilizó masas que, inclusive, lo seguían con fanatismo. No es esa la posición de la Sra. Moscoso. Siento como si todos los panameños, aun los que no votamos por ella, ahora quisiéramos ayudarla a ejercer un buen gobierno. Pero, debe demostrar autoridad y poder que le da la posición de Presidenta de Panamá.
Un gobierno democrático no se centraliza en la persona presidencial. Un gobierno democrático se ejerce en combinación con todo su equipo de gobierno, con coherencia, de acuerdo en pensamiento y acción. Por otro lado, debe existir consistencia en lo que se dice y se hace, en lo que dice la cabeza y lo que piensan los ministros. No deben contradecirse en las decisiones que tomen oficialmente para solucionar los problemas del país. Si la señora Presidenta dice que el tema de las jubilaciones especiales está cerrado, porque ella sabe que las finanzas centrales y del Seguro no lo permiten, debe darse por cerradas y los ministros correspondientes no tienen por qué continuar en conversaciones alentadoras con los gremios como si aún hubiera esperanzas.
Sra. Presidenta: el gobierno no soporta especialidades que son inconstitucionales, porque está dando privilegios a ciertos grupos. Comprendo que los obreros de la construcción trabajan con grandes riesgos. Pero, existen otros grupos que también arriesgan su vida en diferentes formas, desgastan su físico y su mente; sin embargo, no puede dárseles especialidades porque las finanzas no alcanzan para ello. Sabemos el déficit que tiene el renglón de Pensión, Vejez y Muerte. Recordemos la locura de la dictadura de dar jubilaciones anticipadas; el promedio de vida de los panameños ha aumentado en forma impresionante; ese programa está lleno de jubilados y pensionados que, día a día aumenta sin que las entradas para afrontarlo lo hagan en igual proporción. Si insistimos en tener privilegios estamos siendo injustos con los que vienen detrás y deben esperar a la edad estipulada en la ley; somos injustos con otras profesiones que desgastan tanto como las reclamantes.
Lo que sucede es que, si se da la más pequeña muestra de debilidad con un grupo, automáticamente los demás piden igual. Si la Sra. Presidenta muestra fortaleza y firmeza en sus decisiones, será apoyada aun por los de la oposición. Tiene todavía suficiente popularidad para darse esos lujos y plantarse ante exigencias impopulares de agrupaciones que piden con amenazas e irrespeto. Esa firmeza hará que sintamos su autoridad, su personalidad y que ejerza la posición para la que fue electa.
No considero correcto que los dirigentes sindicales insulten al ministro de Trabajo y exijan su destitución como punto de negociación. Los términos en que se dirigen a él no son los correctos por más democracia en que vivamos, porque no es cuestión de democracia sino de educación y respeto. Aunque no nos guste, es un Ministro y existen diferentes formas de hacerle ver que no está actuando bien, si es que así lo piensan. Igual sucede con la Ministra de Educación.
Cada vez que se irrespeta a un Ministro o a un Director de entidad autónoma, se irrespeta la majestad del Ejecutivo y la persona de la Presidenta. Demostremos que somos un país culto, capaces de dialogar sin insultos, sin arrogancia porque no es el que más grita quien tiene la razón. Al contrario. Aprendamos a convivir con los demás y olvidemos de una vez por todas las diferencias de clases sociales. ¿Si el Ministro de Trabajo fuera un sindicalista, le dirían lo mismo? Las diferencias deben dirimirse con altura, con educación, con respeto, demostrando que sabemos convivir en una sociedad que nos ofrece lo mejor.

101 años de Panamá América

 
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