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Acto cruel taladrar rocas en la madrugada


Perforar rocas vivas con ensordecedoras maquinarias a altas horas de la noche y bajo el silencio de la madrugada y a pocos metros de un sector residencial, es un acto inhumano y cruel que viene cometiendo la empresa Tractores del Atlántico, S.A. o sus subcontratistas, contra los residentes de los sectores de Villa Gabriela, La Florida del Corregimiento de Río Abajo, Automotor y La Pulida en el distrito de San Miguelito.
Los responsables de este movimiento de tierra, al prohibírseles que continuarán dinamitando indiscriminadamente y poniendo en peligro la seguridad de la población, optaron ahora por taladrar a altas horas de la noche y la madrugada, las roca vivas con una poderosa máquina perforadora que causa un ruido seco, repetitivo que está perturbando el sueño o descanso nocturno de los residentes del sector.
Es bueno y oportuno recordarles a estos señores, que las comunidades no se oponen al desarrollo, pero lo que más ha indignado profundamente a sus residentes es la forma inconsulta y arbitraria como la constructora ha venido efectuando los trabajos de movimiento de tierra; sin importarle en lo absoluto con la tranquilidad a que tiene derecho una gran cantidad de personas que habitan en los alrededores donde se efectúa esa obra.
El proyecto, desde su inicio, no contempló para nada las medidas de mitigación del impacto ambiental y social, que debieron preverse, ya que se trata de una obra cuya ejecución se realiza dentro de una zona residencial. La calle Matías Hernández, por ejemplo, ha sido seriamente afectada por el constante transitar de camiones sin lonas que derraman tierra y rocas sobre la vía.
Igualmente, se ha afectado a varias viviendas y edificios por las constantes voladuras que se hicieron indiscriminadamente en ese sector y lo que es más preocupante aún, en presencia de unidades del Cuerpo de Bomberos de Panamá y la Policía Nacional, que son entidades que supuestamente deben velar por la seguridad de la población.
Surge entonces la siguiente pregunta, ¿y ahora quién podrá defendernos? Si después de todos los perjuicios, arbitrariedades e irrespetos a los derechos humanos, todavía esta constructora irresponsablemente continúa perturbando la paz de la población con sus ensordecedoras maquinarias que durante toda la noche y la mayor parte de la madrugada, impiden que la población descanse o duerma en la tranquilidad de sus hogares.
Señores constructores, el acto de dormir o descansar más que un derecho establecido en la Declaración Universal de los Derechos Humanos, es una necesidad fisiológica de primer orden que debe ser satisfecha por todos los seres humanos y de la especie animal.
Injusticias como las que hemos descrito, que no son atendidas a tiempo por las autoridades competentes, son las que finalmente ocasionan los cierres de vías innecesarios, que luego calificamos como medidas de fuerza o de presión, que afectan a terceras personas.

101 años de Panamá América

 
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