Acuerdo que no beneficia a los pobres
Ginebra goza de una larga historia como centro de la ilustración, por lo que es irónico que los negociadores del comercio internacional le den allí la espalda a la ciencia y a la tecnología. En un desesperado intento de anunciar, antes de que se efectuara la conferencia ministerial en Cancún de la Organización Mundial del Comercio (OMC), algún adelanto en un tema de importancia para los pobres del mundo, los negociadores informaron un acuerdo para debilitar la protección de la propiedad intelectual en las patentes farmacéuticas. Los activistas ya declararon que el acuerdo es inadecuado, mientras que la Unión Europea lo anuncia como un gran salto adelante. Pero se equivocan: el acuerdo no apunta al problema real de la medicina en el tercer mundo y lo que logra es contraproducente.
Hace año y medio, en la conferencia de la OMC en Doha, se acordó permitir que los países pobres ignoraran las patentes de medicinas para combatir "emergencias" sanitarias. El objetivo era permitir que los ministros de salud pública de países como Botswana combatieran epidemias como el SIDA y la malaria.
Pero esa Declaración de Doha, como ahora se conoce, no ha logrado las consecuencias previstas, pero sí muchas que no fueron previstas. Por ejemplo, está siendo explotada por algunos países para socavar las patentes de otras medicinas que nada tienen que ver con emergencias nacionales, como el viagra, procediendo a venderlas en mercados ricos.
Hasta ahora las autoridades comerciales de EE.UU. habían defendido la propiedad intelectual, raíz del progreso económico. Pero el nuevo acuerdo les permite a países pobres importar medicinas genéricas de países como Brasil o la India. También se eliminó que las enfermedades cubiertas por la excepción fuesen enumeradas y estrictamente limitadas.
Tras los abrazos y felicitaciones de los burócratas en Ginebra, el progresivo debilitamiento de las marcas y patentes lejos de ayudar a los pobres en los países en desarrollo, les asegura a la larga mayor sufrimiento.
Para entenderlo es importante aclarar que las patentes no impiden el acceso de los pobres a las medicinas que necesitan. Los laboratorios farmacéuticos no suelen registrar sus marcas en países como Zimbabwe, porque esas naciones africanas no protegen ninguna patente.
Y los doctores Amir Attaran y Lee Gillespie White afirman en el "Journal of the American Medical Association" que las patentes no son un obstáculo para que los pobres reciban tratamiento contra el SIDA. Esa pobre gente no tiene acceso ni siquiera a los medicamentos no patentados que necesitan.
Entonces, si no son las marcas registradas, ¿qué es lo que impide el acceso a las medicinas? La pobreza, la ignorancia y el estigma en el caso del SIDA. Los gobiernos del tercer mundo esconden su fracaso en combatir epidemias mortales culpando a las patentes. Corrupción, lo mismo que falta de determinación y de la infraestructura básica requerida (carreteras, refrigeración, hospitales y hasta médicos) para que los pobres puedan recibir un tratamiento adecuado.
Mientras que debilitar las patentes no ayuda a nadie, sí está frenando las investigaciones de nuevos medicamentos. Por ejemplo, el número de nuevos medicamentos contra el sida bajo proceso de investigación y desarrollo decayó de 250 en 1983 a 173 en 2001. Pero eso no es sorpresa, ya que toma entre 8 y 12 años sacar un nuevo medicamento al mercado y las patentes son por 20 años.
Si las ganancias no cubren las investigaciones y el costo de cientos de experimentos que no resultan en una marca registrada, todo ello se paraliza. Esta demagogia burocrática no ayuda a los pobres del tercer mundo, pero sí ampara a países como Perú y Egipto que fabrican copias baratas de medicinas patentadas. El problema es que si desaparece el incentivo para las investigaciones y desarrollo de nuevos productos farmacéuticos, mañana no tendremos curas milagrosas.
Que EE.UU. haya cedido por las presiones en algo tan importante es una señal preocupante respecto a las negociaciones comerciales que se dan Cancún.
Los perdedores a largo plazo pueden ser tanto los habitantes de países ricos como los de países pobres.
* Director de TechCentralStation.com Este artículo fue originalmente publicado por el Wall Street Journal de Europa.
(c) www.aipenet.com
Hace año y medio, en la conferencia de la OMC en Doha, se acordó permitir que los países pobres ignoraran las patentes de medicinas para combatir "emergencias" sanitarias. El objetivo era permitir que los ministros de salud pública de países como Botswana combatieran epidemias como el SIDA y la malaria.
Pero esa Declaración de Doha, como ahora se conoce, no ha logrado las consecuencias previstas, pero sí muchas que no fueron previstas. Por ejemplo, está siendo explotada por algunos países para socavar las patentes de otras medicinas que nada tienen que ver con emergencias nacionales, como el viagra, procediendo a venderlas en mercados ricos.
Hasta ahora las autoridades comerciales de EE.UU. habían defendido la propiedad intelectual, raíz del progreso económico. Pero el nuevo acuerdo les permite a países pobres importar medicinas genéricas de países como Brasil o la India. También se eliminó que las enfermedades cubiertas por la excepción fuesen enumeradas y estrictamente limitadas.
Tras los abrazos y felicitaciones de los burócratas en Ginebra, el progresivo debilitamiento de las marcas y patentes lejos de ayudar a los pobres en los países en desarrollo, les asegura a la larga mayor sufrimiento.
Para entenderlo es importante aclarar que las patentes no impiden el acceso de los pobres a las medicinas que necesitan. Los laboratorios farmacéuticos no suelen registrar sus marcas en países como Zimbabwe, porque esas naciones africanas no protegen ninguna patente.
Y los doctores Amir Attaran y Lee Gillespie White afirman en el "Journal of the American Medical Association" que las patentes no son un obstáculo para que los pobres reciban tratamiento contra el SIDA. Esa pobre gente no tiene acceso ni siquiera a los medicamentos no patentados que necesitan.
Entonces, si no son las marcas registradas, ¿qué es lo que impide el acceso a las medicinas? La pobreza, la ignorancia y el estigma en el caso del SIDA. Los gobiernos del tercer mundo esconden su fracaso en combatir epidemias mortales culpando a las patentes. Corrupción, lo mismo que falta de determinación y de la infraestructura básica requerida (carreteras, refrigeración, hospitales y hasta médicos) para que los pobres puedan recibir un tratamiento adecuado.
Mientras que debilitar las patentes no ayuda a nadie, sí está frenando las investigaciones de nuevos medicamentos. Por ejemplo, el número de nuevos medicamentos contra el sida bajo proceso de investigación y desarrollo decayó de 250 en 1983 a 173 en 2001. Pero eso no es sorpresa, ya que toma entre 8 y 12 años sacar un nuevo medicamento al mercado y las patentes son por 20 años.
Si las ganancias no cubren las investigaciones y el costo de cientos de experimentos que no resultan en una marca registrada, todo ello se paraliza. Esta demagogia burocrática no ayuda a los pobres del tercer mundo, pero sí ampara a países como Perú y Egipto que fabrican copias baratas de medicinas patentadas. El problema es que si desaparece el incentivo para las investigaciones y desarrollo de nuevos productos farmacéuticos, mañana no tendremos curas milagrosas.
Que EE.UU. haya cedido por las presiones en algo tan importante es una señal preocupante respecto a las negociaciones comerciales que se dan Cancún.
Los perdedores a largo plazo pueden ser tanto los habitantes de países ricos como los de países pobres.
* Director de TechCentralStation.com Este artículo fue originalmente publicado por el Wall Street Journal de Europa.
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