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¡Adelante, mujeres!


Por circunstancias que han venido dándose a través de los años y por esfuerzos de muchas mujeres, hoy el sexo femenino ocupa una posición envidiable en muchos países. Aunque no estoy de acuerdo con el feminismo radical y me considero sólo una defensora de los derechos igualitarios de las mujeres, no puede negárseles méritos a aquellas que vienen luchando desde el siglo pasado.
Panamá es un país donde las mujeres hemos logrado éxitos y ganado posiciones que aún faltan en otros lugares de América Latina. El machismo, aún arraigado en hombres de generación de edad avanzada, ha cambiado tanto en los hombres de hoy, que da esperanzas a las mujeres para alcanzar sus metas.
La igualdad con que los jóvenes reciben a sus colegas o compañeras de trabajo, indica que hemos podido imponer nuestra capacidad de organización y trabajo y con seguir ocupar posiciones de alta jerarquía, aún a nivel de ejecutivos masculinos. Esto se ha adquirido con capacitación, con ambición de superación y preparándonos para ocupar esas posiciones. Personalmente debo reconocer que en mi profesión de médico no tuve problemas, ya que era tratada de igual a igual con los hombres. Sin embargo, en el plano político, todavía se necesita progresar más.
Si pensamos que la política fue un campo que perteneció, predominantemente, a los hombres, es lógico que resientan nuestra entrada a un campo que consideran suyo. Pero, basta ver los tres poderes del Estado que están ocupados, dos de ellos por mujeres y el tercero la tenemos en la vicepresidencia.
El poder que la mujer ha adquirido en todos los ámbitos de la vida nos lleva a reconocer que, en la última década del siglo XX, la mujer avanzó e sus aspiraciones y el hombre ha aprendido a trabajar en igualdad de condiciones. Si vemos los hogares en donde las mujeres trabajan fuera del hogar, muchos maridos cooperan con las labores domésticas y prestan su apoyo al deseo femenino de estudiar y superarse.
Lo que no debemos perder es la hegemonía que todavía guardamos en el hogar. La madre sigue ocupando el lugar principal en el manejo del mismo, incluyendo la formación de los hijos. Ese privilegio de ser madres es un don divino que hace de la mujer el centro del hogar. Pero, eso no nos llega por obra y gracia del Espíritu Santo; eso se adquiere con amor, tolerancia, dedicación y conciencia del papel que jugamos.
Es difícil ser mujer, sobre todo, si no tenemos una pareja que nos comprenda, nos valores y nos apoye. Lo importante es lograr un equilibrio en la sociedad que nos dé igualdad, que elimine el machismo y el feminismo; que existan profesiones masculinas y femeninas; que ambos podamos ejercerlas todas. Que igualmente sea plomero un hombre que plomera una mujer. Que igual sea maestra una mujer que maestro un hombre.
Desde luego que ese mundo es utópico; pero debemos acercarnos a él lo más posible. No permitamos que exista un 70% de estudiantes mujeres en las universidades del país contra 30% de hombres. ¿Qué sucede? ¿No estudian los hombres o tienen que mantener hogares desde temprano, porque ese "es su papel", o han perdido su deseo de superación?
Que la mujer siga siendo la reina del hogar, pero con un rey a su lado, que formen la pareja gobernante del mismo. Que ambos seamos iguales para el bienestar del mundo.

101 años de Panamá América

 
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