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Además, sordo e indolente


Descorazona la noticia de que, no obstante los esfuerzos del Ministerio de Salud (MINSA) por proteger a nuestra población, ésta, con fama de alegre y confiada, se mantenga ciega y sorda y como hipnotizada de una indolencia suicida.

Al paso que vamos, existe el peligro de que en el país se desate, no una, sino dos plagas simultáneamente.

Cuando los muertos tengan que ser recogidos en camiones para enterrarlos lo más pronto posible en fosas comunes, entonces el grueso de nuestra sociedad aún con vida, se dará cuenta, tardíamente, de que los familiares que perdieron fue por su culpa, única y exclusivamente.

Vergüenza y dolor debe sentirse en todas las provincias panameñas por el imperdonable pecado de no seguir las recomendaciones de nuestras autoridades de salud.

El MINSA ha movilizado todo un ejército entre policías sanitarios y promotores de salud para controlar las amenazas del Hanta virus, el Aedes aegypti y el Aedes albopictus.

Dejamos acrecentar herbazales; nuestros ríos y quebradas siguen siendo basureros. A esto se suma la obcecación de nuestras comunidades indígenas, siempre renuentes a cooperar como si los esfuerzos del Ministerio para protegerlas fuera una agresión a su sistema de vida.

Quizás merece la pena que se entrenen a algunos de ellos para transmitir instrucciones sanitarias a su propia gente y que el Ministerio también tenga un programa de radio en una estación local con mucho martillar para sacar de su sordera y ceguera a las grandes cantidades de ciudadanos que parece que están procurándose una muerte prematura.

101 años de Panamá América

 
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