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Adiós al Cambio


El nombramiento de magistrados de la Corte Suprema debe ser evaluado como proceso y como resultado. Del proceso sabíamos que era débil y que su único valor era la palabra del Presidente de que respetaría las reglas establecidas por él mismo. No lo hizo así. La evaluación arroja un déficit de credibilidad. No obstante, concedamos que, aún incumpliendo dichas reglas, podrían haberse nombrado juristas a la altura del cargo. Al mirar el resultado, observamos que ambos profesionales son del entorno cercano de la Presidencia. Uno de ellos, incluso desempeñaba un cargo importante como Secretario de Seguridad. Si tuviésemos una clase política con principios, capaz de dejar a un lado las leguleyadas, habría el consenso de que la norma constitucional introducida en la reforma del 2004, impide que personas que han desempeñado cargos como el mencionado, sean designados dentro “el mismo periodo presidencial” en el cargo de Magistrado de la Suprema. Pero no tenemos a esos políticos y los del “Cambio” han resultado ser de la misma naturaleza de los que ya conocíamos. El otro magistrado tiene una hoja de vida de dudosas ejecutorias que van desde vínculos lamentables con la dictadura militar hasta condenas como funcionario público en una función especialmente delicada. ¿Que esperemos a ver su desempeño? Pues bien, los fallos serán buenos cuando el Presidente lo quiera o lo permita; pero el día que un buen fallo pudiera perjudicarlo, a él o a su gobierno, tendremos un mal fallo. Digámoslo “con firmeza y sin fineza”: Martinelli no ha cumplido la promesa de hacer un cambio.

101 años de Panamá América

 
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