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Adiós al embargo a Cuba


A medida que se prolongaba el tiempo del embargo a Cuba, se apreciaba que los norteamericanos se polarizaban entre los intransigentes defensores del bloqueo comercial y los que demandaban acceso al mercado de inversiones antillano. Unos se oponían a la liberación comercial por razones políticas; otros la apoyaban por razones económicas. Nadie lo hacía por razones humanitarias. Finalmente, luego de largos cabildeos, los legisladores republicanos de la Cámara de Representantes dieron su brazo a torcer y apoyaron el levantamiento del embargo para la exportación de productos agrícolas y medicinas de Estados Unidos hacia Cuba. El Senado aprobó hace un año la apertura del embargo, pero la Cámara de Representantes le negaba su refrendo.
El acuerdo tiene condicionamientos financieros. El gobierno cubano no podrá financiar importaciones con préstamos de la Casa Blanca o con bancos privados norteamericanos. Deberá pagar al contado con dólares en efectivo, obtenidos en el exterior. Los republicanos de los Estados maiceros esperan que las compras cubanas alivien la crisis que padecen debido a la sequía. Por su parte, Fidel Castro aceptará comprar maíz norteamericano, por las dificultades de abastecimiento alimenticio que atraviesa por bajas en la zafra azucarera y porque el acuerdo de la Cámara de Representantes constituye en términos políticos el principio del fin del embargo comercial, así pierda uno de los latiguillos retóricos favoritos para fustigar a Estados Unidos.
El embargo comercial a Cuba se amparó en leyes norteamericanas sancionadas con el propósito de castigar al régimen fidelista por la confiscación de empresas norteamericanas establecidas en la isla, sin mediar pago alguno. Hoteles de lujo, refinerías petroleras, fincas azucareras, industrias de tabaco y licores, etc. de propiedad de empresas norteamericanas fueron tomados a la fuerza por los guerrilleros cubanos y rebautizados todos ellos con nuevos nombres revolucionarios. A la ley del embargo se agregó la Ley Helms-Burton, que penaliza a las empresas extranjeras que ocupen propiedades confiscadas. Pero este extremo incubó quejas y protestas en Europa y América Latina por sus alcances extraterritoriales y proyecciones intervencionistas.
En el fondo, se ha oficializado el debilitamiento de una medida que en 38 años de vigencia no concretó su objetivo y que más bien generó reacciones negativas contra Estados Unidos. Quizás las reacciones más fuertes contra el embargo surgieron de empresas norteamericanas interesadas en invertir en Cuba que veían a sus competidores europeos y canadienses aprovecharse de la forzada ausencia de las inversiones. La Asociación de Cámaras de Comercio protestaba año tras año por las contradicciones de un bloqueo que no sólo afectaba a Cuba sino a las empresas norteamericanas prohibidas de invertir en la isla, mientras los europeos monopolizaban el turismo, y otros sectores. La realidad abrumadora de las incongruencias del bloqueo convenció a los republicanos, autores de la iniciativa a abrir un primer espacio comercial para alimentos y medicinas, pero el espacio irá ampliándose poco a poco con el tiempo, porque los negocios se dan cuando hay alguien que quiere vender y otro que quiere comprar, más allá de las ideologías. Cuba se ha engarzado así a la clientela comunista de China Continental y Vietnam. No cabe duda que los tiempos cambian.

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