default

Adiós a la Paz en el Medio Oriente


El presidente norteamericano Bill Clinton durante su mandato hizo de la pacificación de la región su escalón a la posteridad, sin conseguirlo. Logró grandes avances que cristalizaron en dos premios de paz para los dirigentes adversarios; pero una y otra vez, cuando sus dedos casi tocaban el triunfo, el proceso retrocedía a sus orígenes e incluso más atrás.
Recordamos las últimas semanas de su gobierno. Semejaba a un niño porfiado, empeñado en forzar abrazos y sonrisas entre enemigos irreconciliables. Se encerró con Arafat y Ehud Barak durante una semana entera, trabajó en planos detallados, planteó novedosas ideas, pero selló su fracaso con su histórico "Ya fue suficiente".
Clinton no lo sabía, pero nunca estuvo nadie tan cerca de cristalizar la paz. Había logrado que ambas partes coincidieran en lo más difícil, en una especie de soberanía compartida entre palestinos e israelíes sobre Jerusalem, en el que cada quien ocupaba su zona y su parte de subsuelo.
Le faltó un punto. Barak insistía que el precio era no permitir la repatriación de unos tres millones de palestinos refugiados en naciones árabes vecinas. Temía que un volumen tan cuantioso de personas alteraría el equilibrio demográfico entre Israel y el futuro Estado Palestino.
Las discusiones siguieron con la tensión usual de la negociación a un paso de cierre, hasta el momento en que algo inesperado ocurrió. Un obsoleto líder radical israelí, Ariel Sharon, irrumpió con un puñado de los suyos a un lugar santo musulmán de Jerusalem, la Explanada de las Mezquitas, provocando una iracunda reacción palestina, que fue a su vez reprimida a tiros por el ejército israelí, con decenas de muertos palestinos y ningún judío.
A partir del anterior incidente de violencia, la espiral de muerte no ha tenido sino breves períodos de tregua, en el que se suman centenares de víctimas palestinas y algunas decenas de israelíes. Por momentos olió a una nueva guerra y la presión sobre los precios del petróleo arreció.
Vino entonces la campaña política y las elecciones en Israel, con la victoria de Sharon quien, fiel a sus principios, ha declarado a Jerusalem como capital "eterna e indivisible" de Israel, echando por tierra todo lo avanzado hasta ahora. Los palestinos han amenazado a su vez con un "día de furia".
¿Será el nuevo gobierno norteamericano de George Bush capaz de crear nuevas alternativas de paz u optará por el camino fácil de una alianza ciega basada en la fuerza militar con Israel? Y mientras el dilema se dilucida por el tiempo, para nosotros, la esperanza de paz ha llegado a su fin. Es triste decirlo, pero llegó el turno de los muertos.

101 años de Panamá América

 
101 años Panamá América