¡Adiós tocayo César!
La Asamblea Legislativa es una fábrica de fueros y desafueros en perjuicio de nuestra constitucionalidad. El Art. 19 de la Constitución dice, para citar un ejemplo, que no habrá "fueros ni privilegios personales". Pero la misma institución que debe elaborar leyes apegadas a este principio es una vieja fábrica de fueros personales y de desafueros constitucionales que ha transformado el imperio de la ley en uno de impunidad y de vacuidad que paulatinamente destruye los cimientos de la nacionalidad.
Las leyes, para que sean justas y duraderas, tienen que hacerse pensando en todos los hombres y no en algunos hombres. Pero nuestra Asamblea, circunscripción de honorables por decreto, se ha tornado experta en fabricar leyes inútiles, inconstitucionales, leyes que es necesario reformar, incluso antes de que éstas entren en vigencia. Son instantáneas, fugaces, que se hacen para recibir prebendas inmediatas (relojes Cartier, sobres amarillos, puestos públicos, espacios políticos) a cambio de favorecer a socios, amigos o para tumbarle la cabeza por encargo a cualquier elemento que se torne incómodo para los intereses creados de este país de farsas y corruptelas perennes.
Aquí, verbigracia, no hablamos de magistrados liberales, conservadores, positivistas, naturalistas, iusrealistas, subjetivistas; tampoco escogemos a nuestros magistrados por concurso de méritos en los centros de enseñanza o dentro de la carrera judicial. Por eso con total y brutal desparpajo hablamos de los magistrados del Toro o de Mireya. ¡Porque esta es nuestra vergonzosa realidad! ¡Porque sabemos, mutatis mutandi, que el talento, la honorabilidad, es lo que menos cuenta a la hora de escoger a nuestros flamantes magistrados en una especie de gallera legislativa donde lo que cuenta es la docilidad/complicidad de los ungidos para ocupar deshonrosas magistraturas.
Ley Faúndes, sí. No la hizo un legislador llamado Fáundes. La hizo una Asamblea dócil/complaciente para decapitar a un magistrado ya decapitado por la vida y por la incompetencia. Este es mejor ejemplo de una ley inmoral, inconstitucional, hecha para un hombre (Faúndes) para complacer a otro hombre (Toro).
Porque se nos ha metido en la cabeza que es legal, constitucional, mandar a todo mundo para la casa con una ridícula jubilación después de haber cumplido 57, 62 y 75 años de servicio. ¿Pero es legal, moral, necesario, mantener vitaliciamente en sus posiciones a magistrados incompetentes, a profesores universitarios iletrados y a diplomáticos sin diplomas o sin utilidad para la política exterior? ¡Y es en pro y en contra de estas elites parasitarias que legislan los mal llamados padres de la patria! Ahora, dicen, van a legislar para poner en claro que la Ley Faúndes no debe ser aplicada a los funcionarios elegidos por tiempo definido.
¡Que Pereira Burgos se vaya, eso está bien! Pero mejor estaría que se modifique la Constitución para que los magistrados de la Corte Suprema dejen de ser escogidos en una gallera legislativa y entre seres piensantes (de pienso) y no entre pensantes. Pero como en el cuento del capacho, mejor sería que se modifique la Constitución y la Ley Faúndes y su Enmienda Susana en el sentido de que para que no haya fueros ni privilegios se tome en cuenta la edad de las personas designadas para ocupar cargos por tiempo definido.
Ahora me dirán que en este país de procesos indebidos se está violando el debido proceso en perjuicio de Pereira Burgos. Pero cuando cotidianamente se le viola el debido proceso a miles de personas indefensas, humildes, nadie dice nada porque pareciera que los únicos negocios constitucionales (como los amparos) que prosperan ante la llamada Corte son los negocios de los presidentes, ex presidentes y de todos los que desde el anonimato trafican influencias para convertir la "suprema lex" adjetiva y sustantiva es una especie de reglamento interno de sus propios negocios y ambiciones personales.
Que el defenestrado magistrado Pereira Burgos recurra a donde se le antoje recurrir. Ahora, sólo ahora entenderá lo que siente la gente que ingenuamente cree en la justicia y que pierde tiempo y dinero ante insensibles magistrados toristas o mireyistas. Y que los abogados que viven del crimen y de la ilegalidad sigan con su cantaleta. Que el ex presidente Endara siga diciendo que haber removido al magistrado es un "golpe de estado". Me imagino que "Pichulo" cree que haberse juramentado en Clayton, ante un ejército extranjero, mientras las bombas y el fuego destruían bienes y personas inocentes es un golpe de constitucionalidad (constitucional es lo que yo hago; inconstitucional es lo que tú haces).
¡Adiós tocayo César!
(samudio@cwpanama.net)
Las leyes, para que sean justas y duraderas, tienen que hacerse pensando en todos los hombres y no en algunos hombres. Pero nuestra Asamblea, circunscripción de honorables por decreto, se ha tornado experta en fabricar leyes inútiles, inconstitucionales, leyes que es necesario reformar, incluso antes de que éstas entren en vigencia. Son instantáneas, fugaces, que se hacen para recibir prebendas inmediatas (relojes Cartier, sobres amarillos, puestos públicos, espacios políticos) a cambio de favorecer a socios, amigos o para tumbarle la cabeza por encargo a cualquier elemento que se torne incómodo para los intereses creados de este país de farsas y corruptelas perennes.
Aquí, verbigracia, no hablamos de magistrados liberales, conservadores, positivistas, naturalistas, iusrealistas, subjetivistas; tampoco escogemos a nuestros magistrados por concurso de méritos en los centros de enseñanza o dentro de la carrera judicial. Por eso con total y brutal desparpajo hablamos de los magistrados del Toro o de Mireya. ¡Porque esta es nuestra vergonzosa realidad! ¡Porque sabemos, mutatis mutandi, que el talento, la honorabilidad, es lo que menos cuenta a la hora de escoger a nuestros flamantes magistrados en una especie de gallera legislativa donde lo que cuenta es la docilidad/complicidad de los ungidos para ocupar deshonrosas magistraturas.
Ley Faúndes, sí. No la hizo un legislador llamado Fáundes. La hizo una Asamblea dócil/complaciente para decapitar a un magistrado ya decapitado por la vida y por la incompetencia. Este es mejor ejemplo de una ley inmoral, inconstitucional, hecha para un hombre (Faúndes) para complacer a otro hombre (Toro).
Porque se nos ha metido en la cabeza que es legal, constitucional, mandar a todo mundo para la casa con una ridícula jubilación después de haber cumplido 57, 62 y 75 años de servicio. ¿Pero es legal, moral, necesario, mantener vitaliciamente en sus posiciones a magistrados incompetentes, a profesores universitarios iletrados y a diplomáticos sin diplomas o sin utilidad para la política exterior? ¡Y es en pro y en contra de estas elites parasitarias que legislan los mal llamados padres de la patria! Ahora, dicen, van a legislar para poner en claro que la Ley Faúndes no debe ser aplicada a los funcionarios elegidos por tiempo definido.
¡Que Pereira Burgos se vaya, eso está bien! Pero mejor estaría que se modifique la Constitución para que los magistrados de la Corte Suprema dejen de ser escogidos en una gallera legislativa y entre seres piensantes (de pienso) y no entre pensantes. Pero como en el cuento del capacho, mejor sería que se modifique la Constitución y la Ley Faúndes y su Enmienda Susana en el sentido de que para que no haya fueros ni privilegios se tome en cuenta la edad de las personas designadas para ocupar cargos por tiempo definido.
Ahora me dirán que en este país de procesos indebidos se está violando el debido proceso en perjuicio de Pereira Burgos. Pero cuando cotidianamente se le viola el debido proceso a miles de personas indefensas, humildes, nadie dice nada porque pareciera que los únicos negocios constitucionales (como los amparos) que prosperan ante la llamada Corte son los negocios de los presidentes, ex presidentes y de todos los que desde el anonimato trafican influencias para convertir la "suprema lex" adjetiva y sustantiva es una especie de reglamento interno de sus propios negocios y ambiciones personales.
Que el defenestrado magistrado Pereira Burgos recurra a donde se le antoje recurrir. Ahora, sólo ahora entenderá lo que siente la gente que ingenuamente cree en la justicia y que pierde tiempo y dinero ante insensibles magistrados toristas o mireyistas. Y que los abogados que viven del crimen y de la ilegalidad sigan con su cantaleta. Que el ex presidente Endara siga diciendo que haber removido al magistrado es un "golpe de estado". Me imagino que "Pichulo" cree que haberse juramentado en Clayton, ante un ejército extranjero, mientras las bombas y el fuego destruían bienes y personas inocentes es un golpe de constitucionalidad (constitucional es lo que yo hago; inconstitucional es lo que tú haces).
¡Adiós tocayo César!
(samudio@cwpanama.net)