Adivina, ¿quién soy?
Hola, qué tal! De repente no sabes quién soy, pero te aseguro que tan pronto sepas lo que señalo me identificarás. Me caracterizo por ser muy alegórico, siempre en parrandas y fiestas; mi manera de hablar es muy peculiar, una muestra de orígenes diferentes que al combinarse resaltan mi identidad; me expreso con movimientos corporales muy acentuados, poseo una actitud transitoria, evado mis problemas en vez de enfrentarlos, soy impulsivo, siempre dejo todo para última hora y cuando me equivoco, culpo a otros; no llevo un patrón, ya que no me organizo, espero oportunidades para el juega vivo, me dejo influenciar por lo foráneo y lo peor es que vivo de apariencias. ¡Ja!, y luego digo que soy muy nacionalista.
Soy conformista, no me valoro en mi justa medida, ni aprecio nuestras riquezas, costumbres y tradiciones; no conozco nuestra historia, pero me identifico con cualquier otro país como si en éste hubiese nacido; no respeto nuestros símbolos patrios, poco leo, pero digo ser muy culturizado. Pero, a pesar de esto, soy hospitalario, extremadamente tolerante, me identifico con el dolor humano, soy desprendido, ayudo en cualquier causa, soy solidario, desarrollo una perspectiva mundial del dolor humano; ya que en mí existe como tal. He surgido de un traumático y doloroso pasado, con múltiples influencias foráneas y de oligarquías dominantes que me han marcado en un crisol de razas y de culturas, casi cortándome el derecho de una identidad propia y definida, y no conforme viví 21 años de paternalismo acentuado que hoy día aún me sesga la vista ante la capacidad que poseo de ser autogestor y autosuficiente para planificar y dar soluciones a mis propios problemas.
Sí, es cierto, no te equivocas, ¡soy tú!. Soy tu país que clama porque me valores, porque me respetes, porque tan siquiera me quieras, porque te sientas orgulloso de mí, de mis danzas, de mis tambores que al repicar hagan efervecer la sangre que corre por tus venas, cual si fuera el Chagres imponente y viril; porque me cuides, me conozcas y no dejes que se pierda mi historia en los trazos de un simple papel; porque te quites la venda y fijes tu mirada en tu propio futuro y el de nuestras generaciones que el día de mañana no me reconocerán, aunque lean lo mismo que tu haz leído hoy, una y otra vez. Todavía estás a tiempo, inténtalo. ¡Soy tú, soy Panamá!
Soy conformista, no me valoro en mi justa medida, ni aprecio nuestras riquezas, costumbres y tradiciones; no conozco nuestra historia, pero me identifico con cualquier otro país como si en éste hubiese nacido; no respeto nuestros símbolos patrios, poco leo, pero digo ser muy culturizado. Pero, a pesar de esto, soy hospitalario, extremadamente tolerante, me identifico con el dolor humano, soy desprendido, ayudo en cualquier causa, soy solidario, desarrollo una perspectiva mundial del dolor humano; ya que en mí existe como tal. He surgido de un traumático y doloroso pasado, con múltiples influencias foráneas y de oligarquías dominantes que me han marcado en un crisol de razas y de culturas, casi cortándome el derecho de una identidad propia y definida, y no conforme viví 21 años de paternalismo acentuado que hoy día aún me sesga la vista ante la capacidad que poseo de ser autogestor y autosuficiente para planificar y dar soluciones a mis propios problemas.
Sí, es cierto, no te equivocas, ¡soy tú!. Soy tu país que clama porque me valores, porque me respetes, porque tan siquiera me quieras, porque te sientas orgulloso de mí, de mis danzas, de mis tambores que al repicar hagan efervecer la sangre que corre por tus venas, cual si fuera el Chagres imponente y viril; porque me cuides, me conozcas y no dejes que se pierda mi historia en los trazos de un simple papel; porque te quites la venda y fijes tu mirada en tu propio futuro y el de nuestras generaciones que el día de mañana no me reconocerán, aunque lean lo mismo que tu haz leído hoy, una y otra vez. Todavía estás a tiempo, inténtalo. ¡Soy tú, soy Panamá!