Administración de justicia
La señora presidenta de nuestra Corte Suprema de Justicia declaró, recientemente, que todos los jueces dictan, por lo menos, dos sentencias diarias, de lo cual disentimos con todo respeto. A primera reflexión, cuesta pensar que exista juez alguno que logre hacer tal proeza. Hay expedientes voluminosos y para leerlos y digerirlos bien, para luego fallar con serenidad y acierto, no se pueden resolver en un solo día.
Sin embargo, admitiendo en gracia de discusión que lo postulado por ella sea cierto, tendríamos que un juez apenas alcanzaría a dictar diez sentencias semanales; aunque sin descontar los días festivos, apenas resolvería 104 casos al año.
Si tomamos en cuenta que en cada juzgado hay mil o más expedientes por resolver, y sin que llegaran a su despacho más de ellos requeriría 8 a 10 años más para fallar sobre todos los expedientes restantes. Esa es la razón por la cual el arbitraje es el sistema más apropiado para resolver conflictos. En él se le crea a las partes un tribunal para que resuelva, única y exclusivamente, su caso.
En virtud de ello, se le puede fijar a los árbitros un perentorio tiempo para decidir, lo que usualmente es de seis meses. Y si antes de ir al arbitraje las partes convienen en tratar de conciliar, el caso se resuelve en horas o no más de tres o cuatro días. Tal es la diferencia.