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Administración o nepotismo


Mi hermano, mi sobrino, mi primo, mi tía, mi cuñada, mi concuñada, mi amigo, su amiga, mi perro, mi gato y todos los conocidos, son gente capaz, trabajadora y honesta; hasta que me prueben lo contrario. Ellos lucharon junto a mí para que yo fuese electo a este puesto, por qué no los puedo nombrar si otros hicieron lo mismo. No importa que no sepan nada de la agencia del Estado a la que van a trabajar, son inteligentes y aprenden rápido. Pasado mi período se capacita a otro y se acabó la vaina.
Pareciera que esa es la norma, por no decir la costumbre, de todos los funcionarios que son electos o nombrados en cargos públicos. La Excelentísima Señora Presidenta, y no pretendo justificarla, ha dicho una gran verdad sobre la administración del estado panameño; ella no ha sido la primera y posiblemente no será la última que sacrifique "la administración de un estado moderno por el nepotismo".
No es cuestión de que un artículo de la Constitución, Ley de X o Y institución lo prohíba, la práctica es antigua y muy arraigada en nuestra clase política. Cuando se intentó erradicar con la Ley de Carrera Administrativa, la cual no se aplica, los honorables legisladores de ese entonces se quedaron, para mi humilde entender, cortos en su misión de legislar a futuro. Es entendible que cualquier ciudadano de un país, al participar en política tenga ciertas aspiraciones personales, sobre todo en nuestro medio, en donde se sigue a una persona y muy pocas veces a un ideario político. Esto conlleva a que la gran mayoría aspire a un cargo público a cambio de su militancia. Reitero, esto desde un punto de vista humano no es del todo cuestionable; lo es desde el punto de vista de la eficacia y rentabilidad para el Estado.
Cada cinco años, el Estado debe comenzar prácticamente de cero; funcionarios con años de experiencia, preparación académica de alto nivel, en la mayoría de los casos pagada con el dinero de todos, están obligados a dejar el puesto porque la persona a la que apoyó en las elecciones perdió o, peor aún, no es persona grata al nuevo jefe o éste le tiene una vieja factura que cobrar. De esta manera, la administración del Estado se retrasa, mientras el nuevo aprende y toma el ritmo de las cosas y cuando parece que ya aprendió, le toca irse.
¿Cómo debe ser en un Estado moderno? Según mi parecer, los cargos de ministro, directores de instituciones, los directores provinciales de los ministerios y entidades públicas, deben ser políticos; se entiende que son personas allegadas al mandatario (a) de turno y con el fin de que la comunicación sea fluida y la gestión administrativa eficiente, deben ser personas de su confianza.
Los viceministros, subdirectores de instituciones, subdirectores provinciales (si los hay), los jefes de las direcciones y secciones de los Ministerios y entidades públicas, así como los empleados públicos en general, deben ocupar sus cargos una vez lo hayan ganado en concurso abierto por sus méritos profesionales. Porque están preparados académicamente y moralmente para ejercer sus funciones. Este es el estado moderno que nos meremos los panameños, no importa que seamos torrijistas, arnulfista, populistas, democráticos o molirenas. Esta es también una medida práctica contra la corrupción. Si tienes estabilidad laborar, disminuye la tentación al dinero fácil, no hay la preocupación de que pasado los cinco años estás sin trabajo y por ello debes, en este período, asegurar tu futuro. Esto no es un sueño, es una necesidad; así, el próximo gobernante no tendrá que exponerse al nepotismo, ni tendrá excusa. Cosa rara en nuestra administración pública, hay ejemplo de que se puede hacer, sólo veamos a la ACP y a la Policía Nacional.
Qué se debe hacer. Bueno, como nos gustan tanto los diálogos, los partidos políticos deben convocar a otro más para comprometerse a modificar la Ley de Carrera Administrativa; con esta nueva orientación. Presentarla ante la Asamblea Legislativa, aprobarla e implementarla. Quizás sea más fácil, más rápido y más económico que una Constituyente.
Así, la administración del estado panameño se moderniza, nos liberamos del problema del nepotismo y de paso los partidos políticos descubren quiénes están en sus filas porque comparten sus ideas, y quiénes simplemente porque buscan un empleo o beneficios personales. Confiemos en que el sentido de Nación pese más en los políticos que el nepotismo.

101 años de Panamá América

 
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