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Adolfo Nicolás


Desde el 5 de enero están congregados en Roma 225 delegados de todos los rincones del mundo donde hay jesuitas en reunión trascendental, en la cual han elegido al nuevo superior general, al español Reverendo Padre Adolfo Nicolás, oriundo de Palencia.

El mundo mediático, sobre todo europeo, ha estado al acecho sobre el devenir de esta magna reunión, incluso calificándola como institución díscola. Sin embargo, dentro de los sucesos, el nuevo prepósito general, el 19 de enero, fue recibido en audiencia por su Santidad Benedicto XVI, añadiendo que el Santo padre ha recibido con agrado un sobre en donde el nuevo general renovaba el voto de obediencia al Sumo Pontífice. Gesto que le agradó al Papa , quien felicitó por tan magnifica costumbre. Asimismo le agradó la noticia de la formación de un comité para estudiar la carta que su Santidad envío al padre Kolvenbach en que consideraba muy útil que la Congregación General reafirme, en el espíritu de San Ignacio, la propia adhesión total a la doctrina católica, en particular sobre puntos neurálgicos hoy fuertemente atacados por la cultura secular, como por ejemplo, la relación entre Cristo y las religiones, algunos aspectos de la teología de la liberación y de la moral sexual, sobre todo, en lo que se refiere a la indisolubilidad del matrimonio y a la pastoral de las personas homosexuales.

El 25 de enero, el nuevo superior tuvo un encuentro con periodistas y aclaró que la Compañía de Jesús ha estado siempre, desde su comienzo, en comunión con el Santo Padre y siempre lo estará. La Compañía quiere colaborar con la Santa Sede, obedecer al Santo Padre. Esto no ha cambiado y no cambiará. Aclaró que no es tan preciso el titular de algún periódico que habla de un nuevo Padre Arrupe. Explicó su admiración y cariño por el P. Arrupe, pero dejó claro que él no es otro Arrupe, como tampoco es otro Kolvenbach. Ese tipo de clichés son poco precisos y responden a posiciones simplistas que no respetan la realidad. Explicó insistentemente que la Compañía de Jesús no está en confrontación con la Santa Sede. Somos vecinos, eso es verdad. No sólo físicamente hablando, sino espiritualmente. Y si se tiene relaciones y las relaciones que se tienen son importantes, es evidente que puede y debe haber diferencias. Las diferencias no son el centro de nuestras relaciones con la Santa Sede como han señalado algunos periodistas y medios de comunicación, presentando una visión muy parcial de la realidad y respondiendo a otros interese que no son los nuestros.

101 años de Panamá América

 
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