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Adquiriendo conciencia


Seattle y Washington, dos escenarios distintos, pero una misma causa en los que se han dado manifestaciones de protesta contra las políticas económicas mundiales preconizadas y aplicadas por la Organización Mundial de Comercio, el Banco Mundial y el Fondo Monetario Internacional. Los ministros de Finanzas que asistieron a la cumbre del Fondo Monetario Internacional (FMI) y el Banco Mundial (BM) lograron reunirse, pese a las protestas de miles de jóvenes que bloquearon su ingreso a la sede del organismo financiero, tal como muchos pudimos observar a través de las pantallas de nuestros televisores.
El Comité Monetario y Financiero del FMI analizó el impacto de la caída de las bolsas estadounidenses y comenzó a debatir reformas al FMI y el BM, instituciones criticadas tanto por la derecha como la izquierda en Estados Unidos. El propio Secretario del Tesoro, Lawrence Summers, dijo que el banco debe concentrarse más en programas sociales para reducir la pobreza. Summers reconoció que los beneficios de la globalización económica mundial no han beneficiado a todos, y que 1,300 millones de personas viven con menos de un dólar al día.
Y aquí en Panamá, gracias a iniciativa de los Ejecutivos de Empresas, hubo un forum nacional en el que técnicos y no técnicos dieron a conocer sus puntos de vista sobre la pobreza. Muy interesantes resultaron ser los planteamientos que allí se hicieron -los tenemos casi todos y en el sobrevenir nos iremos refiriendo a cada uno-, pero el temor que tenemos es que acabado el forum y los ejecutivos al volver a sus despachos refrigerados se olviden de todos los planteamientos y hasta allí llegue el fervor que algunos mostraron. Ojalá exista un seguimiento a tan loables propósitos que se anunciaron.
Tenemos que reconocer que la propuesta del neoliberalismo es utópica y ha creado una plaza infranqueable en las esperanzas de los pueblos. Hay una brecha y, en algunos casos, un abismo entre lo que se ofrece, la realización de los pueblos y lo que la sociedad puede ofrecerles. Somos conscientes de que la pobreza es un problema mundial y debe constituir el problema principal para las sociedades, los gobiernos y las instituciones internacionales de financiamiento (Banco Mundial y Fondo Monetario Internacional) pues todos los programas de combate a la pobreza han fracasado porque no ataca sus causas, y porque tampoco tienen un carácter preventivo.
Hace algunas décadas, por ejemplo, las escuelas de gobierno eran en sí mismas un centro de amplia capilaridad social. El pupitre lo ocupaban por igual el hijo de un encumbrado y el de un modesto obrero, quienes al llegar a la universidad habían compartido experiencias y nivel de educación, lo que les proporcionaba condiciones similares para enfrentar las duras pruebas de la vida.
Sin embargo el esquema educativo que tan buenos frutos rindió al país, inició un cambio. La falta de visión y los requerimientos mundiales de una educación costosa, por la concurrencia de elementos tecnológicos que se hicieron herramientas indispensables para la calidad educativa, contribuyeron sin duda a este cambio.
Hoy día las escuelas públicas de educación primaria y secundaria cuentan con un nivel académico en estado lamentable, alimentado por la deficiente preparación de los profesores y la falta de elementos tecnológicos tales como los equipos de computo.
A las escuelas públicas concurren los sectores más desprotegidos económicamente de la población. Estos niños y jóvenes al enfrentar al mercado laboral se encuentran en una tremenda desventaja, que no podrán superar nunca más en su vida, ante quienes tienen la oportunidad de recibir su educación en escuelas privadas.
Estamos construyendo en realidad dos niveles de educación. El primero de ellos está ocupado por una gran masa de estudiantes que terminan sus ciclos de escolaridad sin tener la capacidad cognoscitiva indispensable para enfrentar el mundo de hoy. El segundo nivel se integra con niños y jóvenes que superan en preparación a los del primer nivel y que en un futuro cercano los dirigirán y se servirán de ellos en un esquema productivo donde el que sabe más se impone a quienes saben menos. El gran mito del neoliberalismo aparece en este punto. En el neoliberalismo no prospera sólo aquel que se esfuerza por hacerlo, sino sobre todo quien cuenta con las condiciones de "cuna" para superar a la generalidad.
Estamos creando así dos mundos, dos universos, dos Panamá. El Panamá de los abusados que nunca dejarán de serlo y el de las élites que tendrán cada vez una mayor superioridad y despotismo intelectual.
Estas protestas de Seatle y Washington son evidencia de una creatividad y capacidad cívica, como antes no había sido observada, lo que resulta obvio pues no existe mal que dure cien años ni cuerpo que lo resista. El menaje ha sido claro: no a la sustitución del ser humano por la utilidad económica. Los Estados deben regular la actividad económica y no la economía ser regente del Estado.
La globalización, contrario a lo que dicen sus abanderados, es un proceso reversible. Ella no es más que el producto de la bellaquería de una elite mundial que desea trazar el destino del mundo con base a sus deshumanizantes principios, al imperio de la riqueza sobre el bienestar humano. Es menester recalcar que el neoliberalismo con su globalización, no es un sistema económico democrático ya que no proviene de consensos sociales, además de que la soberanía de los Estados es violentada.

101 años de Panamá América

 
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