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Adriana y la deuda social del país


"Denme algo por favor", afirmó el niño con el rostro pálido, como balbuceando palabras y abrigando el temor a un rotundo "no" por muchos de los transeúntes que pasaban o salían de centros comerciales en los alrededores de Calidonia.
La descripción corresponde a escenas presentadas por niños desvalidos, los cuales ya están siendo tan naturales en cualquier esquina de las flamantes tiendas comerciales que se encuentran por los alrededores del corregimiento de Bella Vista o en cualquier sector del centro de la ciudad.
Y no se quiere insistir en que todos los niños de esos lugares piden; en contraste al primer llamado de atención, en horas de la tarde, observemos a otros niños entre las esquinas de la Vía España y Federico Boyd, quienes en sus escenarios de acciones luchan y trabajan arduamente tras conseguir el dinero bajo los sudores de sus frentes.
De las escenas, podría afirmarse, en la mayoría de las ocasiones son culpables los padres irresponsables. Aquellos que se enredan en conflictos familiares, los que ahogan sus sueños y alegría en un trago de alcohol, y también aquellos que son incapaces de levantarse con honradez entre sus cenizas llenas de calamidades y sin razones.
O tal vez en mayor o menor grado todos somos culpables. Y lo es también el Estado, cuando no cumple con su responsabilidad social y vigila la educación del país.
Muchos de estos niños son capaces de luchar con la vida y la enfrentan positivamente. En tantas ocasiones venden periódicos, naranjas, dulces, y entre unas y otras veces, se lanzan al peligro tratando de limpiar los vidrios de cualquier vehículo que detenga la marcha durante el cambio de luces bajo el semáforo.
Jamás deberíamos acusar al destino de estos encadenamientos infantiles y cualquiera que sea su situación existe un hecho tortuoso que llena de tristeza hasta el más indiferente de los hombres. Podemos enfrentar la situación, pues, la realidad es una infancia pobre, una adolescencia dura y una primera juventud dolorosa.
Esa sería nuestra propia realidad, nuestra propia respuesta al futuro de decenas de niños que avanzan entre las calles de la capital, de no buscarse soluciones adecuadas y tratar de combatir el problema con energía.
¿Qué está pasando?, ¿aunque sea por un momento alguien ha pensado lo que significa dedicarle tiempo suficiente a la situación de la deuda social del país? En las instalaciones del Club Unión, en reunión con directivos, hace pocos días, una dama panameña pondera la importancia de los clubes cívicos en la nación y la eficiente transparencia de cómo utilizan sus recursos económicos para ofrecer respuestas al clamor social.
En Panamá los clubes de Leones, 20-30, Kiwanis, Rotario y las diferentes fundaciones como Casa Esperanza y Fundación Pro-Niños de Darién, entre otros, efectúan una gran labor para enfrentar situaciones sociales de angustia. Adriana de Vallarino, en un gesto que en lugar de criticarse debe aplaudirse, con un planteamiento bajo la fe cristiana mostró su interés por el esfuerzo que realizan los clubes cívicos del país y considera que deben aplaudirse y elogiarlos con fervor.
Pero la gran verdad es que el empeño de los clubes y la gran labor de la iglesia no es suficiente, Adriana de Vallarino insiste en que sus acciones sean permanentes y que se fortalezcan mediante una política de Estado más coherente porque sólo así se puede aplacar el encadenamiento social que avanza sobre tantos hogares, peor aún, el grito callejero que avanza sobre tantos niños panameños. Ella, para quien la familia es la unidad fundamental de toda la sociedad, habla de igualdad de oportunidades para todos los panameñas; apoyar iniciativas públicas y privadas para capacitación de la mujer, además entre otros aspectos, se refiere a la prioridad de programas sociales para las niñas de las calles.
Ojalá todas las fuerzas vivas de la nación se unifiquen en torno a un plan social específico, como el que plantea Adriana de Vallarino, unificando criterios con las acciones de los clubes, los cuales marchan a un ritmo cónsono ante las urgencias sociales que demanda la nación. Aplaudamos, sin partidismo político, cualquier proyecto que combata el problema social de raíz.
Ya es tiempo de que en nuestro país todos aceptemos la verdad, con transparencia. Ahora que no se hable de partidos políticos y que no se ejecuten acciones para medir culto al personalismo durante el instante de presentar proyectos legislativos con énfasis a paliar dicha situación.
Es tiempo, en plena acción de progreso, de empezar a comprender que lo que se requiere para llenar cualquier potencial social y económico es saber ayudar a la mujer en todas sus vertientes. Sí, una dama, con todos sus méritos de madre de familia y bajo una verdadera fe católica, acaba de decirlo; escuchemos sus mensajes de respuestas a la deuda social, pues de lo contrario, nos caerá el techo con crudeza como tristemente sucede en otros países hermanos de América Latina.

101 años de Panamá América

 
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