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Adultos frente a jóvenes


La responsabilidad que tenemos los adultos con la juventud, podría enfocarse desde el punto de vista físico, psíquico y emocional. Los jóvenes son el futuro cercano de la patria y nos es obligatorio preservar la salud mental, emocional y física de esos muchachos y muchachas que luchan para madurar y llegar a adultos con los rasgos que pueden darles tranquilidad en su vida.
Los problemas de los jóvenes son muchos, pero no complejos; los enredados somos los adultos. Los jóvenes en casa son sencillos; desean un poco de atención, de comunicación, de conversación y un lugar o territorio dentro de su casa y su familia. Si nosotros no somos capaces de comprenderlos, si no logramos entrar en su mundo, esos muchachos van a la calle y buscan quien los escuche, quienes les permitan ser alguien y ser parte de un grupo que ya no es el familiar sino uno extraño y que no sabemos sus costumbres y tendencias.
La sencillez con que los jóvenes exponen sus necesidades nos permitirían acceder a sus peticiones; sin embargo, no maduremos lo suficiente para abandonar las costumbres ancestrales de sentir que somos seres superiores, experimentados, lo que nos da permiso para separarnos de los jóvenes y ampliar la brecha generacional que hemos abierto. Debemos comprender que la imposición por la fuerza, por castigos corporales e imponiendo la superioridad, ya han pasado de moda. Los métodos modernos son diferentes y tenemos que entrar por ellos.
Los adultos necesitamos esa reingeniería de la que tanto he hablado aplicada a otros aspectos. Si nuestra mente continúa igual que hace 30 años, no podremos superar las etapas que se necesitan para que la juventud venga a nosotros y nosotros nos acerquemos a ellos. Son cambios indispensables que tienen que ir en la mente, porque de lo contrario no lograremos esa variación que constituye el mejor gusto por lo que significa ayudar a los demás.
Me gustaría saber qué es la familia para ellos y qué lugar les gustaría ocupar dentro de ella, por considerar que lo tienen ganado. Me gustaría saber qué opinan los jóvenes del padre radical que no cambia y que continúa con los pensamientos del pasado siglo. La vida evoluciona tan rápido que es necesario avanzar a pasos agigantados para alcanzarla. Yo tengo mi propio criterio que es de avanzada y que va muy adelante.
¿A qué debemos recurrir para un cambio relacionado a los niños, a los viejos, a los enfermos, a los discapacitados? ¿Seremos o no capaces de ver la vida desde un ángulo diferente? Los adultos no tenemos la labor de regañar, de castigar, sino de enseñar a los niños y jóvenes lo que no pudimos aprender en nuestro tiempo; enseñar con dulzura, con razonamiento, con verdades y honestidad para que ellos aprendan y sientan que sus padres y parientes se ocupan de sus problemas y los ayudan a buscarles soluciones.
Cuando veo a los ancianos deambulando por las calles, sin un hogar, sin comida ni quien se ocupe de ellos, pienso en lo que seguramente hicieron negativamente con sus hijos cuando eran jóvenes. No les dieron atención, cariño ni compañía. No fueron verdaderos padres como sí lo fueron las madres. No veo mujeres vagabundas porque siempre tienen hijos que las cuiden. No es más que el producto del comportamiento juvenil que resultó en perjuicio para ellos. Pensemos que nuestro comportamiento con los jóvenes traerá repercusiones para toda la vida en los hijos; lo que hagamos nos revertirá y así será lo que recibamos.
Así pues, pensemos en nuestro comportamiento y el respeto que le debemos a los jóvenes y que debemos ayudarlos y respaldarlos. Sólo así formaremos una nueva generación firme y clara.

101 años de Panamá América

 
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