Advertencia a la oposición
El columnista Santos Herrera ha dicho que los politiqueros "han invertido los verdaderos valores de nuestra sociedad, corrompiendo y envenenando la conciencia nacional", y que la palabra "política" es hoy "sinónimo de bribonada, viveza, engaño, falacia, deshonestidad, inmoralidad, traición, mentira, incumplimiento, deshonor, etc." (Crítica Libre 5 de febrero de 1999).
Como muchos en este país, concuerdo con esa opinión. Esta situación se debe a la dictadura de los militares y sus socios civiles, que procuró corromper a los dirigentes de la oposición cuando no logró amedrentarlos. Pero, la crisis también es culpa de la oposición. Hay que decir la verdad, cáigale a quien le caiga la teja.
Es un hecho indiscutible que el pueblo panameño, con nobleza y valor impresionantes, acude a las urnas en los momentos más difíciles y peligrosos, con la esperanza de lograr una vida mejor. No sólo vota, sino que se queda para defender su voto.
Sin embargo, la oposición no ha estado a la altura de ese pueblo. Eso lo he sustendado en varios artículos, "La dictadura de los partidos", "El pueblo luchó y los políticos claudicaron" e "Impunidad" (La Prensa 19 de enero y 19 y 30 de marzo de 1998).
Hoy citaré otros casos para que la oposición entienda cómo ha defraudado al pueblo.
En las elecciones de 1984, a pesar de que se sabía de antemano que el PRD y las Fuerzas de Defensa harían un fraude, y que se trataba de un fraude cibernético, la oposición no diseñó un plan para conjurarlo. Nada tenía preparado en caso de un fraude electoral.
Ya materializado el fraude que impuso a Nicolás "Fraudito" Barletta en la presidencia, los dirigentes de la oposición, en vez de convocar a la población que estaba ansiosa por defender lo que era justo, se dedicaron a observar el conteo de votos para legislador y a las próximas elecciones para alcaldes, representantes de corregimiento y concejales.
Inútil y dañina a la patria fue esa pragmática decisión por parte de los dirigentes de la oposición. Les robaron escaños en la Asamblea también. Es más, hay razones para creer que los votos del pueblo panameño dieron a la oposición una mayoría en la Asamblea. Pero tampoco en este caso, desempeñó un papel valiente en defensa de la democracia y la justicia.
Durante el quinquenio que está por terminar, no ha sido valiente y decidida la actuación de los dirigentes de la oposición. Un ejemplo es "el rapto de la ARI", cuando Pérez Balladares impuso las reformas que le permitieron nombrar a Nicolás Ardito Barletta como Administrador de la ARI, y obtener el control directo de la disposición de las áreas revertidas, con un valor estimado de 4.5 mil millones de dólares.
La gravedad de lo que hacía el presidente requería que la oposición convocara a una y muchas manifestaciones hasta rescatar el tesoro peteneciente a todo el pueblo panameño. Sin embargo, la oposición objetó por comunicado y declaraciones sin consecuencia.
De igual manera, como denunció José Blandón Figueroa, la complicidad opositora permitió a la Administración de Pérez Balladares aprobar una reforma electoral que en nada fortaleció a la democracia puesto que dejó sin regular el financiamiento privado a la actividad política; no limitó con efectividad el uso de fondos estatales en la publicidad gubernamental; permitió la participación de funcionarios con mando y jurisdicción en la actividad partidista interna a través de cargos directivos en los partidos, y mantuvo intacto un sistema electoral poco transparente y a disposición del poder económico y las cúpulas partidistas ("La oposición aletargada", La Prensa 18 de julio de 1997).
Los legisladores de la oposición, en su mayoría arnulfistas que están ahora con Alberto Vallarino, han sido sumisos ante la aplanadora oficialista en la Asamblea Legislativa.
Por ejemplo, sólo tres votaron en contra de la ratificación de Moy Mizrachi como directivo de la Autoridad Portuaria del Canal, pese a que éste tenía 124 denuncias penales y civiles en su contra y se escucharon numerosas protestas para impedir la aprobación de ese nombramiento (El Siglo 5 de diciembre de 1997).
La actuación entreguista de esos legisladores culminó hace poco, cuando en la Asamblea se debatía la ratificación de Gerardo Solís. A pesar de ser conocido como un incondicional de Pérez Balladares y el PRD, Solís fue ratificado como fiscal electoral con una votación de 43 votos a favor, 0 en contra y siete abstenciones. Como no hubo votos en contra, hay que presumir que los legisladores de la oposición estaban agradecidos por las partidas circuitales que Solís les había administrado como director del FES y temían adversar el nombramiento de quien ejercería un poder decisivo en todas las elecciones hasta el año 2009.
Los dirigentes de los partidos de la oposición tienen que entender los principios democráticos hay que defenderlos en todo momento. Además, hay ocasiones en que es imprescindible que se arriesguen personalmente, confrontando al que abusa del poder, frente a frente, sin violencia pero con una voluntad férrea.
Si los que han asumido la responsabilidad de ser dirigentes políticos, no ponen coto a los abusos del PRD, son sus cómplices porque en Panamá, como en el mundo entero, la maldad logra avanzar porque "los buenos" ceden el paso. Lo más triste es que, debido a la pérdida de valores en este país, ¡hay políticos corrompidos y sinvergüenzas que ni se han dado cuenta que lo son!
La oposición tiene la obligación ética y moral, no solamente política, de constituir un frente efectivo para detener los abusos del poder. Las componendas y los acuerdos pragmáticos en aras de la paz, una paz que es falsa porque se logra sólo mediante ceder ante los designios de los abusadores, anulan los principios democráticos, aumentan el abuso del poder, incrementan la corrupción y permiten que prospere la injusticia.
El pragmatismo es inmoral porque anula los valores entre la población. La gente pierde la fe en que se pueda corregir el sistema partidista y por ello, muchas veces se cambia de bando. Es debido al pragmatismo de la oposición que, como ha dicho Santos Herrera, se han "invertido los verdaderos valores de nuestra sociedad, corrompiendo y envenenando la conciencia nacional".
Hoy, a pesar de que hay claras indicaciones de que el Tribunal Electoral está parcializado, los partidos políticos de la oposición están cediendo terreno, palmo a palmo. Como sigan así, habrá un fraude similar al de 1984, mediante la eliminación de votos y la manipulación cibernética.
Debemos ejercer una presión feroz sobre los dirigentes de la oposición para que asuman sus responsabilidades ante el pueblo panameño. Debemos someter a la más severa reprobación a los dirigentes claudicantes. No hay que permitir que pasen a la Historia con un buen nombre que no se merecen.
Como muchos en este país, concuerdo con esa opinión. Esta situación se debe a la dictadura de los militares y sus socios civiles, que procuró corromper a los dirigentes de la oposición cuando no logró amedrentarlos. Pero, la crisis también es culpa de la oposición. Hay que decir la verdad, cáigale a quien le caiga la teja.
Es un hecho indiscutible que el pueblo panameño, con nobleza y valor impresionantes, acude a las urnas en los momentos más difíciles y peligrosos, con la esperanza de lograr una vida mejor. No sólo vota, sino que se queda para defender su voto.
Sin embargo, la oposición no ha estado a la altura de ese pueblo. Eso lo he sustendado en varios artículos, "La dictadura de los partidos", "El pueblo luchó y los políticos claudicaron" e "Impunidad" (La Prensa 19 de enero y 19 y 30 de marzo de 1998).
Hoy citaré otros casos para que la oposición entienda cómo ha defraudado al pueblo.
En las elecciones de 1984, a pesar de que se sabía de antemano que el PRD y las Fuerzas de Defensa harían un fraude, y que se trataba de un fraude cibernético, la oposición no diseñó un plan para conjurarlo. Nada tenía preparado en caso de un fraude electoral.
Ya materializado el fraude que impuso a Nicolás "Fraudito" Barletta en la presidencia, los dirigentes de la oposición, en vez de convocar a la población que estaba ansiosa por defender lo que era justo, se dedicaron a observar el conteo de votos para legislador y a las próximas elecciones para alcaldes, representantes de corregimiento y concejales.
Inútil y dañina a la patria fue esa pragmática decisión por parte de los dirigentes de la oposición. Les robaron escaños en la Asamblea también. Es más, hay razones para creer que los votos del pueblo panameño dieron a la oposición una mayoría en la Asamblea. Pero tampoco en este caso, desempeñó un papel valiente en defensa de la democracia y la justicia.
Durante el quinquenio que está por terminar, no ha sido valiente y decidida la actuación de los dirigentes de la oposición. Un ejemplo es "el rapto de la ARI", cuando Pérez Balladares impuso las reformas que le permitieron nombrar a Nicolás Ardito Barletta como Administrador de la ARI, y obtener el control directo de la disposición de las áreas revertidas, con un valor estimado de 4.5 mil millones de dólares.
La gravedad de lo que hacía el presidente requería que la oposición convocara a una y muchas manifestaciones hasta rescatar el tesoro peteneciente a todo el pueblo panameño. Sin embargo, la oposición objetó por comunicado y declaraciones sin consecuencia.
De igual manera, como denunció José Blandón Figueroa, la complicidad opositora permitió a la Administración de Pérez Balladares aprobar una reforma electoral que en nada fortaleció a la democracia puesto que dejó sin regular el financiamiento privado a la actividad política; no limitó con efectividad el uso de fondos estatales en la publicidad gubernamental; permitió la participación de funcionarios con mando y jurisdicción en la actividad partidista interna a través de cargos directivos en los partidos, y mantuvo intacto un sistema electoral poco transparente y a disposición del poder económico y las cúpulas partidistas ("La oposición aletargada", La Prensa 18 de julio de 1997).
Los legisladores de la oposición, en su mayoría arnulfistas que están ahora con Alberto Vallarino, han sido sumisos ante la aplanadora oficialista en la Asamblea Legislativa.
Por ejemplo, sólo tres votaron en contra de la ratificación de Moy Mizrachi como directivo de la Autoridad Portuaria del Canal, pese a que éste tenía 124 denuncias penales y civiles en su contra y se escucharon numerosas protestas para impedir la aprobación de ese nombramiento (El Siglo 5 de diciembre de 1997).
La actuación entreguista de esos legisladores culminó hace poco, cuando en la Asamblea se debatía la ratificación de Gerardo Solís. A pesar de ser conocido como un incondicional de Pérez Balladares y el PRD, Solís fue ratificado como fiscal electoral con una votación de 43 votos a favor, 0 en contra y siete abstenciones. Como no hubo votos en contra, hay que presumir que los legisladores de la oposición estaban agradecidos por las partidas circuitales que Solís les había administrado como director del FES y temían adversar el nombramiento de quien ejercería un poder decisivo en todas las elecciones hasta el año 2009.
Los dirigentes de los partidos de la oposición tienen que entender los principios democráticos hay que defenderlos en todo momento. Además, hay ocasiones en que es imprescindible que se arriesguen personalmente, confrontando al que abusa del poder, frente a frente, sin violencia pero con una voluntad férrea.
Si los que han asumido la responsabilidad de ser dirigentes políticos, no ponen coto a los abusos del PRD, son sus cómplices porque en Panamá, como en el mundo entero, la maldad logra avanzar porque "los buenos" ceden el paso. Lo más triste es que, debido a la pérdida de valores en este país, ¡hay políticos corrompidos y sinvergüenzas que ni se han dado cuenta que lo son!
La oposición tiene la obligación ética y moral, no solamente política, de constituir un frente efectivo para detener los abusos del poder. Las componendas y los acuerdos pragmáticos en aras de la paz, una paz que es falsa porque se logra sólo mediante ceder ante los designios de los abusadores, anulan los principios democráticos, aumentan el abuso del poder, incrementan la corrupción y permiten que prospere la injusticia.
El pragmatismo es inmoral porque anula los valores entre la población. La gente pierde la fe en que se pueda corregir el sistema partidista y por ello, muchas veces se cambia de bando. Es debido al pragmatismo de la oposición que, como ha dicho Santos Herrera, se han "invertido los verdaderos valores de nuestra sociedad, corrompiendo y envenenando la conciencia nacional".
Hoy, a pesar de que hay claras indicaciones de que el Tribunal Electoral está parcializado, los partidos políticos de la oposición están cediendo terreno, palmo a palmo. Como sigan así, habrá un fraude similar al de 1984, mediante la eliminación de votos y la manipulación cibernética.
Debemos ejercer una presión feroz sobre los dirigentes de la oposición para que asuman sus responsabilidades ante el pueblo panameño. Debemos someter a la más severa reprobación a los dirigentes claudicantes. No hay que permitir que pasen a la Historia con un buen nombre que no se merecen.