Adviento 2003: Renovar esperanzas
En geometría plana se estudia después de los polígonos, el círculo, que es el área o superficie comprendida dentro de una circunferencia que, a su vez, es una línea curva plana, cerrada cuyos puntos son equidistantes de otro, el centro, situado en el mismo plano. Dentro de los días del calendario hemos recorrido todo un círculo y nos encontramos de nuevo en el punto de partida de la liturgia anual. Ese punto se llama el Adviento. Circunferencia hecha de puntos que vienen a ser nuestros días. ¿Qué podemos decir ahora que un seudo vidente de esos que abundan y atemorizan, fuera y dentro de la Iglesia, a las gentes con sus predicciones y que, aparentemente, predijo la destrucción de las torres gemelas, ahora al fin, nos tuvo presentes, y nos asusta con el Atila moderno, Bin Laden de quien dice tener en la mira ahora el Canal de la República de Panamá? Me digo yo, ¿quiénes no lo han tenido en la mira?
Quiere decir que a todas las calamidades que hasta ahora nos han azotado, nos esperan otras. Tantas interrogantes no resueltas. No ya lo que sucedió con el helicóptero misterioso HP-1430, cuyo expediente ha sido archivado; no ya el caso del legislador que nos mostró billetes en la televisión como un héroe sacrificado que ha quedado como un nuevo modelo de ciudadano; no ya todo el "busilis" de las armas de muerte que fueron a dar a Colombia; no ya todo el asunto de los pinchazos apócrifos, ni los plásticos de cédulas, ahora nos vienen con que el saudita nos tiene en la mira y el desempleo continúa horrorosamente porque tal o cual compañía quiebra, fraudulentamente y la otra circunstancialmente, y la otra se fusiona y así con todo este panorama nos acercamos al fin del año y se oyen las pegajosas notas de los villancicos o Christmas Carols que nos hablan de "nieve y de Santa Claus" en un país donde la única nieve que conocemos es la de las refrigeradoras.
Para evitarnos buscar excusas en nuestros temores reales y en los artificiales o inventados, escuchamos en un programa de radio muy serio a un economista local que dice que cuando va por Centroamérica asesorando a otros colegas que luchan por encontrar salidas viables a los problemas comunes, le preguntan, ¿cómo pueden quejarse los panameños, si ellos han recibido un canal? ¿Cómo se podrían quejar y no resolver sus problemas si además de un canal han recibido una faja de tierra donde funcionó una zona norteamericana con edificios y otras instalaciones y facilidades? Y concluye el susodicho afirmando: No hemos sabido manejar la abundancia cuando otros traban de manejar la escasez. En ese contexto comenzamos el nuevo año litúrgico, pero sin la fanfarria y parafernalia que ocurrirá dentro de 30 días. La noche no ha sido de "nochevieja" sino de "nochenueva". La novedad ha entrado de puntillas en la historia, sin titulares en los periódicos, en realidad, comienza una nueva era. El Adviento es tiempo de renovar las esperanzas, aunque las fuerzas nos fallen. Sabio es el decir: hacer de tripas corazón.
Cuando el apóstol Pedro anima a los cristianos que atravesaban un duro momento a "dar razón de su esperanza" les proponía dar cuenta de las propias convicciones, y les animaba a no ceder a la aflicción, la resignación, la amargura y el derrotismo que son siempre demonios que amenazan la existencia del cristiano en cualquier tiempo. Las circunstancias históricas cambian, pero la desesperanza nos cerca siempre. Convivimos con la crueldad y el sufrimiento y nuestra cultura está transida de un grave escepticismo. Parece que la cultura se empeña en hacer imposible la esperanza y no nos queda más camino que ceder a la aflicción.
Para hacerse testigos del Adviento es menester "transitar de la aflicción a la esperanza".
"El panorama social y global y la participación de nuestras vidas no están en general como para mover a esperanza. Los horrores, crímenes, barbaridades y flagrantes injusticias se extienden, aunque intente mudar de piel pública. La posmodernidad y ultramodernidad acentúan algunos rasgos propios de la aflicción o angustia que funcionan como venenosos dardos para la esperanza.
Es tal la velocidad y el ritmo que imperan en nuestra vida cotidiana, que el presente es cada vez más limitado, y el futuro de muy corto alcance. La preocupación por el futuro que nos acompaña siempre y que el evangelio nos anima siempre a reorientar, ha desembocado en una creciente ansiedad e impotencia.
Nos sentimos incapaces, impotentes ante un futuro cada vez más inmediato y arrasador. La rapidez del presente y la incertidumbre que acompaña el porvenir van generando un sedimento de impotencia y fatiga que terminan angustiando.
¿Hay algún punto donde agarrarse? ¿Algún asidero? Jesucristo, en quien Dios no nos destinó a la ira, sino a alcanzar la salvación (I Tesalonicenses 5,9). ¿Cuál es nuestra esperanza? El reino de Dios inaugurado en Jesús. ¿Qué nos cabe esperar? Que Dios lo sea todo en todos y en todas las cosas (I Cor. 15,28). El Reino de Dios inaugurado en Jesús. Y, ¿cómo esperar? El esperar que tuvo el mismo Jesús y la nube de testigos que a través de la historia han dado razón de su esperanza.
El libro de los Proverbios afirma "Habrá un mañana, y tu esperanza no habrá sido en vano (23,18). Pero el teólogo de la esperanza es Pablo que animó a la comunidad cristiana de todo tiempo a "creer contra toda esperanza" (Rom. 4, 18).
Esperar es "creer en lo que no hace cuando lo más fácil sería dudar". Decía una escritura norteamericana: "La esperanza es cuando el dolor presente nos hace intentarlo otra vez". Esperanza sería entonces, resistencia y pasión. "Hay esperanza para tu futuro. Yo, el Señor, lo afirmo "(Jeremías 31, 17).
Las acusaciones de corrupción que han sido presentadas en su contra no se quedarán impunes, advierte Mendoza, y agrega que está conversando con sus abogados para interponer una denuncia de calumnia e injuria contra José Aizprúa.
Por lo pronto está convencido de que Aizprúa está perturbado emocionalmente y pone como prueba de ello los fracasos que ha tenido en todas sus relaciones conyugales. José, por su parte, lo niega y lo sustenta con una prueba psicológica que ya le fue aplicada y donde se le calificó de persona estable.
En medio de estos dichos y desmentidos se intentó contactar a Alva Ríos, sin embargo, los esfuerzos fueron infructuosos. Mientras tanto, corresponderá a las autoridades judiciales, de quien José Aizprúa demanda prontitud, dar trámites a cada una de las exposiciones presentadas y resolver finalmente quién tiene la razón, si es que alguien la tiene.
Quiere decir que a todas las calamidades que hasta ahora nos han azotado, nos esperan otras. Tantas interrogantes no resueltas. No ya lo que sucedió con el helicóptero misterioso HP-1430, cuyo expediente ha sido archivado; no ya el caso del legislador que nos mostró billetes en la televisión como un héroe sacrificado que ha quedado como un nuevo modelo de ciudadano; no ya todo el "busilis" de las armas de muerte que fueron a dar a Colombia; no ya todo el asunto de los pinchazos apócrifos, ni los plásticos de cédulas, ahora nos vienen con que el saudita nos tiene en la mira y el desempleo continúa horrorosamente porque tal o cual compañía quiebra, fraudulentamente y la otra circunstancialmente, y la otra se fusiona y así con todo este panorama nos acercamos al fin del año y se oyen las pegajosas notas de los villancicos o Christmas Carols que nos hablan de "nieve y de Santa Claus" en un país donde la única nieve que conocemos es la de las refrigeradoras.
Para evitarnos buscar excusas en nuestros temores reales y en los artificiales o inventados, escuchamos en un programa de radio muy serio a un economista local que dice que cuando va por Centroamérica asesorando a otros colegas que luchan por encontrar salidas viables a los problemas comunes, le preguntan, ¿cómo pueden quejarse los panameños, si ellos han recibido un canal? ¿Cómo se podrían quejar y no resolver sus problemas si además de un canal han recibido una faja de tierra donde funcionó una zona norteamericana con edificios y otras instalaciones y facilidades? Y concluye el susodicho afirmando: No hemos sabido manejar la abundancia cuando otros traban de manejar la escasez. En ese contexto comenzamos el nuevo año litúrgico, pero sin la fanfarria y parafernalia que ocurrirá dentro de 30 días. La noche no ha sido de "nochevieja" sino de "nochenueva". La novedad ha entrado de puntillas en la historia, sin titulares en los periódicos, en realidad, comienza una nueva era. El Adviento es tiempo de renovar las esperanzas, aunque las fuerzas nos fallen. Sabio es el decir: hacer de tripas corazón.
Cuando el apóstol Pedro anima a los cristianos que atravesaban un duro momento a "dar razón de su esperanza" les proponía dar cuenta de las propias convicciones, y les animaba a no ceder a la aflicción, la resignación, la amargura y el derrotismo que son siempre demonios que amenazan la existencia del cristiano en cualquier tiempo. Las circunstancias históricas cambian, pero la desesperanza nos cerca siempre. Convivimos con la crueldad y el sufrimiento y nuestra cultura está transida de un grave escepticismo. Parece que la cultura se empeña en hacer imposible la esperanza y no nos queda más camino que ceder a la aflicción.
Para hacerse testigos del Adviento es menester "transitar de la aflicción a la esperanza".
"El panorama social y global y la participación de nuestras vidas no están en general como para mover a esperanza. Los horrores, crímenes, barbaridades y flagrantes injusticias se extienden, aunque intente mudar de piel pública. La posmodernidad y ultramodernidad acentúan algunos rasgos propios de la aflicción o angustia que funcionan como venenosos dardos para la esperanza.
Es tal la velocidad y el ritmo que imperan en nuestra vida cotidiana, que el presente es cada vez más limitado, y el futuro de muy corto alcance. La preocupación por el futuro que nos acompaña siempre y que el evangelio nos anima siempre a reorientar, ha desembocado en una creciente ansiedad e impotencia.
Nos sentimos incapaces, impotentes ante un futuro cada vez más inmediato y arrasador. La rapidez del presente y la incertidumbre que acompaña el porvenir van generando un sedimento de impotencia y fatiga que terminan angustiando.
¿Hay algún punto donde agarrarse? ¿Algún asidero? Jesucristo, en quien Dios no nos destinó a la ira, sino a alcanzar la salvación (I Tesalonicenses 5,9). ¿Cuál es nuestra esperanza? El reino de Dios inaugurado en Jesús. ¿Qué nos cabe esperar? Que Dios lo sea todo en todos y en todas las cosas (I Cor. 15,28). El Reino de Dios inaugurado en Jesús. Y, ¿cómo esperar? El esperar que tuvo el mismo Jesús y la nube de testigos que a través de la historia han dado razón de su esperanza.
El libro de los Proverbios afirma "Habrá un mañana, y tu esperanza no habrá sido en vano (23,18). Pero el teólogo de la esperanza es Pablo que animó a la comunidad cristiana de todo tiempo a "creer contra toda esperanza" (Rom. 4, 18).
Esperar es "creer en lo que no hace cuando lo más fácil sería dudar". Decía una escritura norteamericana: "La esperanza es cuando el dolor presente nos hace intentarlo otra vez". Esperanza sería entonces, resistencia y pasión. "Hay esperanza para tu futuro. Yo, el Señor, lo afirmo "(Jeremías 31, 17).
Las acusaciones de corrupción que han sido presentadas en su contra no se quedarán impunes, advierte Mendoza, y agrega que está conversando con sus abogados para interponer una denuncia de calumnia e injuria contra José Aizprúa.
Por lo pronto está convencido de que Aizprúa está perturbado emocionalmente y pone como prueba de ello los fracasos que ha tenido en todas sus relaciones conyugales. José, por su parte, lo niega y lo sustenta con una prueba psicológica que ya le fue aplicada y donde se le calificó de persona estable.
En medio de estos dichos y desmentidos se intentó contactar a Alva Ríos, sin embargo, los esfuerzos fueron infructuosos. Mientras tanto, corresponderá a las autoridades judiciales, de quien José Aizprúa demanda prontitud, dar trámites a cada una de las exposiciones presentadas y resolver finalmente quién tiene la razón, si es que alguien la tiene.