Agradecen solidaridad
La comunidad educativa del Instituto Comercial Bolívar, integrado por directivos, administrativos, docentes, estudiantes, Padres y Madres de Familia, deseamos expresar a la comunidad en general, nuestro más profundo agradecimiento por las muestras de solidaridad y afecto recibidas con motivo del fatal fallecimiento de nuestra estudiante Ilka Iveth Cherigo Gil, quien fue víctima de un mortal atropello por un transportista irresponsable el día 18 de julio de 2003.
En particular a los diferentes medios de comunicación, por la cobertura que dieron a este lamentable suceso, despertando la conciencia de la colectividad, hasta culminar con la captura del responsable del crimen que segó la vida y el futuro de una joven promesa que cursaba VI año en nuestro plantel educativo.
Tampoco apuestan por la filantropía, término muy extendido en el discurso empresarial, porque la filantropía trata de promover el desinterés, mientras que la responsabilidad social se dirige a lo que los actuales kantianos llamaríamos el interés universalizable; la empresa no puede optar por una ética desinteresada, pero sí puede y debe hacerlo por una ética del interés de todos los afectados por ella: clientes, trabajadores, accionistas, proveedores, organizaciones cívicas, lugar de implantación, administración.
Por último, la empresa socialmente responsable no busca el suicidio económico, sino todo lo contrario. La Cumbre de Lisboa de 2000 se proponía convertir a la Unión Europea en el 2010, en “la economía del conocimiento más competitiva y dinámica del mundo”, pero hacerlo intentando que sea “capaz de crecer económicamente de manera sostenible, con más y mejores empleos y con mayor cohesión social”. La estrategia europea de lograr un desarrollo sostenible, acordada en Gotemburgo en 2001, consistiría en tratar de conseguir que, a largo plazo, crecimiento económico, cohesión social y protección medioambiental caminen en paralelo. Éstos serían los tres pilares de una empresa humana, por justa y eficiente.
Desde una opción semejante los acuerdos de la OMC sobre genéricos serían ya leyenda, no un hecho reciente, y no existirían complicidades entre promotores de la construcción y políticos, ni tantos otros sucesos nefastos que más perjudican a los más débiles. El problema, como siempre, es si este nuevo -y antiguo- concepto de responsabilidad social no será una operación de cosmética, más que de ética.
Hace poco me decía mi amigo y excelente sociólogo José María Tortosa, hablando de una organización humanitaria: son gentes normales, quieren palabras, no hechos. Tenía razón en aquel caso, tal vez será verdad también en éste. Pero entonces estarán siempre en otra esquina no sólo los paraísos, sino también la más elemental humanidad.
Catedrática de la Universidad de Valencia Agencia de Información Solidaria(infosolidaria@telefonica.net)
En particular a los diferentes medios de comunicación, por la cobertura que dieron a este lamentable suceso, despertando la conciencia de la colectividad, hasta culminar con la captura del responsable del crimen que segó la vida y el futuro de una joven promesa que cursaba VI año en nuestro plantel educativo.
Tampoco apuestan por la filantropía, término muy extendido en el discurso empresarial, porque la filantropía trata de promover el desinterés, mientras que la responsabilidad social se dirige a lo que los actuales kantianos llamaríamos el interés universalizable; la empresa no puede optar por una ética desinteresada, pero sí puede y debe hacerlo por una ética del interés de todos los afectados por ella: clientes, trabajadores, accionistas, proveedores, organizaciones cívicas, lugar de implantación, administración.
Por último, la empresa socialmente responsable no busca el suicidio económico, sino todo lo contrario. La Cumbre de Lisboa de 2000 se proponía convertir a la Unión Europea en el 2010, en “la economía del conocimiento más competitiva y dinámica del mundo”, pero hacerlo intentando que sea “capaz de crecer económicamente de manera sostenible, con más y mejores empleos y con mayor cohesión social”. La estrategia europea de lograr un desarrollo sostenible, acordada en Gotemburgo en 2001, consistiría en tratar de conseguir que, a largo plazo, crecimiento económico, cohesión social y protección medioambiental caminen en paralelo. Éstos serían los tres pilares de una empresa humana, por justa y eficiente.
Desde una opción semejante los acuerdos de la OMC sobre genéricos serían ya leyenda, no un hecho reciente, y no existirían complicidades entre promotores de la construcción y políticos, ni tantos otros sucesos nefastos que más perjudican a los más débiles. El problema, como siempre, es si este nuevo -y antiguo- concepto de responsabilidad social no será una operación de cosmética, más que de ética.
Hace poco me decía mi amigo y excelente sociólogo José María Tortosa, hablando de una organización humanitaria: son gentes normales, quieren palabras, no hechos. Tenía razón en aquel caso, tal vez será verdad también en éste. Pero entonces estarán siempre en otra esquina no sólo los paraísos, sino también la más elemental humanidad.
Catedrática de la Universidad de Valencia Agencia de Información Solidaria(infosolidaria@telefonica.net)