Agresión y televisión
LA MAYORÍA DE LAS personas adultas y menores de edad ya no puede ni imaginar vivir sin la televisión. Pero una parte sustantiva de muchos canales son programas plagados de violencia física, verbal, sexual o sicológicas. Consumir alto niveles de violencia televisiva es tan perjudicial para niños y niñas como beber y fumar.
En promedio, la TV está encendida en los hogares durante más siete horas diarias. Muchos niños pasan frente a la pantalla el equivalente a unos 150 días de escuela al año.
Diversos estudios (por ejemplo, Gelles y Levine) prueban que los niños más agresividad en el aula miraban los programas de TV de más violencia. Los menores aprenden patrones de comportamiento agresivo y recrean las escenas, en especial si en el filme el comportamiento violento es premiado. Luego, los niños retoman estos comportamientos cuando se enfrentan a una situación respondiendo agresivamente. El camino para resolver conflictos se les muestra a través de la fuerza física, por lo que incluso los héroes positivos deben de luchar violentamente por sus derechos. Los mensajes que más perjudican a los televidentes menores no son necesariamente los más sangrientos, sino aquellos donde el sujeto violento es galardonado por la violencia ejercida por lo que se justifica la agresión.
Definitivamente nadie puede negar que la TV tiene gran influencia en comportamientos y actitudes, pero la vigilancia familiar está cada vez más ausente, pues los padres están ocupados fuera del hogar o no son conscientes del problema. La TV violenta hoy, es más un problema de salud pública que de libertad de creación.
José Olivari, afirma en su "Carta de los derechos del televidente", que:
Los televidentes tienen el derecho a tener acceso a programas que rescaten la identidad y riqueza del patrimonio cultural y artístico de nuestra sociedad, en horarios de máxima audiencia. La difusión de un relato televisivo únicamente regido por el consumo y el mercado, contribuye a la perdida de la memoria histórica, y de la propia identidad cultural. Frente a esta realidad la participación de la sociedad multicultural en la producción cultural sirve de base al fortalecimiento de una representación social democrática, y el replanteo de la misma noción de cultura en la comunidad nacional.
Los televidentes tienen el derecho a recibir contenidos y temáticas fáciles de identificar y que contribuyan a la reflexión. Los valores, conceptos y visiones de mundo, transmitidos por la televisión, pueden contribuir en gran medida a la formación de un punto de vista crítico por parte de los televidentes, siempre cuando se encaucen de una perspectiva de no violación de la frontera, de la intimidad del televidente.
Es importante establecer defensores de los televidentes, de los oyentes y de los lectores de revistas y periódicos, tan ausentes en nuestro Panamá. Su misión sería proteger y garantizar los derechos de receptores y consumidores de medios, atender sus quejas, cuestionamientos, dudas, y sugerencias; y vigilar que el manejo de formas y contenidos del medio sea coherente con ética comunicativa.
Consuelo Cepeda, de la Defensoría del Televidente del Canal colombiano RCN, ejemplifica así la labor realizada: "Ya han transcurrido tres años desde el inicio de la defensoría del televidente, trienio a través del cual los televidentes han asumido sus derechos como audiencia, derechos que definitivamente los hacen sentir parte de "nuestra tele", pues todos los reclamos no sólo han sido escuchados y analizados, sino que también se tomaron decisiones trascendentales dentro del Canal RCN con base en denuncias de los telespectadores: las historias de la vida real no se graban sin previa autorización de sus protagonistas, las noticias que han utilizado imágenes de colombianos del común, se han debido modificar, aclarar o rectificar, cuando alguno de los televidentes ha considerado que se violó su derecho a la propia imagen. Programas de alto contenido violento como "Unidad Investigativa" o "Pandillas Guerra y Paz" han sido trasladados a horarios nocturnos con el fin de no ofender o herir sensibilidades. Los niños y niñas de Colombia se constituyen hoy por hoy en los espectadores más delicados para el Canal RCN, por lo tanto se conserva su intimidad y anonimato en noticias que tienen que ver directamente con ellos, cubriendo sus rostros o manejando de una manera muy sutil su incursión dentro de los informativos.
Si recordamos las primeras emisiones de los informativos, vienen a nuestra memoria aquellos planos de muertos, heridos, y declaraciones desgarradoras que hacían el amarillismo puro en la noticia. Hoy, después de mucho trabajo de interacción con la teleaudiencia y con las directivas del canal, es imposible volver a ver este tipo de información. Los realities, que en su momento causaron escándalo por temas sexuales y manejo de la vida privada de los concursantes, hoy centran sus contenidos en sanas competencias, unas veces para ser actores y otras -como recientemente vimos en La isla de los famosos- en aprender a subsistir. Atrás quedaron las escenas de cama, los diálogos agresivos, los planos provocadores e incitadores al morbo".
¿Cuándo le pondremos el cascabel al gato?
(raulleisr@hotmail.com)
En promedio, la TV está encendida en los hogares durante más siete horas diarias. Muchos niños pasan frente a la pantalla el equivalente a unos 150 días de escuela al año.
Diversos estudios (por ejemplo, Gelles y Levine) prueban que los niños más agresividad en el aula miraban los programas de TV de más violencia. Los menores aprenden patrones de comportamiento agresivo y recrean las escenas, en especial si en el filme el comportamiento violento es premiado. Luego, los niños retoman estos comportamientos cuando se enfrentan a una situación respondiendo agresivamente. El camino para resolver conflictos se les muestra a través de la fuerza física, por lo que incluso los héroes positivos deben de luchar violentamente por sus derechos. Los mensajes que más perjudican a los televidentes menores no son necesariamente los más sangrientos, sino aquellos donde el sujeto violento es galardonado por la violencia ejercida por lo que se justifica la agresión.
Definitivamente nadie puede negar que la TV tiene gran influencia en comportamientos y actitudes, pero la vigilancia familiar está cada vez más ausente, pues los padres están ocupados fuera del hogar o no son conscientes del problema. La TV violenta hoy, es más un problema de salud pública que de libertad de creación.
José Olivari, afirma en su "Carta de los derechos del televidente", que:
Los televidentes tienen el derecho a tener acceso a programas que rescaten la identidad y riqueza del patrimonio cultural y artístico de nuestra sociedad, en horarios de máxima audiencia. La difusión de un relato televisivo únicamente regido por el consumo y el mercado, contribuye a la perdida de la memoria histórica, y de la propia identidad cultural. Frente a esta realidad la participación de la sociedad multicultural en la producción cultural sirve de base al fortalecimiento de una representación social democrática, y el replanteo de la misma noción de cultura en la comunidad nacional.
Los televidentes tienen el derecho a recibir contenidos y temáticas fáciles de identificar y que contribuyan a la reflexión. Los valores, conceptos y visiones de mundo, transmitidos por la televisión, pueden contribuir en gran medida a la formación de un punto de vista crítico por parte de los televidentes, siempre cuando se encaucen de una perspectiva de no violación de la frontera, de la intimidad del televidente.
Es importante establecer defensores de los televidentes, de los oyentes y de los lectores de revistas y periódicos, tan ausentes en nuestro Panamá. Su misión sería proteger y garantizar los derechos de receptores y consumidores de medios, atender sus quejas, cuestionamientos, dudas, y sugerencias; y vigilar que el manejo de formas y contenidos del medio sea coherente con ética comunicativa.
Consuelo Cepeda, de la Defensoría del Televidente del Canal colombiano RCN, ejemplifica así la labor realizada: "Ya han transcurrido tres años desde el inicio de la defensoría del televidente, trienio a través del cual los televidentes han asumido sus derechos como audiencia, derechos que definitivamente los hacen sentir parte de "nuestra tele", pues todos los reclamos no sólo han sido escuchados y analizados, sino que también se tomaron decisiones trascendentales dentro del Canal RCN con base en denuncias de los telespectadores: las historias de la vida real no se graban sin previa autorización de sus protagonistas, las noticias que han utilizado imágenes de colombianos del común, se han debido modificar, aclarar o rectificar, cuando alguno de los televidentes ha considerado que se violó su derecho a la propia imagen. Programas de alto contenido violento como "Unidad Investigativa" o "Pandillas Guerra y Paz" han sido trasladados a horarios nocturnos con el fin de no ofender o herir sensibilidades. Los niños y niñas de Colombia se constituyen hoy por hoy en los espectadores más delicados para el Canal RCN, por lo tanto se conserva su intimidad y anonimato en noticias que tienen que ver directamente con ellos, cubriendo sus rostros o manejando de una manera muy sutil su incursión dentro de los informativos.
Si recordamos las primeras emisiones de los informativos, vienen a nuestra memoria aquellos planos de muertos, heridos, y declaraciones desgarradoras que hacían el amarillismo puro en la noticia. Hoy, después de mucho trabajo de interacción con la teleaudiencia y con las directivas del canal, es imposible volver a ver este tipo de información. Los realities, que en su momento causaron escándalo por temas sexuales y manejo de la vida privada de los concursantes, hoy centran sus contenidos en sanas competencias, unas veces para ser actores y otras -como recientemente vimos en La isla de los famosos- en aprender a subsistir. Atrás quedaron las escenas de cama, los diálogos agresivos, los planos provocadores e incitadores al morbo".
¿Cuándo le pondremos el cascabel al gato?
(raulleisr@hotmail.com)