Agro: ¿Y la II Reunión de Ministros?
Sencillamente se desvaneció. Con la significativa ausencia de sus pretendidos protagonistas: los productores agropecuarios. Más allá de los consabidos discursos, "vocablos nuevos para problemas viejos" y los buenos deseos e intenciones del auspiciante Instituto Interamericano de Cooperación para la Agricultura (IICA), el cónclave hemisférico de una treintena de ministros de Agricultura, parece habernos dejado muy pocas innovaciones. Tal vez, valdría la pena comentar (otro) Plan de Acción, firmado durante aquella reunión.
¿En qué consiste el "Plan de Acción 2003-2015"? Se trata de una proyección futurista, con ribetes idílicos, equivalente a lo que el IICA y, posiblemente, algún productor soñador desearía para Latinoamérica en el año 2015. El Plan establece "objetivos estratégicos" para alcanzar dicha visión, haciendo constar, señala el documento: "nuestros compromisos asumidos en la Declaración de Bávaro (I Reunión en Santo Domingo), así: Prosperidad rural, seguridad alimentaria, inserción internacional e integración rural de la agricultura y el desarrollo sostenible de la agricultura y el medio rural" (sic.)
En verdad, nadie podría adversar estos anhelos. Pero contrariamente a ellos, existe una realidad que nos obliga a poner los pies en tierra. Sobre el particular y apelando a la raíz del asunto, habría que preguntarse en primerísimo lugar y por enésima vez, si la clase política, las elites decisorias, al menos en nuestro país, tienen la suficiente conciencia y sensibilidad del problema y sus alcances como para estar dispuestas a priorizar y enfrascarse en crear las condiciones para un verdadero desarrollo rural. En otras palabras, pasar del discurso desgastado y poco convincente, a las realizaciones tangibles y medibles. La impaciencia, aguijoneada por el hambre y la desesperanza, vuelve a crecer en el continente. No se olvide.
Poco agregaría en esta ocasión con cifras renovadas sobre la pobreza en los campos y la devastación ambiental aupada, en no pocos casos, desde las esferas oficiales; sin propuestas claras, a la deriva, a lo que se une el panorama aún confuso de los tratados de libre comercio con el Norte, con abismales asimetrías, léase subsidios (1,200 millones de dólares diarios), alto costo de insumos, devaluación de materias primas y otros factores no menos onerosos y en desventaja para nuestros países Sur.
¿Qué corresponde? Los productores tienen que hacer lo suyo, que no se circunscribe a producir. Ante la indiferencia real, los gremios y asociaciones del sector que produce comida, y sus profesionales, tienen que repensar nuevas metodologías de organización y planteamiento. Ciertamente no podrán hacerlo solos, ni jugando a varios sombreros, ni al "llanto táctico". Ante todo se debe practicar la credibilidad a lo interno de los gremios (pasos alentadoramente crecientes), en conjunción y alianza con la sociedad civil y el movimiento ambientalista, al efecto de generar voluntades, entonces sí, para el beneficio de una población, agricultores y consumidores pobres que, al fin y al cabo, es la que paga el retraso y las deficiencias del agro.
En suma, el "Plan de Acción: Agro 2003-15 para la Prosperidad Rural de las Américas" representa, en todo caso, un ancho parámetro cuyas agendas bianuales bien podrían servir de guía, complementada con la maduración que ya existe en el país, situado en toneladas de papel que reposan en los estudios, proyectos, consultorías y propuestas que duermen como quien dice, el sueño de la indolencia, el egoísmo y la miopía, que par el caso del agro panameño, son equivalentes.
*Presidente de la Red de Periodistas Ambientalistas de Panamá (REDPA).
¿En qué consiste el "Plan de Acción 2003-2015"? Se trata de una proyección futurista, con ribetes idílicos, equivalente a lo que el IICA y, posiblemente, algún productor soñador desearía para Latinoamérica en el año 2015. El Plan establece "objetivos estratégicos" para alcanzar dicha visión, haciendo constar, señala el documento: "nuestros compromisos asumidos en la Declaración de Bávaro (I Reunión en Santo Domingo), así: Prosperidad rural, seguridad alimentaria, inserción internacional e integración rural de la agricultura y el desarrollo sostenible de la agricultura y el medio rural" (sic.)
En verdad, nadie podría adversar estos anhelos. Pero contrariamente a ellos, existe una realidad que nos obliga a poner los pies en tierra. Sobre el particular y apelando a la raíz del asunto, habría que preguntarse en primerísimo lugar y por enésima vez, si la clase política, las elites decisorias, al menos en nuestro país, tienen la suficiente conciencia y sensibilidad del problema y sus alcances como para estar dispuestas a priorizar y enfrascarse en crear las condiciones para un verdadero desarrollo rural. En otras palabras, pasar del discurso desgastado y poco convincente, a las realizaciones tangibles y medibles. La impaciencia, aguijoneada por el hambre y la desesperanza, vuelve a crecer en el continente. No se olvide.
Poco agregaría en esta ocasión con cifras renovadas sobre la pobreza en los campos y la devastación ambiental aupada, en no pocos casos, desde las esferas oficiales; sin propuestas claras, a la deriva, a lo que se une el panorama aún confuso de los tratados de libre comercio con el Norte, con abismales asimetrías, léase subsidios (1,200 millones de dólares diarios), alto costo de insumos, devaluación de materias primas y otros factores no menos onerosos y en desventaja para nuestros países Sur.
¿Qué corresponde? Los productores tienen que hacer lo suyo, que no se circunscribe a producir. Ante la indiferencia real, los gremios y asociaciones del sector que produce comida, y sus profesionales, tienen que repensar nuevas metodologías de organización y planteamiento. Ciertamente no podrán hacerlo solos, ni jugando a varios sombreros, ni al "llanto táctico". Ante todo se debe practicar la credibilidad a lo interno de los gremios (pasos alentadoramente crecientes), en conjunción y alianza con la sociedad civil y el movimiento ambientalista, al efecto de generar voluntades, entonces sí, para el beneficio de una población, agricultores y consumidores pobres que, al fin y al cabo, es la que paga el retraso y las deficiencias del agro.
En suma, el "Plan de Acción: Agro 2003-15 para la Prosperidad Rural de las Américas" representa, en todo caso, un ancho parámetro cuyas agendas bianuales bien podrían servir de guía, complementada con la maduración que ya existe en el país, situado en toneladas de papel que reposan en los estudios, proyectos, consultorías y propuestas que duermen como quien dice, el sueño de la indolencia, el egoísmo y la miopía, que par el caso del agro panameño, son equivalentes.
*Presidente de la Red de Periodistas Ambientalistas de Panamá (REDPA).