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Agua, agua, agua


Así gritan los tunantes en tiempo de carnaval. El agua corre por las calles mezclada con todo tipo de inmundicias, mientras la gente salta y se divierte. Pues bien, acontece que ya comienza a escucharse la misma tina con similar algarabía sobre el planeta; porque el hombre se ha dado a la tarea de destruir las fuentes hídricas y deberá pagar semejante desatino. En la Amazonia las motosierras destruyen miles de hectáreas de bosques y sobre los océanos, los accidentes provocados por los supertanqueros repletos de petróleo cubren bajo un negro manto la vida de peces, aves y crustáceos. En los países en vías de desarrollo la roza y la quema impregna de humo el planeta, mientras las naciones industrializadas hacen de los países pobres el basurero para sus desperdicios y el escenario propicio para sus prácticas atómicas. El mar, que cubre el 75% de la Tierra, se está convirtiendo en un enorme estercolero en el que se deposita la basura tóxica del mundo "desarrollado", aunada a la falta de previsión de las naciones que están en vías de desarrollo.
Nada escapa a la voracidad del hombre, a su materialismo económico y su falta de cultura ecológica. Pensamos que se trata de un asunto de poca monta y no pocas veces desconocemos la magnitud de la problemática. En Europa se puede palpar la destrucción en el caso del Río Rhin. Se estima que esta corriente fluvial tiene una contaminación de 200 mil bacterias por centímetro cúbico; el mismo río que ha sido denominado por grupos ecologistas como "cloaca abierta". Otro tanto acontece en Madrid con el Río Manzanares, mientras en Hungría una mina de oro contamina con cianuro a varios países vecinos y gran parte del legendario Danubio experimenta la destrucción de su ecosistema fluvial. Por su parte, en nuestro país no se quedan atrás la Bahía de Panamá, el Río Pacora y la cuenca hidrográfica del Canal. Todo esto producto del saqueo de los recursos de la naturaleza y el silencio cómplice de la clase política, así como de los organismos públicos y privados responsables de su conservación. Tenemos muchos grupos "ecologistas", pero irónicamente un silencio que aterra. Además, no pocos intelectuales demasiado ocupados en discutir el problema de la pobreza, mientras caminan sobre alfombras, en salones con aire acondicionado y brindan con champaña para solidarizarse por la suerte de los famélicos del planeta.
No menos aterrador es lo que observamos en la región de Azuero, tierra de carnavales, béisbol, reinados, ganadería y deforestación. En esta zona geográfica, la mayoría de la población se encuentra ubicada en torno al llamado "arco seco". Encontramos un amplio sector poblacional que depende de los ríos que se localizan desde Divisa a Pedasí, muchos de los cuales están haciendo crisis por el uso inapropiado que se hace de ellos. En Los Santos y Herrera los casos que ilustran con mayor dramatismo lo que indicamos corresponden a los ríos La Villa y Guararé.
Por ejemplo, el Ministerio de Salud, a la altura del puente que conduce a la aludida comunidad guarareña, se ha visto obligado a colocar un letrero anunciando que se prohibe bañarse debido a la contaminación de las aguas. Igual acontece con el Río La Villa. En contra de la corriente fluvial se han ensañado las aguas negras, agroquímicos, objetos físicos (plásticos, latas, botellas, etc.), productos químicos no biodegradables (detergentes) y una extracción de cascajo que hace urgente el emprender una cruzada conducente a la depuración de las aguas y a la formación de una cultura ecológica.
Sin embargo, nada de esto se está haciendo. Incluso el propio gobierno nacional no tiene una política definida al respecto, por más que exista un organismo gubernamental como el IDAAN y se rasgue las vestiduras conmemorando el Día Mundial del Agua.
Como van las cosas pronto tendremos sobre el planeta una nueva conflagración bélica. Los grandes poderes hegemónicos se disputarán las fuentes de agua y grandes consorcios internacionales convertirán al preciado líquido en lujosa mercancía. La ONU señala que dos de cada tres personas vivirá con problemas de agua en el año 2025. Lo que plantea no es un escenario remoto, ya que en Panamá es notoria la cantidad de agua embotellada que se vende en los supermercados. Todos esto acontece mientras la clase alta y media riega la grama de sus residencias en pleno verano, sólo por asunto de estética y darse "tono". Otro caso es el de los sectores populares que muchas veces viven como gorgojos esperando el escaso líquido que sustenta la vida. El agua, que otrora fue un elemento cuya sólo mención estimulaba en la mente una placentera sensación de frescor, ahora provoca estímulos disociadores y conflicto social.
¿Qué vamos a hacer con el agua?, tal es la pregunta que no terminamos de contestar los panameños.

101 años de Panamá América

 
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