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Agua y demagogia


De hecho, el contenido del proyecto de ley supone una apuesta rotunda por una política de agua definitivamente asentada sobre una correcta gestión integral del recurso hídrico, así como por un auténtico compromiso de planificar, diseñar, construir y mantener todo lo concerniente al suministro de agua potable y alcantarillados en todo el país. Buena prueba de ello son las modificaciones normativas a las que se debe enfrentar el IDAAN, para que sea sujeto de crédito y sea dirigido por una junta directiva en la que haya representación de la sociedad civil. También la entidad podrá formular sus tarifas de acuerdo con el costo de la producción de agua potable y los costos de operaciones y distribución, a la vez que podrá otorgar en concesión algunos servicios como el de facturación o el de reparación.
El actual gobierno llegó al poder en 1999 cargado de promesas sobre la regeneración democrática, y la superación de los errores cometidos por la administración anterior en el tema de las reformas del sector de los servicios públicos. Pero cuatro años después de las privatizaciones en telecomunicaciones y electricidad, ya se pueden comprobar en el sector agua las trágicas consecuencias por la drástica reducción en calidad y eficiencia por no haber planificado y ejecutado un nivel óptimo de inversión pública. Por tal razón, el país espera que este proyecto de ley sirva de marco propicio para que la iniciativa privada dé como fruto semillas para la inversión de capital y refleje en el servicio a los usuarios una mejor calidad en la producción y suministro del vital líquido.
De lo contrario, sería curioso que el actual gobierno pretenda enarbolar la bandera de la nacionalización a ultranza en el sector agua, cuando está demostrado, desde que gobierna, la escasa aplicación de criterios coherentes a la hora de diseñar un plan económico que garantice un desarrollo sostenible. Mantener al IDAAN en el status actual sería regresar a los años del derroche, populismo y del endeudamiento.
Sería lamentable también que el debate quedara sepultado por tópicos que acaban enfrentando sin razón a una ideología con otra, en torno a una propuesta que supone, sobre todo, una formidable oportunidad para salir hacia delante a mejorar nuestras carencias en materia de agua. El problema ya no es cómo ni quién suministra el agua sino que, si no se hace nada, no habrá agua del todo.

101 años de Panamá América

 
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