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Ahora le toca al pueblo


Cuando al comienzo de su gestión, le pregunté el vice ministro de Economía por las intenciones del nuevo gobierno, él me contestó que Martinelli era el Robin Hood de los pobres panameños. Sinceramente, esa respuesta me preocupó, viniendo de un funcionario de tan alta jerarquía, a lo que respondí inmediatamente: señor Vice Ministro, nosotros no escogimos al Presidente de la República para que le quite a los ricos para darle a los pobres.

No se confundan, estoy de acuerdo con la inmensa mayoría de las medidas que el nuevo gobierno ha tomado, en aras de traer la tan anhelada igualdad jurídica a este pequeño Istmo, y de que el Estado reclame lo que en Derecho le corresponde. A la luz de estos sencillos pero importantísimos principios es que entiendo la mayoría de las medidas y las justifico y aplaudo.

Eso no es lo mismo, que pretender que llegó el Presidente que le va a quitar a los pobres para darle a los ricos, porque esa actitud supondría que la actividad económica y la acumulación de riqueza bien habida tiene algo malo implícito. Y me costaría mucho creer que un gobierno liderado por empresarios trate de implementar tan chueco principio.

A parte de las cosas evidentemente buenas que han sucedido durante estos meses, he observado estupefacto, como, a punta de créditos extraordinarios, el nuevo gobierno, se hizo de los fondos que supuestamente necesitaba para oxigenar cuánta institución pública creyera que necesitaba oxígeno. Detrás, frente a estas multimillonarias erogaciones, siempre queda la sensación de que la inversión social sigue siendo la piñata del presupuesto, tal y como lo hemos experimentado en las dos últimas administraciones gubernamentales. Ojalá y esté equivocado.

Y como cereza del helado, los innumerables escándalos del alcalde capitalino, la pretendida compra de un avión presidencial y los ya innumerables viajes del mandatario en tan poco tiempo de estar en palacio; dejan un sabor tanto amargo como dulce en el paladar del panameño. Sobretodo, la sensación de que con la plata del Estado podemos hacer fiesta, cuidado nadie se meta con mis intereses personales.

Ahora le toca al pueblo, indeed.

101 años de Panamá América

 
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