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Ahora o nunca


La inseguridad que se vive en el país no solo es asunto de percepción ciudadana como lo hacen ver las autoridades. Los hechos son reales y no inventos exagerados de los medios.

Los panameños se están acostumbrando a despertar con dos y tres asesinatos diariamente y no todos tienen que ver con nexos con el narcotráfico, cuyas tragedias parecen justificar quienes comandan los estamentos de seguridad.

Las víctimas inocentes por robos y asaltos, además de los femicidios (Panamá ocupa el puesto número 10 en todo el mundo, de acuerdo con informe), siguen aumentando, a pesar de que las autoridades insistan en comparar cifras anuales.

En estos últimos días, las autoridades parecen que viven conformes con los grandes decomisos de droga de los carteles, pero que en su mayoría pocos son los arrestos de los implicados.

Es cierto que la labor de los encargados de velar por la seguridad de todos los panameños es titánica, pero en estos momentos, el miedo empieza a desesperar, máxime cuando el propio viceministro de Seguridad ha admitido que manejan información sobre la presencia en Darién de células de las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia, de las maras centroamericanas y de grupos delictivos mexicanos, reconocidos por su temible forma de operar.

En el país hace falta una verdadera política criminológica, cuyo ideal sea evitar al máximo de lo posible la cantidad de hechos delictivos e implementar una resocialización de quienes un día quebrantaron los preceptos de la ley.

Además, urge que el Gobierno aplique las medidas necesarias para evitar el ingreso de estas personas, pues Panamá no puede darse el lujo de permitir la importación de delincuencia.

101 años de Panamá América

 
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