Ahora que Mireya es presidenta de todos
La democracia galopaba en el pensamiento hasta tornarse tras el voto, en una realidad palpable dentro del acontecer nacional: Mireya Moscoso triunfó en buena lid y fue proclamada como la presidenta de todos los panameños. Desde entonces la risa bíblica de Sara se asomó en el semblante de muchos hombres, de muchos jóvenes, y particularmente de mujeres que hemos visto con verdadero regocijo cómo los electores supieron aprovechar la ocasión que nos presentaba el destino para que una de nosotras ocupara por primera vez la Presidencia después de 96 años de vida republicana.
La alternabilidad es una de las características de la democracia por la que debemos esforzarnos en hacer que prevalezca para beneficio de todos los que vivimos aquí; por ello exaltamos la sabiduría popular y el vertiginoso crecimiento de una cultura política como los elementos claves para abolir la reelección presidencial aquel 30 de agosto, igual que en esta ocasión se le dio cabida a otros sectores en la administración de la cosa pública, tal vez entre otras razones, por ese prurito manifiesto de considerarse algunos de los actuales gobernantes como los únicos herederos destinados a recibir el Canal el próximo 31 de diciembre, cuando todos sabemos que en la lucha por la reversión del mismo participó una pléyade de generaciones que dio su vida en aras de la soberanía en todo el territorio nacional.
Ahora que la señora Mireya es presidenta de todos, debe recibir el apoyo de los panameños y panameñas, si realmente deseamos que el nivel de gobernabilidad se incremente pese a una Asamblea Legislativa con mayoría de miembros opositores. Estamos convencidos que el deseo de servir prevalecerá en aquéllos que tienen siempre presente el beneficio del pueblo por encima de sus propios intereses. De allí que nos satisfaga sobremanera escuchar a la señora presidenta electa haciendo un llamado para conformar una Alianza de Unidad Nacional con la intención de integrarla, no sólo con los partidos que forman Unión por Panamá, sino con los de Nueva Nación y los de Acción Opositora, para dar soluciones concretas a los problemas de orden social, entre los que destacan salud y educación; a los de orden económico con el fin de rescatar la dignidad de nuestros productores y para minimizar entre todos el flagelo de la extrema pobreza. Amanecerá y veremos...
Para que la risa bíblica de Sara no se desdibuje de nuestro semblante tras el triunfo de Mireya, urge abrir el compás de concertación para atraer a quienes nos adversaron políticamente, dada la necesidad de administrar el país en beneficio de muchos y no de pocos, y peor aún, de los mismos de siempre. Los momentos de la retórica propia de los discursos electorales, donde cada grupo político sacó a relucir los "platos rotos" y los "trapos sucios" de nuestra cruda realidad con el propósito de vender la mejor oferta de solución, quedaron atrás, de manera que se haga efectiva la mejor disposición de la que todos hicieron gala para unirse al que ganó como consecuencia de la voluntad de la mayoría. Ello permitirá la reconstrucción entre todos de los baches sociales y financieros que indiscutiblemente deslucen aún la cara triste y sucia de nuestras comunidades, ávidas de la concreción de tales promesas. No se trata entonces de hacer oposición por hacerla; se trata de insertarse hipotéticamente hablando, en el trabajo continuo sin necesidad de perder la identidad de grupo beligerante tras las místicas adoptadas, aportando y también cuestionando constructivamente; se trata de ofrecer sugerencias que revelen el genuino amor que les inspira este sufrido pueblo.
Siempre hemos visualizado la política como un rejuego de ideas y de acciones cuyo propósito se extiende mucho más allá de alcanzar el poder; se trata de tener conciencia de la proyección que tiene el acto de servir y que dicho sea de paso, conlleva en sí la satisfacción propia y también el reconocimiento de la comunidad, puesto que se fundamenta en los principios de justicia social. Porque creemos en ello es por lo que incursionamos en la política, adoptando la mística del Partido Arnulfista, dado el tradicional y manifiesto celo de su doctrina en favor de los menos afortunados, y muy particularmente, por su clara visual del cambio que urge en todos los niveles del contexto nacional; estamos seguros que en esto coincidimos con muchos panameños.
Los grandes problemas que abundan en nuestro país, agigantados como están en proyección ascendente dadas las políticas neo-liberales aplicadas de manera acelerada en el mero corazón de la producción y de las instituciones de servicio público entre otras, requiere que se apliquen políticas urgentes tendientes a disminuir el nivel de pobreza crónica que se ha enquistado en grandes sectores populosos de nuestras ciudades y en el interior del país, huérfanos de sensibles niveles de humanidad. El Plan de Unión por Panamá, producto del aporte de un considerable número de panameños de diferentes sectores profesionales y sociales, contiene una serie de enunciados entre acciones y propuestas potables que, aplicadas paulatinamente unas y de inmediato otras, darán resultados atinados. Ello no significa que en su ejecución mediante su desglose en programas y proyectos, no pueden tener cabida otras innovaciones y propuestas a sugerencias de los diferentes grupos o actores sociales; es justamente la flexibilidad de este plan lo que habrá de permitir que se pueda modificar en función de mejoras para lograr sus metas a diversos plazos.
En este lapso, -no importa si se es empleado público, de empresa privada o independiente-, nada sería más beneficioso que poner a disposición en la medida de nuestras posibilidades, tanto el haber profesional como el tiempo, para contribuir por medio de las comisiones de transición, a consolidar mejor la democracia junto al nuevo gobierno, con la certeza que así también estamos haciendo Patria.
La alternabilidad es una de las características de la democracia por la que debemos esforzarnos en hacer que prevalezca para beneficio de todos los que vivimos aquí; por ello exaltamos la sabiduría popular y el vertiginoso crecimiento de una cultura política como los elementos claves para abolir la reelección presidencial aquel 30 de agosto, igual que en esta ocasión se le dio cabida a otros sectores en la administración de la cosa pública, tal vez entre otras razones, por ese prurito manifiesto de considerarse algunos de los actuales gobernantes como los únicos herederos destinados a recibir el Canal el próximo 31 de diciembre, cuando todos sabemos que en la lucha por la reversión del mismo participó una pléyade de generaciones que dio su vida en aras de la soberanía en todo el territorio nacional.
Ahora que la señora Mireya es presidenta de todos, debe recibir el apoyo de los panameños y panameñas, si realmente deseamos que el nivel de gobernabilidad se incremente pese a una Asamblea Legislativa con mayoría de miembros opositores. Estamos convencidos que el deseo de servir prevalecerá en aquéllos que tienen siempre presente el beneficio del pueblo por encima de sus propios intereses. De allí que nos satisfaga sobremanera escuchar a la señora presidenta electa haciendo un llamado para conformar una Alianza de Unidad Nacional con la intención de integrarla, no sólo con los partidos que forman Unión por Panamá, sino con los de Nueva Nación y los de Acción Opositora, para dar soluciones concretas a los problemas de orden social, entre los que destacan salud y educación; a los de orden económico con el fin de rescatar la dignidad de nuestros productores y para minimizar entre todos el flagelo de la extrema pobreza. Amanecerá y veremos...
Para que la risa bíblica de Sara no se desdibuje de nuestro semblante tras el triunfo de Mireya, urge abrir el compás de concertación para atraer a quienes nos adversaron políticamente, dada la necesidad de administrar el país en beneficio de muchos y no de pocos, y peor aún, de los mismos de siempre. Los momentos de la retórica propia de los discursos electorales, donde cada grupo político sacó a relucir los "platos rotos" y los "trapos sucios" de nuestra cruda realidad con el propósito de vender la mejor oferta de solución, quedaron atrás, de manera que se haga efectiva la mejor disposición de la que todos hicieron gala para unirse al que ganó como consecuencia de la voluntad de la mayoría. Ello permitirá la reconstrucción entre todos de los baches sociales y financieros que indiscutiblemente deslucen aún la cara triste y sucia de nuestras comunidades, ávidas de la concreción de tales promesas. No se trata entonces de hacer oposición por hacerla; se trata de insertarse hipotéticamente hablando, en el trabajo continuo sin necesidad de perder la identidad de grupo beligerante tras las místicas adoptadas, aportando y también cuestionando constructivamente; se trata de ofrecer sugerencias que revelen el genuino amor que les inspira este sufrido pueblo.
Siempre hemos visualizado la política como un rejuego de ideas y de acciones cuyo propósito se extiende mucho más allá de alcanzar el poder; se trata de tener conciencia de la proyección que tiene el acto de servir y que dicho sea de paso, conlleva en sí la satisfacción propia y también el reconocimiento de la comunidad, puesto que se fundamenta en los principios de justicia social. Porque creemos en ello es por lo que incursionamos en la política, adoptando la mística del Partido Arnulfista, dado el tradicional y manifiesto celo de su doctrina en favor de los menos afortunados, y muy particularmente, por su clara visual del cambio que urge en todos los niveles del contexto nacional; estamos seguros que en esto coincidimos con muchos panameños.
Los grandes problemas que abundan en nuestro país, agigantados como están en proyección ascendente dadas las políticas neo-liberales aplicadas de manera acelerada en el mero corazón de la producción y de las instituciones de servicio público entre otras, requiere que se apliquen políticas urgentes tendientes a disminuir el nivel de pobreza crónica que se ha enquistado en grandes sectores populosos de nuestras ciudades y en el interior del país, huérfanos de sensibles niveles de humanidad. El Plan de Unión por Panamá, producto del aporte de un considerable número de panameños de diferentes sectores profesionales y sociales, contiene una serie de enunciados entre acciones y propuestas potables que, aplicadas paulatinamente unas y de inmediato otras, darán resultados atinados. Ello no significa que en su ejecución mediante su desglose en programas y proyectos, no pueden tener cabida otras innovaciones y propuestas a sugerencias de los diferentes grupos o actores sociales; es justamente la flexibilidad de este plan lo que habrá de permitir que se pueda modificar en función de mejoras para lograr sus metas a diversos plazos.
En este lapso, -no importa si se es empleado público, de empresa privada o independiente-, nada sería más beneficioso que poner a disposición en la medida de nuestras posibilidades, tanto el haber profesional como el tiempo, para contribuir por medio de las comisiones de transición, a consolidar mejor la democracia junto al nuevo gobierno, con la certeza que así también estamos haciendo Patria.