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¡Ahora sí que comenzó!


Para corroborar lo que he venido diciendo desde hace bastante tiempo, lo acontecido el pasado domingo prueba que se cerró el período de las fintas y el boxeo de sombra, y que ahora es cuando comienza la verdadera campaña política. Todas las encuestas y sondeos que han saturado los medios, al igual que los pronósticos prematuros que nos han regalado los seudo expertos del patio, bien pueden echarse al basurero. Por lo pronto, creo que ha quedado demostrado que el candidato de la alianza oficial tiene la fuerza y la organización necesarias para alcanzar el poder en las elecciones de mayo 2004.
La concentración del pasado domingo, aunque sus adversarios traten de restarle importancia, debe haberlos llenado de preocupaciones, y con justificada razón. Los estimados más conservadores calculan que sobrepasó las cien mil personas. Si se tiene en cuenta que apenas fue la primera demostración de fuerza que hace la alianza de gobierno, con toda seguridad, a medida que aumente la intensidad de la campaña, veremos otras de mayores proporciones. Los tres partidos que respaldan a José Miguel Alemán comprobaron su capacidad de organización y movilización.
A partir de ahora las cosas tomarán otro cariz. El discurso político subirá de intensidad y, también, proliferarán las acusaciones y los infundios. Por ejemplo, varios miembros del PRD, algunos muy notorios, en una reacción absurda que más parece producto de miedo, han echado a rodar la especie de supuestas acciones encaminadas a distorsionar la voluntad popular. Bien saben ellos que en la etapa que vive la democracia panameña, en la que el control de las elecciones lo tiene el Tribunal Electoral, que es independiente, no existe la posibilidad de fraudes electorales. Inventar, sin pruebas, supuestos fraudes, que saben imposibles, no le queda bien a ningún candidato.
Esos mismos críticos, además, objetan el papel que la presidenta Moscoso ha decidido jugar en la campaña. En este aspecto son evidentes las contradicciones. El principal candidato de oposición y su partido han montado su campaña sobre la acusación de que el gobierno ha fracasado y que, por tanto, el candidato arnulfista sería el continuador de ese fracaso. Para ser consistentes con su argumento, debieran alegrarse de que la presidenta Moscoso le demuestre su apoyo. Por ello, su reacción es absurda y contradictoria y, nuevamente, más parece reflejo de miedo.
En un artículo anterior, publicado inmediatamente después de la convención de Penonomé, en la que el Partido Arnulfista postuló a José Miguel Alemán, puse el ejemplo de lo que ocurre en los Estados Unidos, donde el presidente en funciones hace campaña abierta a favor de los candidatos de su partido, participando directamente en la recolección de fondos para ayudarlos. Y nadie ha dicho que esa conducta sea antidemocrática.
En Panamá, también debiéramos entender que quien ejerce la Presidencia de la República tiene el derecho y la obligación de promover a los candidatos que representan la continuación de su proyecto político. Sería absurdo pedirle que los abandone a su suerte. Los límites dentro de los cuales puede hacer campaña la señora Presidenta están claros en la Ley. Y mientras se mantenga dentro de ellos está ejerciendo su derecho y, en mi opinión, su deber.

101 años de Panamá América

 
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