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Ahora trabajo en el gobierno


En un cercano país gobernado por un General, ocurrió la siguiente historia: En uno de los llamados patrullajes domésticos del Comandante conoció a un anciano señor, que vivía solo en una apartada región montañosa. Al todopoderoso militar le llamó la atención que en la finca de aquel viejo había más de cien gallinas ponedoras, a lo que le pregunta el General: ¿Cuántos gallos tiene usted aquí abuelo?. Y la respuesta del entrado en años fue: "Uno, y las pisa a todas antes de las diez de la mañana, y por la tarde también, sí el solito vea".
El dueño de la nación, quiso para su finca el gallo del vejete, a lo que este último respondió: "A no yo no lo vendo, no, por na" del mundo, no lo vendo seño". Sonreído, pero con el orgullo herido por lo incumplido de su deseo, regresa el General a la comandancia, no hizo más que sentarse en su palacete policíaco y de inmediato llamó a dos de su fieles Coroneles, a los que les ordenó la misión de buscar el superdotado gallo de aquel anciano que se había atrevido a no cederle, y les advirtió que no se les ocurriera no cumplir con su deseo, costara lo que costara, pero sin pagar un solo centavo. Lo que le sucedió al viejo expropietario del plumífero padrote de las cien gallinas, nadie lo sabe, ni lo sabrá jamás. Para al día siguiente, la finca de gallinas ponedoras del mandamás criollo contaba con un nuevo inquilino, y los otros gallos fueron exiliados por orden del General a diferentes ollas y pailas cercanas, pues según se pintaba, no harían falta. El jefe de jefes dio a sus lugartenientes la siguiente orden: "Vigilen a este gallo, que él pisa cien gallinas antes de las diez de la mañana, y quiero comprobar si es verdad".
Ya en su nuevo hogar, el rey del gallinero bajó como de costumbre del árbol donde durmió a la vista de los espías del militar y en una hora había pisado a casi cuarenta gallinas; bostezó, y se fue a echar a la sombra de un palo de mamón. Los oficiales pensando que si el gallo no cumplía lo solicitado por el General a ellos sus puestos y quizás algo más corrían peligro, por lo que se acercaron al gallardo plumífero y le dijeron: ¿"Qué te pasa, sigue pisando gallinas. Tú allá donde el viejo, pisabas a cien antes de las diez, mueve, ahora estás echado y no vas por la mitad siquiera?" A todo esto, el gallo sin levantarse contestó: Un momento eso era allá que era la empresa privada, ahora trabajo en el gobierno y tengo que cogerla suave". Cualquier parecido al país donde usted está leyendo esto es mera coincidencia.

101 años de Panamá América

 
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