Ahora...¿A sacarnos lo que tenemos de gringos?
Durante los actos de transferencia del Canal, celebrados el 31 de diciembre, pude escuchar a un conocido profesional declarar más o menos lo siguiente: "¡Ya hemos logrado lo fácil, que fue sacar a los yankis del país, ahora viene lo más difícil...sacarnos de dentro lo que tenemos de gringos!"
Como se trata de un profesional a quien considero honesto, aunque equivocado en su apreciación, he estimado oportuno el presente análisis de la noticia. Incluso, estoy seguro de que esa apreciación suya es compartida por muchas personas no sólo en Panamá, pues también se encuentra funestamente enquistada en Hispanoamérica.
El antiyanquismo es tan común hoy, en gran parte producto de los atípicos "zonians", como lo fue ayer el repudiar todo lo español, como resultado de los 300 años de colonialismo. Esto, por demás, me hace recordar dos anécdotas. Primera, la de un "caballero" de Richmond, Virginia, (ex-capital de los estados sureños esclavistas durante la guerra civil norteamericana) quien en mi presencia amenazaba a su esposa con un divorcio "para que entonces pudiera casarse con uno de esos yankis ordinarios del Norte de la Unión". Y segunda, la del profesor universitario español que al despedirse en el aeropuerto de Ciudad de México, tras larga visita, dijo: "Uds. me han ofendido y hasta injuriado por lo ocurrido con Hernán Cortés, pero lo han hecho en el idioma español, no en nauac, el idioma de los aztecas".
Por favor, que el odio a Estados Unidos no nos lleve a repudiar el idioma ni a crear un casi insuperable "bloqueo" mental en nuestra juventud, que necesita esa lengua no sólo para el comercio internacional, sino también para cursar estudios de post-grado en las mejores técnicas médicas y avances científicos y tecnológicos de todo tipo.
Cuidado con despreciar las computadoras inventadas y desarrolladas en Norteamérica, si es que de veras estamos de cara al Siglo XXI. ¿Acaso daremos la espalda a la unidad monetaria que hace posible y respalda la dinámica economía norteña, que ha funcionado virtualmente sin desempleo? ¿Qué decir de un país que no sólo trata de garantizar la educación primaria, sino que también la secundaria y los primeros dos años de universidad a toda su población? Tampoco sería constructivo repudiar la cultura greco-latina durante ni después de los muchos siglos de dominación romana.
Los Estados Unidos es una nación con numerosos aspectos positivos y negativos (sobre todo en su política exterior), como otros posibles modelos de Europa, por mencionar únicamente al Viejo Continente. Sin embargo, ese país-continente guarda muchas de las características de un Estado creado por inmigrantes pobres-que continúa recibiendo personas sumamente humildes y hasta ilegales analfabetos de todos los confines del Globo.
A pesar de la ola anti-inmigratoria que hoy vive ese país y las numerosas limitaciones que sufren al principio, muy pocas veces esas personas modestas están dispuestas a regresar a sus países de origen. Entre estas limitaciones está, por ejemplo, la poca atención médica y sólo en caso de emergencia, a aquéllos que carecen de un seguro médico. Con todo, se trata de quienes consideran posible para ellos - y sobre todo sus hijos - el logro del llamado sueño americano, como inextinguible llama de esperanza en un mundo de oportunidades.
Como panameños, debemos sentir orgullo de nuestro carácter acogedor, pero sobre todo de nuestros enfoques universalistas y no limitados ni prejuiciados por su procedencia. Aprendamos a admirar lo mucho positivo que existe en los diversos pueblos y culturas. Continuemos, pues, con los brazos abiertos a la heterogénea y esforzada inmigración, pero eso sí, tratemos con severidad e incluso expulsión a aquellos que llegan a nuestro suelo patrio a pelechar y a burlar nuestras leyes.
Amigo lector: si este artículo te parece defensivo de los Estados Unidos, su enfoque y análisis noticioso se justifica por lo que estimo poca objetividad en el ataque que le dio origen.
Nota: Dedico esta contribución a mi ex-socio, Dr. Jorge F. Boyd H., y su apreciada familia, en señal de mi más alta consideración.
Como se trata de un profesional a quien considero honesto, aunque equivocado en su apreciación, he estimado oportuno el presente análisis de la noticia. Incluso, estoy seguro de que esa apreciación suya es compartida por muchas personas no sólo en Panamá, pues también se encuentra funestamente enquistada en Hispanoamérica.
El antiyanquismo es tan común hoy, en gran parte producto de los atípicos "zonians", como lo fue ayer el repudiar todo lo español, como resultado de los 300 años de colonialismo. Esto, por demás, me hace recordar dos anécdotas. Primera, la de un "caballero" de Richmond, Virginia, (ex-capital de los estados sureños esclavistas durante la guerra civil norteamericana) quien en mi presencia amenazaba a su esposa con un divorcio "para que entonces pudiera casarse con uno de esos yankis ordinarios del Norte de la Unión". Y segunda, la del profesor universitario español que al despedirse en el aeropuerto de Ciudad de México, tras larga visita, dijo: "Uds. me han ofendido y hasta injuriado por lo ocurrido con Hernán Cortés, pero lo han hecho en el idioma español, no en nauac, el idioma de los aztecas".
Por favor, que el odio a Estados Unidos no nos lleve a repudiar el idioma ni a crear un casi insuperable "bloqueo" mental en nuestra juventud, que necesita esa lengua no sólo para el comercio internacional, sino también para cursar estudios de post-grado en las mejores técnicas médicas y avances científicos y tecnológicos de todo tipo.
Cuidado con despreciar las computadoras inventadas y desarrolladas en Norteamérica, si es que de veras estamos de cara al Siglo XXI. ¿Acaso daremos la espalda a la unidad monetaria que hace posible y respalda la dinámica economía norteña, que ha funcionado virtualmente sin desempleo? ¿Qué decir de un país que no sólo trata de garantizar la educación primaria, sino que también la secundaria y los primeros dos años de universidad a toda su población? Tampoco sería constructivo repudiar la cultura greco-latina durante ni después de los muchos siglos de dominación romana.
Los Estados Unidos es una nación con numerosos aspectos positivos y negativos (sobre todo en su política exterior), como otros posibles modelos de Europa, por mencionar únicamente al Viejo Continente. Sin embargo, ese país-continente guarda muchas de las características de un Estado creado por inmigrantes pobres-que continúa recibiendo personas sumamente humildes y hasta ilegales analfabetos de todos los confines del Globo.
A pesar de la ola anti-inmigratoria que hoy vive ese país y las numerosas limitaciones que sufren al principio, muy pocas veces esas personas modestas están dispuestas a regresar a sus países de origen. Entre estas limitaciones está, por ejemplo, la poca atención médica y sólo en caso de emergencia, a aquéllos que carecen de un seguro médico. Con todo, se trata de quienes consideran posible para ellos - y sobre todo sus hijos - el logro del llamado sueño americano, como inextinguible llama de esperanza en un mundo de oportunidades.
Como panameños, debemos sentir orgullo de nuestro carácter acogedor, pero sobre todo de nuestros enfoques universalistas y no limitados ni prejuiciados por su procedencia. Aprendamos a admirar lo mucho positivo que existe en los diversos pueblos y culturas. Continuemos, pues, con los brazos abiertos a la heterogénea y esforzada inmigración, pero eso sí, tratemos con severidad e incluso expulsión a aquellos que llegan a nuestro suelo patrio a pelechar y a burlar nuestras leyes.
Amigo lector: si este artículo te parece defensivo de los Estados Unidos, su enfoque y análisis noticioso se justifica por lo que estimo poca objetividad en el ataque que le dio origen.
Nota: Dedico esta contribución a mi ex-socio, Dr. Jorge F. Boyd H., y su apreciada familia, en señal de mi más alta consideración.