Ajenjo está aquí
Dice el Apocalipsis que una gran estrella cayó sobre la tercera parte de los ríos y sobre las fuentes de las aguas. "Y el nombre de la estrella es Ajenjo. Y la tercera parte de las aguas se convirtió en ajenjo; y muchos hombres murieron a causa de esas aguas, porque se hicieron amargas". (Ap. 8:11).
Hace siete años la Asamblea General de las Naciones Unidas declaró que cada año, el 22 de marzo sería denominado Día Mundial del Agua, y desde entonces, las aguas continúan pudriéndose.
Este escrito pareciera apocalíptico, pero eso usted lo decidirá. Lo cierto es que las recientes manifestaciones violentas en torno a la privatización o concesión administrativa del IDAAN, dejan claro lo que antes visionarios y analistas habían pronosticado en cuanto a que "las causas de muchos conflictos bélicos durante el siglo que está por terminar fue el petróleo, pero se vaticina que para el próximo siglo las guerras serán por el agua".
Al respecto la revista "Despertad", del 22 de junio de 1996, apunta que "las guerras del próximo siglo se deberán al agua, advierte Ismail Serageldin, vicepresidente ambiental del Banco Mundial. Según Serageldin, ya hay 80 países que sufren una escasez de agua que amenaza la salud y la economía".
El agua dulce con que cuenta el planeta es suficiente para solucionar todas las necesidades de la humanidad. El problema es nuestro comportamiento hacia ese recurso de vida que Dios nos dejó. A medida que la población crece, crece la necesidad de agua y paralelo a ello crece la necesidad de alimento, que a su vez conlleva una cantidad de agua cada vez mayor para su producción.
Nosotros nos jactábamos de contar con ríos de aguas cristalinas que eran la envidia de otras naciones, pero, hoy vemos cómo esas fuentes naturales de agua son contaminadas de forma individual y colectiva por nosotros mismos. A esto hay que agregar la inconsciencia de muchos ciudadanos que desperdician cada día cantidades de este elemento.
Los ríos que están cerca de nuestra urbe son prácticamente alcantarillas a cielo abierto. No es sólo de Panamá, la Organización Mundial de la Salud informa que cada ocho segundos muere un niño por una enfermedad relacionada con el agua. Recordemos la recién epidemia de cólera que vivió nuestra América.
Si las autoridades multaran a quienes ensucian y destruyen los ríos, ese dinero se podría invertir en el tratamiento de las aguas servidas. No podemos dejar de mencionar a los proyectos mineros y su relación directa con la contaminación de fuentes de agua.
Durante estos días de verano, el Ajenjo llega a nuestros ríos en buses de paseos y autos particulares, al igual que a las costas y playas del país. Por otro lado, "el Ministerio de Salud ha invertido millones de balboas en instalaciones que permiten mejorar la vigilancia de la calidad del agua" (El Universal, 24 de febrero del 2000, página C-6), pero más que invertir en vigilar la calidad del agua, hay que invertir en mejorar la calidad humana, pues hombres y mujeres se han convertido en Ajenjos de nuestras aguas.
La batalla en este momento no debe ser por la privatización, concesión administrativa y algo similar, pues de nada valdría cualquier inversión, sea gubernamental o privada si continuamos con el comportamiento envenenador del medio ambiente.
Por si Dios "da lluvia sobre la superficie de la Tierra y envía aguas sobre los campos rasos" (Job 5:10), entonces nosotros debemos respetar esa voluntad divina cuidando tan preciado líquido, ya que las lluvias también se tornan, por culpa del hombre, en peligrosas, hablamos de las llamadas lluvias ácidas.
El papelito donde estaba envuelto el caramelo que dio a su hijo y es tirado al piso, el recipiente de la bebida, las bolsas y todo desperdicio que no sea orgánico, contribuyen a que nos encontremos cada día más distantes de evitar un posible combate bélico por el agua.
La deforestación y la deficiente planificación de las urbanizaciones, al igual que el apetito desmedido de los poderosos, llevan, como dice la revista The Economist, a "tratar el agua como un recurso valioso, como el petróleo y no gratis como el aire".
Es por ello que debemos unir nuestros esfuerzos en rescatar nuestros ríos y convertirnos en un recurso que pueda abastecer a esas naciones que ya no cuentan con agua, y cada vez que compre una botella de agua pura y cristalina recuerde que Ajenjo está aquí.
Hace siete años la Asamblea General de las Naciones Unidas declaró que cada año, el 22 de marzo sería denominado Día Mundial del Agua, y desde entonces, las aguas continúan pudriéndose.
Este escrito pareciera apocalíptico, pero eso usted lo decidirá. Lo cierto es que las recientes manifestaciones violentas en torno a la privatización o concesión administrativa del IDAAN, dejan claro lo que antes visionarios y analistas habían pronosticado en cuanto a que "las causas de muchos conflictos bélicos durante el siglo que está por terminar fue el petróleo, pero se vaticina que para el próximo siglo las guerras serán por el agua".
Al respecto la revista "Despertad", del 22 de junio de 1996, apunta que "las guerras del próximo siglo se deberán al agua, advierte Ismail Serageldin, vicepresidente ambiental del Banco Mundial. Según Serageldin, ya hay 80 países que sufren una escasez de agua que amenaza la salud y la economía".
El agua dulce con que cuenta el planeta es suficiente para solucionar todas las necesidades de la humanidad. El problema es nuestro comportamiento hacia ese recurso de vida que Dios nos dejó. A medida que la población crece, crece la necesidad de agua y paralelo a ello crece la necesidad de alimento, que a su vez conlleva una cantidad de agua cada vez mayor para su producción.
Nosotros nos jactábamos de contar con ríos de aguas cristalinas que eran la envidia de otras naciones, pero, hoy vemos cómo esas fuentes naturales de agua son contaminadas de forma individual y colectiva por nosotros mismos. A esto hay que agregar la inconsciencia de muchos ciudadanos que desperdician cada día cantidades de este elemento.
Los ríos que están cerca de nuestra urbe son prácticamente alcantarillas a cielo abierto. No es sólo de Panamá, la Organización Mundial de la Salud informa que cada ocho segundos muere un niño por una enfermedad relacionada con el agua. Recordemos la recién epidemia de cólera que vivió nuestra América.
Si las autoridades multaran a quienes ensucian y destruyen los ríos, ese dinero se podría invertir en el tratamiento de las aguas servidas. No podemos dejar de mencionar a los proyectos mineros y su relación directa con la contaminación de fuentes de agua.
Durante estos días de verano, el Ajenjo llega a nuestros ríos en buses de paseos y autos particulares, al igual que a las costas y playas del país. Por otro lado, "el Ministerio de Salud ha invertido millones de balboas en instalaciones que permiten mejorar la vigilancia de la calidad del agua" (El Universal, 24 de febrero del 2000, página C-6), pero más que invertir en vigilar la calidad del agua, hay que invertir en mejorar la calidad humana, pues hombres y mujeres se han convertido en Ajenjos de nuestras aguas.
La batalla en este momento no debe ser por la privatización, concesión administrativa y algo similar, pues de nada valdría cualquier inversión, sea gubernamental o privada si continuamos con el comportamiento envenenador del medio ambiente.
Por si Dios "da lluvia sobre la superficie de la Tierra y envía aguas sobre los campos rasos" (Job 5:10), entonces nosotros debemos respetar esa voluntad divina cuidando tan preciado líquido, ya que las lluvias también se tornan, por culpa del hombre, en peligrosas, hablamos de las llamadas lluvias ácidas.
El papelito donde estaba envuelto el caramelo que dio a su hijo y es tirado al piso, el recipiente de la bebida, las bolsas y todo desperdicio que no sea orgánico, contribuyen a que nos encontremos cada día más distantes de evitar un posible combate bélico por el agua.
La deforestación y la deficiente planificación de las urbanizaciones, al igual que el apetito desmedido de los poderosos, llevan, como dice la revista The Economist, a "tratar el agua como un recurso valioso, como el petróleo y no gratis como el aire".
Es por ello que debemos unir nuestros esfuerzos en rescatar nuestros ríos y convertirnos en un recurso que pueda abastecer a esas naciones que ya no cuentan con agua, y cada vez que compre una botella de agua pura y cristalina recuerde que Ajenjo está aquí.