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Al caer los años


Pareciera que por falta de previsión de algunos gobiernos anteriores, los mayores de edad estamos al borde de un argentinazo y corremos el riesgo de llegar a la ventanilla del correo la próxima quincena y se nos informe que no hay cheque de jubilado. Sólo de pensar en esa posibilidad, tiemblo porque mal que bien, me ayuda. En la nueva ley se nos dice que nos subirán diez balboas, pero no han cambiado el sistema de jubilación para que los que vienen no carezcan de ella y nosotros tampoco. Han variado las paramétricas, pero no el fondo del problema. Un engaño más de este gobierno que no afronta las situaciones con valentía sino con la fuerza de un poder que cree tener.
Me pregunto hasta cuándo se dejarán de solucionar los males que nos aquejan a los que pasamos de 50 años (por decir lo mejor). Todos sabemos que una persona que llega a esa edad no consigue trabajo o es botada del que tiene. Los actuales patrones prefieren indemnizarlos a sostenerlos. A veces porque quieren a los jóvenes que les pagan menos; otras veces dicen que los viejos no dominan la tecnología moderna sin tratar de enseñarla y hacer el esfuerzo para que la aprendan. Es inconcebible que los grandes empresarios de este país desprecien la experiencia de los mayores para emplear a jovencitos y jovencitas maleducados, ineptos y sin preparación alguna, que le hacen daño a los negocios con su comportamiento.
Cuando los mayores opinamos, en vez de ponernos atención, descartan nuestras opiniones y nuestra experiencia porque los jóvenes creen tener al diablo agarrado por los cachos. En países más avanzados, las empresas aprovechan la experiencia de los que llevan gran camino recorrido y escuchan sus consejos. En Panamá tenemos un joven presidente que ha demostrado no estar capacitado para gobernar; lo rodea una serie de jóvenes novatos que podrán manejar bien las computadoras, pero de política no saben nada y, señores, gobernar es de políticos y no de tecnócratas. Ni siquiera han podido aconsejar a su jefe en esta crisis, porque ellos mismos no saben por dónde andan ni para dónde van. ¡No! Se necesita la experiencia de un sabido para llevar un país. Gobernar no es soplar y hacer botellas. Gobernar es de expertos políticos con voluntad, con experiencia y sabiduría que dan los andares de la vida.
Vuelvo a preguntarme, dónde quedamos los viejos y mayores sin esperanza en el futuro, con una empresa privada llena de ambiciones juveniles y desprecio por los que sabemos. Cometen un error igual que en los partidos políticos que no quieren escuchar a los viejos. Se equivocan cuando creen que saben más que tío conejo y olvidan que están empezando a aprender y que, cuando ellos van, nosotros venimos de vuelta. Un país no se hace grande menospreciando a los que han vivido ni a los que tienen mucho que decir; un país se engrandece cuando se escucha, cuando se aprende la historia para no repetir los errores y cuando se utilizan los medios ya trillados para no intentar inventar el agua tibia porque pueden quemarse.
Se necesita ser ignorante para no dar importancia a la sabiduría. Nuestros campesinos triunfan por ella; la tienen innata y la aplican. Yo he llegado donde estoy porque escuché a los mayores, los quise y los respeté. Pero, así como vamos llegaremos al despeñadero y nadie nos levantará. Sólo tenemos que seguir ejemplos; colocar nuestra mente en donde debe estar, olvidar la prepotencia y saber que nosotros estamos siempre dispuestos a enseñar lo aprendido y a darles la oportunidad de que triunfen con nuestra historia. Ojalá que los jóvenes no olviden que, de llegar a viejos, deben darse por muy satisfechos y que nos traten como ellos quisieran serlo más adelante. Nuestro país está lleno de gente adulta, despreciada, olvidada y aprovechada tan sólo cuando nos necesitan. Está llena de adultos que necesitan tanto cariño y amor como sucede con los jóvenes y que somos tan productivos como ellos. Aprovechen nuestro deseo de servir, pero no de que nos echen a un lado y verán los resultados futuros.
marisin@movistar.com.pa
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101 años de Panamá América

 
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