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Al Gore y su retórica de fin de mundo


Boston (AIPE)- La alarma ocasionada por el supuesto recalentamiento global se está derritiendo mucho más rápidamente que el hielo en los picos del Himalaya. Pero el alarmismo de Al Gore no disminuye. En un reciente artículo publicado en el New York Times, el ex vicepresidente de Estados Unidos nos advirtió sobre las amenazas del recalentamiento: “una calamidad inimaginable que requiere profundas precauciones”. Pero no menciona su interés financiero y personal en que se instrumenten las medidas que propone. Gore ha realizado grandes inversiones en vehículos eléctricos y en otras empresas que se beneficiarían de toda legislación contra el consumo de gasolina y de otros combustibles fósiles para la generación de electricidad.

Con “contaminación que recalienta”, Gore se refiere al dióxido de carbono (CO2), el cual es tan “contaminante” como lo puede ser el oxígeno y el agua, pero la vida humana sería imposible sin todos ellos. CO2 es esencial para la fotosíntesis, el proceso que mantiene vivas las plantas y genera el oxígeno que los seres humanos y los animales inhalan. Desde luego que dióxido de carbono también contribuye al efecto invernadero que mantiene la temperatura de la Tierra. Pero la mayor parte del CO2 ocurre de manera natural y nada nos indica que el dióxido de carbono emitido por las fábricas e industrias tiene algún impacto negativo en el clima.

Pero nada de eso lo toma en cuenta Al Gore. La buena noticia es que cada día menos gente cree lo que él dice, como tampoco en su insistencia en lograr mayor intervención y mayor control gubernamental para evitar ese supuesto recalentamiento.

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