Al oído de la Sra. Presidenta
Debo iniciar por comentar que resulta halagador el futuro que tiene Panamá como puerto alterno para los cruceros que atraviesan el Canal de Panamá. Cada vez son más los que lo hacen y me han comentado que hay veces que hasta cuatro atracan al día. Este ha sido un viejo anhelo y no es sino hasta ahora, con esta administración, que ha cuajado. Panamá, según tenemos entendido, en el acuerdo celebrado con los cruceros tiene que pagar a éstos una cantidad determinada de dinero, por cada pasajero y tripulante que baja en puerto panameño, pero ante el potencial de gasto que representa cada turista, es todo un negocio favorable para el país. Hay que congratular a la presente administración por el logro de esta tan acariciada pretensión y que hoy día representa un ingreso anual bruto para el comercio de Panamá de unos 25 millones de balboas, con tendencia a incrementar.
Pero los esfuerzos panameños no deben cesar allí. Debe tratarse también de extender el turismo corporativo, o sea el turismo procedente de convenciones, congresos e incentivos. Panamá ha sido objeto de toda clase de requerimientos de EE.UU., plasmados en diferentes acuerdos que se han firmado y otros por firmar, en beneficio exclusivo de esa nación norteña, sin embargo no se ha observado ninguna concesión que hayamos recibido a cambio, lo que denota una tremenda mezquindad de EE.UU., o la falta absoluta de interés de los gobiernos de exigir medidas retributivas que beneficien la economía nacional.
Nos estamos refiriendo, por ejemplo, al Tax Reform Act de 1976, sección 602, la última ley que el ex presidente de Estados Unidos, Gerald Ford, firmó antes de terminar su mandato y que trata sobre la deducción del impuesto sobre la renta de todos los gastos que los ciudadanos estadounidenses incurran al atender convenciones, reuniones de corporaciones, viajes de incentivo, congresos y cualquier otro tipo de reuniones, fuera de USA y sus posesiones y el conocido "Trust Territory of the Pacific". Esta ley comenzó a regir desde 1977 y tanto México como Canadá, sus dos países vecinos, protestaron enérgicamente y enseguida el gobierno estadounidense los incluyó en la mencionada ley. Después fue incluida Jamaica como "premio", por haberse convertido en una nación democrática y los demás países del Caribe y Costa Rica, quedando Panamá excluida por no acceder al levantamiento del secreto bancario.
Panamá ha colaborado con Estados Unidos en cuantas acciones se requieren en la lucha contra la droga, lavado de dinero, tráfico ilegal de armas, etc. Recientemente firmó un convenio que ha sido considerado por muchos como humillante y lesivo a la soberanía para enfrentar el narcotráfico, refrendado por el Ministro de Gobierno y Justicia y en cambio no hemos sido correspondidos por USA. Somos socios sólo en lo que a ellos les conviene, pero en lo que a la República de Panamá se refiere reina la más grande de las mezquindades.
Muchos se preguntarán de cuánto estamos hablando en lo referente al beneficio que podríamos percibir en caso de que Panamá sea incorporado dentro del grupo de países que hoy gozan de este privilegio. Estamos hablando, de acuerdo con investigación realizada por Successful Meetings, de un mercado nada menos que de 112.7 billones de dólares al año, a nivel interno y externo de EE.UU. De esta cantidad el 39%, aproximadamente 44 billones de dólares, son gastados fuera de EE.UU. en concepto de convenciones, lo que sin duda produce un muy favorable impacto en los países beneficiados. Entonces tenemos que el no estar Panamá incluida en la lista de los beneficiados no sólo nos excluye de este beneficio, sino que además nos coloca en total desventaja en la feroz competencia que existe en el Caribe por atraer el turismo. ¿Tanto suscribir Panamá convenios con USA para lograr en retribución este trato displicente de EE.UU.? ¡De ninguna manera!
Para que tengamos una idea de la magnitud que representa el turismo nacional en cuanto a empleomanía se refiere, tenemos que sin estar Panamá incluido en el Tax Reform Act de 1976, section 602, seis mil ochocientos cuatro (6,804) panameños trabajan en hoteles y cuatro mil ochocientos dos (4,802) trabajan en restaurantes lo que da un total de once mil seiscientos seis (11,606) panameños. A esto tenemos que agregarle cuatro mil ochocientos treinta y seis (4,836) panameños que trabajan en otras actividades relacionadas con el turismo como agencias de viajes, alquiler de autos, líneas aéreas, etc., lo que arroja un gran total de dieciséis mil cuatrocientos cuarenta y dos (16,442) trabajadores panameños que directamente reciben sustento del turismo, según estadísticas de 1998. A esta cantidad tenemos que agregarle cuarenta mil seiscientos cuarenta y siete (40,647) panameños que indirectamente devengan ingresos del turismo lo que nos da un gran total de cincuenta y siete mil ochenta y nueve ( 57,089) panameños.
Creo que EE.UU. está en deuda con Panamá, pero si los panameños no nos ponemos las pilas y exigimos, tratarán de pasar agachados como lo han hecho hasta el presente.
(egrimal@cableonda.net)
Pero los esfuerzos panameños no deben cesar allí. Debe tratarse también de extender el turismo corporativo, o sea el turismo procedente de convenciones, congresos e incentivos. Panamá ha sido objeto de toda clase de requerimientos de EE.UU., plasmados en diferentes acuerdos que se han firmado y otros por firmar, en beneficio exclusivo de esa nación norteña, sin embargo no se ha observado ninguna concesión que hayamos recibido a cambio, lo que denota una tremenda mezquindad de EE.UU., o la falta absoluta de interés de los gobiernos de exigir medidas retributivas que beneficien la economía nacional.
Nos estamos refiriendo, por ejemplo, al Tax Reform Act de 1976, sección 602, la última ley que el ex presidente de Estados Unidos, Gerald Ford, firmó antes de terminar su mandato y que trata sobre la deducción del impuesto sobre la renta de todos los gastos que los ciudadanos estadounidenses incurran al atender convenciones, reuniones de corporaciones, viajes de incentivo, congresos y cualquier otro tipo de reuniones, fuera de USA y sus posesiones y el conocido "Trust Territory of the Pacific". Esta ley comenzó a regir desde 1977 y tanto México como Canadá, sus dos países vecinos, protestaron enérgicamente y enseguida el gobierno estadounidense los incluyó en la mencionada ley. Después fue incluida Jamaica como "premio", por haberse convertido en una nación democrática y los demás países del Caribe y Costa Rica, quedando Panamá excluida por no acceder al levantamiento del secreto bancario.
Panamá ha colaborado con Estados Unidos en cuantas acciones se requieren en la lucha contra la droga, lavado de dinero, tráfico ilegal de armas, etc. Recientemente firmó un convenio que ha sido considerado por muchos como humillante y lesivo a la soberanía para enfrentar el narcotráfico, refrendado por el Ministro de Gobierno y Justicia y en cambio no hemos sido correspondidos por USA. Somos socios sólo en lo que a ellos les conviene, pero en lo que a la República de Panamá se refiere reina la más grande de las mezquindades.
Muchos se preguntarán de cuánto estamos hablando en lo referente al beneficio que podríamos percibir en caso de que Panamá sea incorporado dentro del grupo de países que hoy gozan de este privilegio. Estamos hablando, de acuerdo con investigación realizada por Successful Meetings, de un mercado nada menos que de 112.7 billones de dólares al año, a nivel interno y externo de EE.UU. De esta cantidad el 39%, aproximadamente 44 billones de dólares, son gastados fuera de EE.UU. en concepto de convenciones, lo que sin duda produce un muy favorable impacto en los países beneficiados. Entonces tenemos que el no estar Panamá incluida en la lista de los beneficiados no sólo nos excluye de este beneficio, sino que además nos coloca en total desventaja en la feroz competencia que existe en el Caribe por atraer el turismo. ¿Tanto suscribir Panamá convenios con USA para lograr en retribución este trato displicente de EE.UU.? ¡De ninguna manera!
Para que tengamos una idea de la magnitud que representa el turismo nacional en cuanto a empleomanía se refiere, tenemos que sin estar Panamá incluido en el Tax Reform Act de 1976, section 602, seis mil ochocientos cuatro (6,804) panameños trabajan en hoteles y cuatro mil ochocientos dos (4,802) trabajan en restaurantes lo que da un total de once mil seiscientos seis (11,606) panameños. A esto tenemos que agregarle cuatro mil ochocientos treinta y seis (4,836) panameños que trabajan en otras actividades relacionadas con el turismo como agencias de viajes, alquiler de autos, líneas aéreas, etc., lo que arroja un gran total de dieciséis mil cuatrocientos cuarenta y dos (16,442) trabajadores panameños que directamente reciben sustento del turismo, según estadísticas de 1998. A esta cantidad tenemos que agregarle cuarenta mil seiscientos cuarenta y siete (40,647) panameños que indirectamente devengan ingresos del turismo lo que nos da un gran total de cincuenta y siete mil ochenta y nueve ( 57,089) panameños.
Creo que EE.UU. está en deuda con Panamá, pero si los panameños no nos ponemos las pilas y exigimos, tratarán de pasar agachados como lo han hecho hasta el presente.
(egrimal@cableonda.net)