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Al oído de los dirigentes magisteriales


El país necesita de hombres de una sola pieza, hombres íntegros que cuestionen los hechos, las acciones y la manera de andar de los que dirigen la cosa pública. Hombres con la suficiente entereza moral para formular críticas capaces de afectar e impactar al campesino, al ciudadano común, al funcionario más encopetado, al ministro, e inclusive, al que ocupa el solio presidencial. Sin embargo, es bueno aclarar que no se puede cuestionar por cuestionar, criticar por criticar. Cada comentario contra una acción determinada del gobierno, debe estar fundamentado en hechos reales, en pruebas fehacientes, en realidades concretas y no en verdades a medias.
No podemos hablar mal de ningún funcionario o contra cualquier acción que este emprenda, por el sólo hecho de hablar, sin medir el calibre de las palabras. Se debe ser responsable de lo que se dice, saber decirlo y sobre todo, estar seguros que lo que decimos se ajusta a la estricta verdad.
Frente a esta panorámica, me preocupa el accionar de algunos dirigentes magisteriales. Todo lo cuestionan, todo lo critican, sea malo o sea bueno, lo importante para ellos es siempre decir algo. No importa si lo que esgrimen es el más grande salvajismo, o la más pequeña y sutil mentira.
Para algunos connotados dirigentes de los educadores, se hace realidad aquella expresión "no estoy a favor ni en contra, si no todo lo contrario". Si no se les paga tiempo, se convierten en un mar de quejas, y si se les paga, también. Nunca quedan satisfechos con lo que les dicen, siempre ven fantasmas en cada movimiento de las autoridades. Se les habla en español, se les explica por escrito, se utilizan señas, se les habla frente a testigos; no obstante, siempre hay incredulidad en sus ojos. Para ellos, nunca las respuestas son satisfactorias, aunque se les cite a reuniones kilométricas de hasta cinco horas. Todo está oscuro al entrar, todo está claro al salir, pero al día siguiente, no recuerdan nada, perdón, sólo les viene a la mente lo que mejor saben hacer, oponerse a todo.
A mi juicio, el gobierno le ha enviado un mensaje claro y transparente. Se les quiere ayudar, se quiere orientar la educación por el mejor camino, el progreso. Pero se trata de empujar la carreta entre todos, y no de un solo lado. Se requiere confianza, olvidar las malas experiencias del pasado, todos los gobiernos no son iguales.
Hay que pensar en voz alta, en conjunto. Critiquen si no se reparan las escuelas, critiquen si la educación es deficiente, critiquen si se politizan los nombramientos, si los estudiantes no reciben la leche y la galleta nutricional. Pero no critiquen por mantenerse vigentes, no critiquen utilizando los medios de comunicación como trampolín político, para satisfacer ocultas aspiraciones. Dejemos de lado los intereses personales, demos vida a los intereses de la patria.
Ahora no es el momento para criticar. Es el tiempo para escuchar para aportar, proponer, innovar y fundamentalmente para trabajar por los casi 700 mil estudiantes del país.
Mi idea no es criticar a los dirigentes, pues incurriría en lo mismo que hoy cuestiono. Sólo busco hacerles un llamado a la cordura. Al pensamiento positivo y a la fe en el futuro.
Debemos ser optimistas, pensar que las cosas cambiarán, que el próximo año todos los educadores van a estar nombrados a tiempo, que la época de los nombramientos políticos terminó, que el sistema educativo panameño se encaminará hacia nuevos y positivos rumbos.
Señores, no se puede ir contra la corriente, sólo para probar lo bravía que es nuestra embarcación. Recuerden que lo que sembramos es lo que cosechamos, y el que siembra vientos, cosecha tempestades.
Sembremos acciones para la eternidad, sembremos confianza, justicia, equidad, trabajo e integridad para que las futuras generaciones puedan heredar el sistema educativo que todos soñamos.

101 años de Panamá América

 
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