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Al país le hace falta mas y mejor democracia


CLARO que democracia es mejor que dictadura, pero eso no libra a la democracia de algunos de los males que padece. Uno y muy importante es reducir a la democracia solo a su ámbito electoral, representativo y formal, y además construir deficientemente ese ámbito.
Así, en la democracia actual no se produce la división real de los poderes, los partidos partidos no son permeables a las demandas ciudadanas porque funcionan como maquinarias electorales eventuales, sin programas consistente y desconectadas de las propuestas sociales de la población; los poderes fácticos económicos ejercen influencias determinantes; el clientelismo, el autoritarismo, la corrupción y vicios similares siguen haciendo su agosto todos los meses del año.
Algunos y poderosos sectores afirman la vigencia de la Escuela Elitista de la democracia, según la cual la democracia moderna funciona mejor con niveles relativamente bajos de participación, ya que ello permite una mayor poder de las élites dirigentes pues altos niveles de participación podrían tener un efecto desestabilizador sobre el sistema político. Al decir de esta Escuela, la participación no es un instrumento para el logro del mayor bienestar colectivo, de modo que el objetivo a lograr puede ser alcanzado mejor mediante gobiernos formales y no participativos.
Esto se visualiza en la concepción de las políticas publicas "desde arriba", que connota un origen estrictamente institucional de la acción orientada a problemas públicos pues se privilegia el trabajo de los expertos y los decidores, y se excluye a los ciudadanos/as.
De lo que se trata entonces no es solo poner a funcionar a la democracia formal electoral como Dios manda, sino ir más allá. Primero recordando que lo público no es sinónimo de gobierno, sino también de ciudadanía. No reconocerlo es negar la base de la democracia que reconoce los marcos jurídicos, que es el pueblo - la ciudadanía - el origen, fuente y referencia sustantiva del poder.
Contrario a la escuela elitista, la Escuela de la Democracia Participativa, sostiene la necesidad de concebir la democracia, en su sentido moderno, como un proceso en el cual la medida del progreso hacia niveles más altos de democratización es precisamente el desarrollo de mecanismos participativos, que incrementen el poder de dirección y control de los gobernados sobre los gobernantes. No existe prueba fehaciente alguna de que una élite iluminada sea mejor garantía de un gobierno en función de los intereses de la mayoría, que las decisiones libremente expresadas de la propia mayoría.
En el caso de las políticas públicas, el enfoque es la construcción participativa en la que la población busca incidir en las decisiones acerca del tipo de gobierno que debe regir una sociedad, en la manera cómo se dirige al Estado en dicho país, o en decisiones específicas del gobierno que afectan a una comunidad o a sus miembros individuales.
Se trata de la cultivar una ciudadanía formada, crítica y madura que comprenda y asuma que todos y todas son sujetos de derechos y obligaciones. Para los gobiernos muchas veces la participación se reduce a involucrar a la gente en la ejecución de políticas definidas desde arriba, obstruyendo la posibilidad de participación en diversos grados incluso el decisional, en cambio para los movimientos ciudadanos la búsqueda de participación real es una de sus principales reinvindicaciones.
Cualquier sistema que no sea sosteniblemente fundamentado en un modelo participativo y transparente, se convierte en un esquema autoritario o sociedad de dominación que pervierte los objetivos enunciados por muy bellamente expresados que estén. Es innegable la necesidad de estrechar o anular la brecha entre el quehacer público y la ciudadanía. Sólo en la medida en que el ciudadano se considere parte del ciclo de políticas públicas tendrá la iniciativa de ser actor y fiscalizador.
Esto se manifiesta a través del empoderamiento ciudadano en el ejercicio participativo democrático en todas las esferas de la vida en democracia. La participación es la antítesis del autoritarismo que pregona una direccionalidad preestablecida, o del populismo que plantea el consentimiento de la gente sobre la base del paternalismo; o la visión estrecha neoliberal que pregona la participación individualista en un mercado concentrador de ingresos y excluyente de muchos grupos humana. Se trata del desarrollo de medios efectivos de rendición de cuentas, la auditoria y vigilancia ciudadana, y el combate serio a la corrupción son acciones indispensables de la consolidación de la democracia.
El propósito ciudadano es articular el buen funcionamiento de la democracia representativa con el crecimiento de la democracia participativa. Para ello la existencia de una sociedad civil crecientemente fuerte debe estar relacionada con un sistema político autónomo competitivo con partidos políticos democratizados, íntegros, permeables a las necesidades y aspiraciones de la población. A todo esto le podríamos llamar democracia radical, es decir la democracia que retoma sus raíces y su esencia participativa, y reclama sustantantivamente que el poder emana del pueblo.
El referendo de la ampliación debe ser visto no solo como espacio de decisión sobre este megaproyecto, sino más allá, como espacio de fortalecimiento de la democracia participativa. ¿Así está ocurriendo? ¿Existe las condiciones democráticas para que el debate sea real? ¿Saldremos de este ejercicio con un mayor nivel del conciencia pública en la población? Por el contrario, a excepción de espacios limitados, lo que sobresale es una batalla mediática, y poco énfasis en construir el voto informado y crítico en dirección al 22 de octubre.
(raulleisr@hotmail.com)

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