Al presidente electo
Un nuevo presidente de Panamá ha sido electo y muchos estarán deseando iniciar la cuenta regresiva de sus primeros 100 días de gestión para ver qué problemas nos resuelve. Ello lo asocio al hecho de que mis padres vinieron de estratos tan humildes que no lograron terminar secundaria, y estoy seguro que mi padre nunca le prometió a mi madre que en los primeros 100 días de matrimonio se educarían y resolverían sus problemas.
¿Por qué mi madre siguió a mi padre? ¿Por qué algunas mujeres siguen a su esposo hasta vivir en casas de cartón? La respuesta es credibilidad. Una mujer sigue a su hombre, aunque éste sólo le dé amor, trabaja duro y se “ajusta el cinturón” como ella y sus hijos lo hacen; y lo deja, no porque no le resuelve sus problemas, sino cuando la maltrata, la engaña o hace mal uso del poco dinero que se tiene.
Hago esa analogía, porque pienso que será la credibilidad la que le permitirá a este pueblo seguir a su presidente luego de sus primeros 100 días de mandato, particularmente porque ninguno de nuestros graves problemas se resolverá en ese tiempo. ¿Cómo lograrlo? Veamos algunas acciones, no necesariamente en orden de importancia.
En esos 100 días, me gustaría que el presidente no viaje a ceremonias reales, ni cumbres estériles y saque a Panamá del Parlamento Centroamericano. Desearía que sienta como nosotros el problema de la criminalidad, y ello lo podría lograr reduciendo el número de sus guardaespaldas en al menos 50%. Me haría sentir mejor si en el Palacio de las Garzas se va el agua todos lo días por algunas horas y si sus hijos asisten a escuelas públicas. No le pido que utilice los “diablos rojos”, pero sí quisiera que no haga uso de pasos expeditos cuando transita por la ciudad. ¡Aguántese los tranques!
Le pido que no regale dinero y elimine los subsidios y toda medida populista. Qué tal si le pide la renuncia a cualquiera de sus altos funcionarios que es acusado de asesinato, o si es responsable indirecto de una tragedia en la institución que dirige. Podría también reducir sus gastos de representación a un máximo de 15% de sus salarios. Observe que no me importa cuánto ganan. También le pido que en esos 100 días prometa que no dará indultos al final de su periodo.
Sobre los diputados, me conformaría si les eliminan sus prebendas inmorales y les descuentan los días que faltan a las sesiones; por mencionar sólo dos.
Resulta irónico que hay tantas cosas que en 100 días se podrían hacer sólo para lograr la credibilidad de este pueblo, sin que ello signifique la solución de sus problemas.